• Director: José Manuel Vidal
Opinión
Isabel Gómez Acebo
San Valentín siempre me pareció una fiesta cursi y comercializada, Pero con la edad he cambiado y me parece un momento maravilloso para decirle a la persona con la que convivimos el amor que sentimos por ella

(Isabel Gómez Acebo).- El próximo día 14 los cristianos celebramos el Miércoles de Ceniza y toda la sociedad recuerda a San Valentín como patrón de los enamorados. Pocas cosas tienen en común las dos fiestas y reconozco que ninguna de las dos, ha sido valorada por mí. El inicio de la Cuaresma recuerda al hombre que se tiene que arrepentir y cambiar de vida pero le falta un punto de alegría que es la noción que debe tener siempre el pecador de ser amado por Dios.

Tenemos la tentación de darnos golpes de pecho eternos y no saborear el momento presente, el Carpe Diem que hizo famoso Horacio. La conversión siempre es buena pero mira al pasado, apunta al mañana y se olvida del presente

Por lo que respecta a San Valentín siempre me pareció una fiesta cursi y comercializada, incluso cuando era adolescente y soñaba con que el chico con el que tonteaba me hiciera llegar un recado que manifestara su interés. Pero con la edad he cambiado y me parece un momento maravilloso para decirle a la persona con la que convivimos el amor que sentimos por ella.

Todos los seres humanos sueñan con ser queridos, respetados y admirados por las personas con las que conviven, pero el huerto donde crecen esas plantas hay que regarlo. Séneca decía “si vis amare, ama” lo que en román paladino significa si quieres ser amado, ama, una frase que podía haber pronunciado Jesucristo y que expresa la necesidad de cultivar el amor. El hombre moderno vive apresurado y no tiene tiempo para decir o le da vergüenza que es peor, la palabra te quiero y cuando se rompe la relación siente no haberlo hecho.

De aquí que estas dos fiestas que coinciden en la semana tienen un punto en común. Por un lado, la conversión a expresar de manera explícita nuestro amor por la pareja con la que convivimos y abrirla en un círculo concéntrico a todas las personas. San Valentín nos da el pretexto para hacerlo y mejorar nuestra vida y la de los demás.

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