• Director: José Manuel Vidal
Opinión
Antonio Aradillas
La existencia de la Inquisición, bajo cualquiera de sus formas y fórmulas, desnaturaliza a la persona y más a los teólogos, a quienes les ladronera la posibilidad de pensar y sentir "en" y "con" la Iglesia

(Antonio Aradillas).- La Inquisición, como institución, o "Tribunal Eclesiástico para inquirir -investigar, averiguar o examinar cuidadosamente", y a la vez, castigar los delitos contra la fe", fue oficialmente barrida de las versiones de los Códigos de Derecho Canónico y de los civiles, con tal nombre y tales competencias. Pero Inquisición e inquisidores- inquisidores no han desaparecido de la Iglesia, dándose la desdichada impresión de que su anulación no está, por ahora, cercana.

No es ocioso reflexionar sobre el tema, invocando aquí y ahora a los expertos en el mismo a que aporten casos, doctrinas, impresiones y consideraciones a favor de la ilustración y educación en la fe verdadera.

La Inquisición fue, y es, actualidad. La ocasión para su cita, planteamiento y consiguiente reflexión, me la ofrece la noticia protagonizada de alguna manera por el papa Francisco, a quien otra vez -¡otra¡- les han sido "matizadas" por los órganos y organismos "competentes" curiales romanos, sus declaraciones e impresiones sobre determinadas materias eclesiásticas, constando demás que estas fueron así expuestas por él, y que además son fiel y exacto reflejo de lo que piensa y quisiera llevar a la práctica dentro, de la idea de la Iglesia con la que está comprometido.

Una vez más, la necesidad de reformar la Iglesia en su integridad, se torna perentoria y urgente, y justifica su santo, sano y purificador interés y afán tan reiteradamente expuesto sobre todo en los últimos tiempos. Está ya a punto de llegar la hora en la que, por fin, la Curia deje de regir con plenos y omnímodos poderes la Iglesia en la diversidad de sus dicasterios, limitándose el papa a colocar su firma al final de definiciones, adoctrinamientos, procesos de beatificación o canonización , y hasta encíclicas, permitiéndosele tan solo insertar matizaciones de reducido relieve. Hay casos que así lo proclaman con evidencia y escándalo para propios y extraños.

¿Y por qué, para qué y hasta cuando, la Inquisición, aún con nombres y sobrenombres más o menos "benignos" e inteligibles, ha de acaparar y lucir el título de "santa" o "sagrada"? ¿Qué explicación aportan los teólogos a hecho tan sorprendente, insólito y contradictorio? ¿Qué otra explicación le dan al hecho igualmente característico, de que la Inquisición- religión -y más la católica- tengan establecido un matrimonio indisoluble a perpetuidad con todas -casi todas- sus consecuencias, en esta vida y en la otra?

¿Dispusieron los teólogos e historiadores eclesiásticos oficiales, de tiempo, de mandato -misión, y de libertad, como para poder exponer veraz y comprometidamente lo que la Inquisición -Santo Oficio- , con sus organismos y miembros cualificados, de facilidades para confesar ante Dios, ante la Iglesia y ante el mundo en general, lo que significó, y sigue significando, tal constitución y vigencia en la misma?. ¿Es al menos posible atisbar que seguramente tal sistema represor, con sus anatemas y reproches humanos y "divinos", y muertes crueles, le causaron a la Iglesia males incontables y mucho más graves, que los que creyeron y manifestaron evitar de tan "religiosa" manera?

¿Acaso primaron sobre los verdaderos y evangélicos fines de la Iglesia, identificados con el ejemplo y la doctrina de Jesús, los intereses residuales, banales o pingüemente rentables, con los que se identifican los inquisidores, por inquisidores, y, por tanto, sin posibilidad alguna de llegar un día a ser "inquisitoriados"?

La existencia de la Inquisición, bajo cualquiera de sus formas y fórmulas, desnaturaliza a la persona y más a los teólogos, a quienes les ladronera la posibilidad de pensar y sentir "en" y "con" la Iglesia. Imposibilita cualquier acción y reacción que no sea la propia y específica de la grey o del rebaño. Predicar, hablar o escribir con la presencia sutil, física o espiritual, de uno, o varios, inquisidores o allegados, seca y reseca cualquier fuente de fertilidad intelectual, de originalidad y progreso. La Inquisición fue, y es, muerte para algunos, y antesala de muerte para todos. La Inquisición es enemiga mortal de la Iglesia. Así lo delata la historia en indignos capítulos de la misma, comenzando por el de la Crucifixión de Jesús.

Ser y ejercer de inquisidores es oficio-"beneficio" o ministerio que jamás disfrutará de las características que definan la acción pastoral, propias de actividades represivas, policiales, coercitivas o dictatoriales, por definición abominables en la Iglesia y sus aledaños.

¿Les sobra o les faltan razón a quienes, teólogos o historiadores, afirman que la figura de Benedicto XVI, ex cardenal Joseph Aloisius Ratzinger, será uno de los referentes más notables en el historial de la Inquisición de los últimos tiempos?

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