• Director: José Manuel Vidal
Opinión
Joan Sucarrats

(Luis Miguel Modino).- La vida del Padre Joan Sucarrats es la historia de alguien que dedicó su vida a la misión en la Amazonia. De hecho, de sus 73 años de vida, el salesiano de origen catalán ha pasado 51 en Brasil, la práctica totalidad en la Región Norte del país.

Él mismo resume este tiempo con una sola palabra, alegría, manifestando que estar lejos de su tierra no ha supuesto ninguna renuncia y sí un enriquecimiento. Por encima de sus orígenes catalanes se siente ciudadano del mundo y no se posiciona delante del conflicto existente entre España y Cataluña.

Como salesiano, destaca el trabajo con niños, adolescentes y jóvenes como algo que le ha ayudado a lo largo de su vida, e intenta hacerse presente en medio de ellos como alguien en quien puedan encontrar una persona de confianza.

Alguien que ha pasado tantos años en la Amazonia, también tiene su opinión sobre el Sínodo convocado recientemente por el Papa Francisco, viendo este momento como un interrogante, pero sin crearse demasiadas expectativas, pues muchas veces la diplomacia impide que la profecía se haga realidad.

En su opinión, existen cuestiones que el Sínodo debe resolver de una vez por todas, una de las principales es el tema de la eucaristía en las comunidades más distantes, a lo que se debe unir el diálogo inter religioso con los pueblos indígenas, a partir del reconocimiento de los valores que sus culturas encierran.

¿Cuándo llegó usted a Brasil?

Llegúe a Brasil em 1966, hace 51 años.

¿Siempre trabajó en la Amazonia?

Sí, siempre trabajé en la Amazonia. Pasé dos años en São Paulo para estudiar, un año en Bogotá también estudiando y dos años en Roma haciendo la licenciatura en Teología Pastoral con especialización en espiritualidad.

¿Qué ha supuesto en su vida este trabajo durante más de 50 años?

Cuando era joven y seguí el camino de la vida salesiana, me invitaron y descubrí mi vocación. Con frecuencia pasaban misioneros y nos entusiasmaban con la idea de salir de nuestra tierra y dedicarnos al Reino de Dios en otros lugares.

Como en aquella época había muchos salesianos, yo me puse a disposición, de corazón, sin ninguna preferencia, donde fuese necesario, más conveniente, estaba dispuesto a ir. Esa fue una petición que hice durante tres años seguidos, y después de tres años me dijeron estudiase teología en São Paulo y que iría para la Inspectoría de Manaos. Vine aquí con alegría para realizar la misión salesiana, colaborar en el Reino de Dios como salesiano.

¿Qué es lo que tiene aportado a su vida este tiempo?

Alegría.

Muchas veces la gente tiene la idea de que ir a la misión en los lugares más distantes es un sacrificio, una renuncia a muchas cosas. ¿Realmente es así?

Yo no lo veo como renuncia, sino como enriquecimiento. En cualquier lugar donde uno va, encuentra otras personas, modos de vivir y se enriquece con eso, con esa variedad de la que Dios se sirve para que su Reino se realice en todos los lugares y circunstancias.

Aquella idea del misionero como un héroe es algo que me hace gracia, cuando dicen que tuvieron la valentía de salir de su tierra, de dejarlo todo. Para mí no fue una cosa complicada, y eso no quiere decir que no amase mi tierra. Por ejemplo ahora, toda la problemática de Cataluña con España. Sólo no me posiciono pues yo soy cosmopolita, para mí mi casa es el mundo. Dejo que mis hermanos, hermanas, sobrinos se peleen y entren en esas cosas.

Tengo conciencia de que soy ciudadano del mundo y que fui llamado y enviado a esta tierra donde ya ejercí diversas funciones, en obras de acción social, con niños, adolescentes, jóvenes en situaciones especiales, lo que me enriqueció y ayudó mucho en mis crisis de identidad y vocacionales.

Después de dos años de estudiar teología en São Paulo, le dije al superior que había venido a Brasil para trabajar en la Amazonia y que todavía no conocía nada de la Amazonia y São Paulo era muy diferente. Interrumpí la teología y fui un año a Belem a una obra de acción social, con niños que habían salido de una especie de reformatorio, que estaban presos en una isla y fueron llevados para la ciudad en un régimen de internado dentro de nuestra casa. Aquello fue determinante, fue un modo de encontrar un sentido más profundo, real y concreto de la vida salesiana, del trabajo en la Iglesia.

Después tuve la suerte de poder abrir un poco más mi visión, pues me llamaron diversas veces a colaborar en organismos eclesiales y salí un poco de aquella tentación de cerrarse en un gueto, en el grupo de los salesianos, de abrirse y tener una visión un poco más amplia. Doy gracias a Dios por todo eso y otras tantas oportunidades que tuve a lo largo de estos 50 años.

