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Opinión
Eugenio Pizarro Poblete
En cualquier grupo, el mal que hacen algunos atañe a todos, porque no fueron lo suficientemente valientes, o inteligentes, o empeñosos para impedirlo

(Eugenio Pizarro Poblete).- Quisiera comenzar con la primera lectura de este tercer domingo de pascua. Se trata de los Hechos de los Apóstoles y específicamente de un discurso de Pedro después de haber sanado a un hombre tullido que siempre pedía limosna en la puerta del Templo. Todo el pueblo quedó asombrado y maravillado por lo que había sucedido.

El discurso de Pedro es dicho también para nosotros: El Justo es asesinado, y el asesino no sólo es liberado, sino que triunfa. Esto también sucede en medio de nosotros.

"Pedro, al ver a la gente reunida, les dijo: "Israelitas, ¿por qué nos miran así? ¿Creen ustedes que le hicimos andar por nuestro propio poder o por nuestra santidad? Sepan que el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, el Dios de nuestros padres, ha glorificado a su siervo Jesús, a quienes ustedes entregaron y a quien negaron ante Pilato cuando éste quería ponerlo en libertad. Ustedes renegaron del santo y del justo y pidieron como una gracia la libertad de un asesino, mientras que al Señor de la vida lo hicieron morir".

El pueblo pidió la muerte de Jesús. El pueblo que le traía los enfermos y que lo siguió tres días en terreno despoblado, olvidando su hambre. No las mismas personas, sino el mismo pueblo.

Los dirigentes, instigando al pueblo, entregaron a Jesús por envidia, y también porque  El Evangelio es subversivo respecto a todo el sistema que se defiende a sí mismo en vez de servir a la gente. El pueblo, a su vez, entregó a Jesús cuando lo pusieron en la balanza para calcular lo que valía, junto con Barrabás, el agitador político. Porque Jesús proponía un camino de liberación que exige tiempo, responsabilidad y sacrificios. Barrabás, en cambio, era ejemplo de la violencia irresponsable, que arrastra a los mediocres porque satisface el espíritu de venganza.

El pueblo judío pidió la muerte de Jesús. No todos, por supuesto, pero hay una responsabilidad colectiva. En cualquier grupo, el mal que hacen algunos atañe a todos, porque no fueron lo suficientemente valientes, o inteligentes, o empeñosos para impedirlo.

A lo mejor Barrabás era un terrorista de los que hostigaban al opresor romano. Los jefes de los sacerdotes que buscaban la paz con los romanos, por conveniencia, odiaban al que le podía producir, en su actuar, un problema con el poder romano. Sin embargo, son ellos los que persuaden al pueblo para que pidan la libertad de Barrabás; y el pueblo lo escucha, a pesar de que odia a esos sacerdotes. Además, acordémonos que los sacerdotes acusaban a Jesús, no entendiéndolo cuando Él dijo:

"Yo puedo destruir el Templo de Dios y reconstruirlo en tres días".


Le dan una interpretación falsa a las palabras de Jesús, y se asustan porque, para ellos, atacar el Templo era amenazar la posición de los sacerdotes, cuyo poder se basaba en que solamente ellos podían celebrar el culto con los sacrificios en el Templo. Y a ellos llegaban las ofrendas y tasas para el Templo. Los sacerdotes no condenaron a Jesús por una sola cuestión de palabras, sino porque, en toda su manera de actuar, Jesús se ponía en lugar que sólo a Dios le corresponde. Con esto, los sacerdotes, trataron de tranquilizar su conciencia, porque la verdad de las cosas, es que los sacerdotes no quisieron reconocer que, en realidad, lo odiaban por haber puesto al desnudo, su hipocresía, su falta de fe y su amor al dinero; porque, al demostrar que se sentía libre respecto al orden que ellos defendían, lo hacía caer de sus pedestales. En la persona de Jesús, Dios mismo había venido a pedirles cuentas, y ellos se habían puesto en contra.

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