• Director: José Manuel Vidal
Opinión
José María Castillo RD
Y nos contaba la carta que le escribió el Papa Francisco, en la que le decía: "te perdí la pista en los años ochenta". A raíz de esto, se le planteó, en algún momento, una posible visita al Papa... si le recibiría o no

(José Luis Ferrando).- En la iglesia de San Antón, en Madrid, hace unas semanas tuvo lugar un encuentro internacional de periodistas y escritores de medios religiosos. Invitado por este digital, pude estar presente en varias reuniones y conferencias. Un momento enriquecedor y esperanzador.

Del encuentro quiero destacar tres momentos en los que José María Castillo, tuvo un protagonismo singular. Una vez leída la declaración del encuentro, que se le haría llegar al Papa Francisco, Castillo tomó la palabra, y con una contundencia inusitada, hizo un análisis de la iglesia española, sin caer en maniqueismos, bastante certero, pero invitando, al final a los presentes al trabajo y a la esperanza, a pesar de las enormes dificultades.

El segundo momento fue durante la mesa redonda en torno al cardenal Tarancón, desde su tremenda memoria y lucidez, Castillo, relató sus vicisitudes como asesor del cardenal y del Padre Arrupe durante las sesiones del Concilio Vaticano II. Al público presente nos contó como el cardenal Tarancón, montó en cólera ante la manipulación de un texto suyo, por parte de algún monseñor. Un sonoro golpe en la mesa por parte del cardenal, remachó su enfado: si hubiera sido el Papa no tendría nada que decir, afirmó Tarancón, pero un monseñorino, no lo tolero. Una experiencia muy singular y significativa de aquel momento eclesial, que el vivió personalmente. Una época, sin duda, apasionante, repleta de tensiones, de la que él fue un testigo privilegiado.

Sin embargo, a nivel personal, lo más interesante fue la comida. Tuve la suerte de sentarme, prácticamente enfrente de él. Un hombre mayor, pero con una gran lucidez y libertad. Como siempre, en este tipo de encuentros, se habló de lo divino y de lo humano. Una buena parte de la conversación se la llevó el Papa Francisco. Cada uno, evitando la papolatría, manifestamos el "kairos" eclesial. A pesar de las dificultades de todo tipo, las reformas propugnadas por Francisco van hacia adelante... La cuestión del ritmo es harina de otro costal.

 

 

A nivel personal, le recordaba a Castillo, aquel libro de moda en mi tiempo de estudiante de teología: La alternativa cristiana. ¡Qué lejos queda! Nos decíamos. Y nos contaba la carta que le escribió el Papa Francisco, en la que le decía: "te perdí la pista en los años ochenta".

A raíz de esto, se le planteó, en algún momento, una posible visita al Papa... si le recibiría o no. Sin duda, la llamada telefónica es un gesto de fraternidad, de justicia y de libertad, por parte del Papa Francisco. Por eso estaría fuera de duda el dilema anterior. La llamada del Papa a Castillo es un gesto de reconocimiento a muchos "Castillos", que han dado y siguen dando su vida al servicio de la Iglesia desde distintos ámbitos, a pesar de haber sentido la soledad y la marginación por parte de alguno sector de la Iglesia. Bendita llamada que da alas a muchas esperanzas.

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