Una de las cosas que determina la vida de los salesianos es el trabajo con los jóvenes. Actualmente está trabajando en el Centro Juvenil de São Gabriel da Cachoeira, ¿con su edad, todavía encuentra las fuerzas y las maneras para trabajar con los jóvenes?

Llegué a São Gabriel el año pasado para ser el director de la obra y de la comunidad, con un padre más joven, lleno de energía. Al final del año dije que no necesitaba ser director, deja que el otro sea el director de la obra y que él lleve las cosas hacia adelante. Hoy en día, mi mayor placer cuando funciona el oratorio, en los intervalos de las actividades, es estar en el claustro haciendo cordones y cruces de tucum y cuerdas.

Es una oportunidad para que niños y adolescentes vengan aquí y uno pueda hacerles preguntas sobre cuestiones de religión, dado la gran carencia que existe en términos religiosos y sociales. Poco a poco, sobretodo los adolescentes se van abriendo, contando sus confidencias y encontrando una persona de confianza.

No es necesario ocupar cargos y funciones, aunque a lo largo de mi vida haya sido llamado a ocupar algunas funciones relevantes. No es menos relevante estar en medio de los jóvenes y ser una persona de confianza. Esa es mi plenitud de realización como salesiano.

¿Cuál fue su reacción cuando escuchó que el Papa había convocado un Sínodo para la Amazonia?

Del Papa Francisco se espera cualquier cosa y la reacción fue de felicidad y, al mismo tiempo, de expectativa. En esos días estaba en Manaos por motivos de trabajo y salud y allí vive un salesiano nacido en la región del Río Negro, indígena tuyuka, que fue invitado a participar de una comisión que a finales de noviembre va a trabajar en preparación al Sínodo.

Sabíamos que tenía un viaje a Quito invitado por la REPAM, pero no sabíamos que era en vista del Sínodo, pues todavía no había sido convocado. Eso nos dejó felices y toda la atención se centró en dar consejos a nuestro hermano, que no se olvide de la teología india, de la inculturación de la fe.

¿Cuáles son sus expectativas, qué es lo que no debería faltar en el Sínodo?

Un sínodo es siempre un punto de interrogación, entra el profetismo, la diplomacia y una serie de condicionantes. Tal vez por causa de la edad, de haber visto muchas cosas, creo que no se puede crear una expectativa excesiva.

Está claro que me gustaría que algunas cuestiones pendientes, como el atendimiento ministerial en las comunidades que no tienen sacerdote se resolviese de una vez. Ya hace más de 30 años que participé de una asamblea de obispos, donde el obispo de Cametá empezó a decir que yendo a la visita "ad límina", deberían conversar con el Papa sobre nuestras necesidades, ante lo que otro obispo le dijo que dijese que lo que estaba queriendo es que se pudiese ordenar a personas casadas.

Esos temas, esa percepción de que una vida eclesial que tiene como centro la eucaristía, saber lo que significa el sacramento de la eucaristía como tal, y ver que el 70% de las comunidades en Brasil no tienen sacerdote para la celebración de la eucaristía de los domingos, es una cuestión que tiene que ser resuelta, de modo especial aquí en la Amazonia, donde las distancias son tan grandes que no es posible decir que alguien vaya a la parroquia de al lado.

¿Y en lo que hace referencia a la evangelización de los pueblos indígenas, que según el Papa es el objetivo principal del Sínodo?

En relación a la evangelización de los pueblos indígenas, mi expectativa es que no muera la idea del estudio y del diálogo inter religioso, que la teología india avance, pues no por causa de algunos excesos o de algunas expresiones poco ortodoxas se puede cerrar el interés y profundización en la cuestión, pues las semillas del Verbo, la presencia de Dios en las diversas culturas, es una realidad.

Ese diálogo inter religioso debe estar, sino en el centro, sí en el núcleo fundamental de las preocupaciones en vista de la evangelización de los pueblos indígenas. No podemos repetir los errores del pasado y confundir evangelización con colonización. Aquella historia de la cruz y la espada, que estaban juntas en la conquista de América, son episodios del pasado y hoy nuestra sensibilidad es más de diálogo, de búsqueda, del reconocimiento de los valores que existen en cualquier lugar.

¿Cómo debería ser desarrollado ese proceso preparatorio pre-sinodal?

Eso es lo que espero que salga del encuentro que tendrá lugar en noviembre en Quito, que se nos den algunas pistas en ese sentido. Justino, el padre salesiano que participa, un indígena tuyuka de la región del Río Negro es alguien a quien se le puede escuchar, pues él no es alguien que se calle, tiene valentía para hablar y una cierta autoridad moral, que nace de un buen conocimiento de la realidad.