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Opinión
Vicente Luis García
No nos imaginábamos que iba a ser una respuesta multitudinaria que a día de hoy sigue en pie

(Txenti García).- El 8 de marzo de 1982 una mujer también era protagonista de los informativos de ese día y de las portadas del día siguiente. Después de 36 años muchos vitorianos y devotos de la Patrona de la ciudad siguen preguntándose ¿Por qué? ¿Qué buscaban conseguir con aquel acto vandálico? ¿Cómo se las arreglaron y entre cuántos consiguieron precipitar la imagen desde la hornacina hasta el suelo de la balconada? Rescatamos de la memoria de algunos alaveses los sentimientos y las consecuencias que el atentado contra la Virgen Blanca de Vitoria tuvo lugar en la madrugada del 8 de marzo de 1982.

Joaquín Jiménez, además de conocido etnólogo alavés, en aquella década fue abad de la Cofradía de la Virgen Blanca: "siempre he estado vinculado con nuestra Madre, desde que nací la tenía en frente (vivía en la calle Mateo Moraza) y me bautizaron en las primeras vísperas de su día un 4 de agosto".

"¿Que cómo recuerdo el día en que rompieron la imagen de nuestra Virgen Blanca? Como un día de mucha tristeza, de mucha pena, nos habían dado en lo más profundo del vitorianismo, eso sin hablar desde la perspectiva cristiana. Recuerdo sobre todo, la respuesta de los vitorianos ese día y, sobre todo, con la respuesta en el especial Rosario de la Aurora unos días más tarde".

"Es un acto religioso que hasta entonces pasaba sin pena ni gloria, y, aunque la multitud de vitorianos que acudimos era grande, había mucha tristeza en las caras y la Eucaristía que se hizo al terminar el rezo del rosario fue muy especial. No nos imaginábamos que iba a ser una respuesta multitudinaria que a día de hoy sigue en pie".

Y si los autores de aquellos hechos pudieran escucharle, ¿qué les diría? "Que parece mentira que con la Madre de Dios, tan buena Madre, hicieran eso. Que si pretendían atentar contra un símbolo de la ciudad, algo tan nuestro, consiguieron una respuesta que a día de hoy está a la vista, con la presencia de tantos vitorianos en el Rosario de la Aurora, de hecho las fiestas de la ciudad son en su nombre. Que la única pena en todo esto es que se tuvo que proteger a la Virgen con cristal blindado."

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