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Opinión
Jaume Pujol Ballcels
Supo lo que fueron las amenazas, los encarcelamientos, los atentados, y al final la muerte. Jesucristo proporcionó el principio; Gandhi, el método, y Luther King la aplicación a una situación concreta

(Jaume Pujol, arzobispo de Tarragona).- En octubre de 1964 Martin Luther King se encontraba en el Hospital St. Joseph, de Atlanta, sometiéndose a una revisión médica por su deteriorado estado de salud, quebrantada por sus años de lucha titánica contra la segregación racial. Allí en la cama le llegó la noticia de la concesión del Premio Nobel de la Paz.

Acompañado de su mujer, Coretta, a primeros de diciembre viajó a Suecia y Noruega para recoger el premio. En su camino se detuvo en Londres, donde fue invitado a predicar en Saint Paul.

En el majestuoso templo pronunció su discurso sobre «las tres dimensiones». La primera es «ámate a ti mismo», que es la longitud de la vida; la segunda es «ama a tu prójimo como a ti mismo», que es la anchura; pero nunca olvides la tercera: «Ama a Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y toda tu mente», que esa es la altura de la vida.

En el documento de concesión del Nobel se decía: «El doctor King ha conseguido mantener a sus seguidores fieles al principio de la no violencia [...] Sin la eficacia de este principio, las marchas y demostraciones podrían fácilmente haber sido violentas y haber abocado a saqueos y derramamientos de sangre.»

En el presente mes de abril conmemoramos el 50º aniversario del asesinato de Martin Luther King, ocurrido el 4 de abril de 1968, a manos de un tirador experto, cuando se hallaba asomado al balcón de un hotel de Memphis.

 

 

La historia le convirtió en un referente mundial de la no violencia, al lado de Gandhi. Los dos se inspiraron en la doctrina de Jesucristo de amor y perdón, de fraternidad universal y de igual dignidad de todas las personas.

Desde su iglesia de Montgomery, de confesión baptista, de la que era pastor, no contempló pasivamente la injusticia de la segregación racial y el menosprecio a la población negra en el sur de Estados Unidos. La denunció y se puso a disposición de su comunidad para luchar contra ella, pero siempre de modo pacífico, desterrando de su pensamiento el odio y de su acción, la violencia.

Supo lo que fueron las amenazas, los encarcelamientos, los atentados, y al final la muerte. Jesucristo proporcionó el principio; Gandhi, el método, y Luther King la aplicación a una situación concreta: la discriminación en los autobuses de la capital de Alabama.

Es un ejemplo para todo cristiano, también para los católicos, que celebramos igualmente una figura universal que supo reflejar en circunstancias muy difíciles la verdad del Evangelio.

† Jaume Pujol Balcells
Arzobispo metropolitano de Tarragona y primado

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