• Director: José Manuel Vidal
Opinión
Cartel de la visita de Francisco a Chile
Juan Barros perteneció en forma muy cercana al círculo de Fernando Karadima, sacerdote que tuvo gran influencia en un sector de la clase social alta chilena, de la derecha política, y que fue condenado por la Iglesia por abuso de menores

(José Luis Ysern, en Cresol).- Viene el Papa a Chile. Estará con nosotros entre los días 15 a 18 de enero de 2018. Ya nos estamos preparando para recibirle como corresponde. Chile es un pueblo educado y acogedor, de modo que no hay duda de que Francisco va a ser muy bien recibido y acogido, y en esa línea van las campañas que ya se están llevando a cabo en varias instancias de la sociedad chilena.

Eso no quita sin embargo que a muchos nos invadan algunas interrogantes y preocupaciones, pues suponemos que el viaje del Papa presentará en Chile algunas dificultades que habrá que enfrentar de la mejor manera posible. ¿Por qué esas interrogantes?

Ante todo porque Chile -al igual que muchos otros países- ya no es el mismo que visitó Juan Pablo II en plena dictadura de Pinochet. En aquel tiempo la Iglesia en Chile era admirada, creída y respetada. Los Obispos chilenos, especialmente el Cardenal Silva Henríquez con su Vicaría de la Solidaridad y las filiales que se extendieron a lo largo del país, se la jugaron a todo riesgo por la defensa de los Derechos Humanos. La Iglesia era la voz de los sin voz y el pueblo chileno era consciente de esa realidad.

Hoy no es así. Son muchos los chilenos que piensan que la Iglesia ha perdido prestigio, confianza y autoridad. Esto no solo por los escándalos protagonizados por algunos sacerdotes, sino también por las declaraciones poco afortunadas que a veces se publican de algunos Obispos en materias morales y sociales. Declaraciones que recuerdan a los tiempos del Syllabus.

En las redes sociales y también en la prensa escrita se ven comentarios que aluden a algún Obispo diciendo de él que es mediocre, superficial, que no da el ancho, etc. De los Obispos en general se dice que viven en otro mundo y que no saben escuchar a su pueblo.

Pero hay además un caso concreto que sin duda va a crear algún conflicto en la visita del Papa. Se trata de Juan Barros, Obispo de Osorno. Él perteneció en forma muy cercana al círculo de Fernando Karadima, sacerdote que tuvo gran influencia en un sector de la clase social alta chilena, de la derecha política, y que fue condenado por la Iglesia por abuso de menores.

Hoy es de conocimiento general en Chile que antes de que Juan Barros fuera nombrado Obispo de esa diócesis, algunos Obispos chilenos le hicieron saber al Papa que ese nombramiento no era conveniente, que suscitaría inmediatos anticuerpos, que el pueblo de Dios de Osorno se iba a resentir con dicho nombramiento. Nadie entiende sin embargo por qué el Papa se afirmó - se "obcecó" dicen algunos- en tal candidato y concretó el nombramiento.

Después, hablando en forma informal y coloquial sobre el tema con un periodista chileno en el entorno de una audiencia pública en San Pedro, pronunció Francisco alguna frase muy desafortunada refiriéndose a que el pueblo de Osorno estaba sufriendo en el asunto del Obispo por "tontos", porque se dejaban manipular por un grupo de "zurdos".

Esto dolió mucho a los osorninos porque no es verdad lo que dijo el Papa. Hay ahí hombres y mujeres que conocemos, personas muy serias, sinceramente católicas, laicos de muy buen sentido crítico que aman de verdad a su Iglesia, y que se han sentido nada escuchados por la jerarquía de la Iglesia.

¿Algo bueno puede salir de todo esto? Sinceramente creo que sí. Conociendo a estos laicos y conociendo la humildad y cercanía del Papa, me parece que situaciones como esta, que son conflictivas, pueden ayudar para que una vez más surjan en la Iglesia profetas que nos ayuden a vislumbrar los nuevos kairós que aparecen por doquier.

Ya se oyen voces de laicos responsables, aquí mismo en Chile, que dicen que el caso de Osorno puede ser momento propicio para que la Iglesia tome en serio una profunda revisión del modo que está utilizando en el nombramiento de los Obispos. No son pocos los que afirman que esta es la ocasión para que se estudie la posibilidad de que el pueblo de Dios con sus laicos intervenga de una manera eclesial y eficaz en el nombramiento de los Obispos.