• Director: José Manuel Vidal
Opinión
Sesenta años de Vida Nueva VN
Sesenta años después, hoy también es la hora de una Vida Nueva que sincroniza su reloj con la actualidad de la Iglesia y del mundo

(Editorial Vida Nueva).- El 1 de enero de 1958 veía la luz en Madrid la revista Vida Nueva. Heredaba más de un centenar de números de Pax, publicación quincenal nacida en el seno de la editorial PPC. "Cambia de nombre, pero no de apellido", sugería el eslogan de la campaña de lanzamiento que permitió alcanzar en poco tiempo los 20.000 lectores y, en apenas unos meses, pasar de quincenal a semanal.

Así se reforzaba también en el editorial correspondiente: "Queremos vivir la hora actual de la Iglesia y poner los relojes con la actualidad permanente de esa Iglesia. No somos, como veis, una revista pía. Os traemos una honrada preocupación social a cuya luz examinamos juntos los problemas de nuestro tiempo".

Sin cambiar una sola coma, Vida Nueva puede y debe suscribir, sesenta años después, este compromiso con sus lectores y con la Iglesia, ese afán de estar despiertos y en vela ante este cambio de época, con los aires de renovación que entonces llegaban de la mano de Roncalli y hoy se materializan con el acento porteño de Bergoglio.

Vida Nueva soñaba con conquistar a las familias católicas, pero la mirada profética de quienes dieron aquellos primeros pasos les llevaron a descubrir en los signos de los tiempos que su misión pasaba por convertirse en el referente del periodismo eclesial en castellano, voz comprometida de la Iglesia alejada de todo oficialismo, una independencia serena desde la comunión pero incómoda para quienes han buscado imponer un pensamiento único en el catolicismo.

 

 

Con las celebraciones del número 3.000 todavía en la retina, Vida Nueva entra en los sesenta con los signos propios de la madurez en la piel, sin avergonzarse de ello. Más bien, lo contrario. La recesión económica y la crisis del periodismo en papel hacen que sean pocas las publicaciones impresas que sobrevivan a los almanaques. La secularización tampoco ayuda en una tarea que esta revista asume como una invitación a renovarse desde la creatividad, con un proyecto global de presente y futuro a través del portal VidaNuevaDigital.com, con delegaciones en Colombia, México y Cono Sur.

Esta dilatada experiencia no supone presumir ante nada ni ante nadie, y mucho menos aún pontificar. Las canas de Vida Nueva reflejan la necesidad de continuar, de interpelar e interpelarse, de interrogar e interrogarse como voz de anuncio y denuncia en busca de la verdad, la libertad, la justicia, la solidaridad y la paz de un Dios Misericordia.

Vida Nueva no quiere perder la memoria ni quedarse atrapada en el pasado. Por eso, el número que tiene entre sus manos escucha a un grupo de laicos, religiosos y sacerdotes que también alcanzan los sesenta como testigos y protagonistas del aterrizaje del Vaticano II que ya se vislumbraba con un recién llegado Juan XXIII. Ellos y ellas son el vivo ejemplo de que ‘Los sesenta sientan bien'.

De la misma manera, Vida Nueva se detiene en diez titulares que, ‘Hoy como ayer', se plantean como asignaturas pendientes para la Iglesia y para la humanidad. Y no solo desde la reflexión, sino tocando tierra, acercándose a aquellos lugares que ya pisó aquella Redacción primeriza con esa misma curiosidad periodística: ‘Cuéntame'.

Así, Vida Nueva cumple 60 años en la frontera, pero no por una obsesión de estar al límite, sino desde el pleno convencimiento de ser enviada a aquellos espacios, reales o existenciales, que el propio Jesús de Nazaret pisó en su camino a Jerusalén.

Esas "periferias" las conoce esta publicación a través de la mano de hombres y mujeres de Iglesia que no han dudado en embarrarse en su entrega cotidiana a los últimos, o a través de propuestas teológicas y pastorales tan innovadoras como evangélicas. Sesenta años después, hoy también es la hora de una Vida Nueva que sincroniza su reloj con la actualidad de la Iglesia y del mundo.