• Director: José Manuel Vidal
Opinión
Clase de Religión en Aragón Agencias
¿Por qué no nos dejan a los profesores de religión hacer el trabajo que tenemos encomendado? ¿Por qué esa tutela como si fuéramos menores de edad o incapacitados? ¿Quién se la ha pedido?

(Alfredo Sepúlveda).- Hace pocos días tuve ocasión de conocer que con fechas 18, 19 y 20 de abril de 2017, la Dirección General de Recursos Humanos de la Consejería de Educación e innovación de la Comunidad de Madrid, se reunió con las delegaciones diocesanas de Alcalá, Getafe y Madrid respectivamente, asistiendo en el mismo orden las Direcciones de Área Territorial Este y Norte (día 18), Sur, Oeste y Este (día 19) y Capital, Oeste y Norte (día 20).

La reunión, según consta en el documento al que tuve acceso, era para un trabajo conjunto con las delegaciones, para cerrar la propuesta conjunta sobre las adjudicaciones de vacantes del profesorado de religión, junto a los Servicios de Inspección Educativa de las Direcciones de Área Territorial y los Servicios Centrales de la Consejería de Educación, Juventud y Deporte.

Por supuesto, a las secciones sindicales representativas de este mismo profesorado de religión, no se les ha convocado de modo alguno; sólo se les envío un correo electrónico con lo que había decidido previamente RRHH y las DAT con las delegaciones diocesanas. A eso el Tribunal Superior de Justicia de Madrid, lo llama negociar.

Por otro lado, me ha llegado una información, del todo fiable, que afirma que las agrupaciones de primaria y secundaria de distintos niveles educativos (distintas edades, temarios, inquietudes del alumnado, etc.), están pactadas con las delegaciones diocesanas en las mencionadas reuniones.

También hay otro delegado, también de estos lares que, con dolo, esto es, con voluntad deliberada y a sabiendas, niega que la clase de religión sea una simple pero verdadera asignatura, pretendiendo angelizarla. Tampoco desea que los profesores de religión seamos trabajadores, y cree que los compañeros de religión nos tratamos como competidores, y que nuestra presencia en los colegios e institutos es un simple acuerdo social o político, siempre y cuando no nos guíe el Espíritu. ¡Dios mío, dónde estamos llegando!

¿Por qué las delegaciones nunca han informado de esas reuniones y de esos pactos contra natura? ¿Así defienden al profesorado de religión y a la asignatura? ¿Hay contrapartidas, cuáles son y a quién benefician? ¿Por qué no nos dejan hacer el trabajo que tenemos encomendado? ¿Por qué esa tutela como si fuéramos menores de edad o incapacitados? ¿Quién se la ha pedido?

Es obvio que cuando muchos de estos profesores de religión se dirigen a ellos, a las delegaciones, no saben qué decir o cómo actuar: "Eso decídselo a los sindicatos", os responden a muchos.

Todo esto nos recuerda a Pablo VI, que decía que "se debe admitir la función importante de los sindicatos: tienen por objeto la representación de las diversas categorías de trabajadores, su legítima colaboración en el progreso económico de la sociedad, el desarrollo del sentido de sus responsabilidades para la realización del bien común. Su acción no está, con todo, exenta de dificultades (...)". Pero hay tantos que no se lo creen de verdad.

Ello nos lleva a concluir que, en la Iglesia, como en las finanzas, hay inversores y hay especuladores. Están los ahorradores (inversores) que buscan un beneficio para colmar sus necesidades y la de los suyos, sustentando a la empresa en la que invierten; y están los tiburones (especuladores) que buscan obtener el rendimiento, con beneficios rápidos, y ven a las empresas y a los trabajadores sólo como medios para obtener provecho.

Todo esto con el beneplácito de varias organizaciones sindicales. Vergonzoso.

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