• Director: José Manuel Vidal
Opinión
Protestas contra la sentencia de La Manada
El placer impuesto valdrá para con los animales pero no vale con las personas. Ampararse en él, degrada a la otra parte tanto como la misma agresión

(José Ignacio González Faus sj).- 1.- Queridos: os doy este apelativo sinceramente y cuando casi todo el mundo está despreciándoos con mucha razón. Pero quiero deciros que, por grande que sea el daño que hicisteis a aquella muchacha, es aún mayor el que os habéis hecho a vosotros mismos. A ella la violasteis externamente solo. Mientras que vosotros os habéis degradado y devaluado interiormente en lo mejor de vuestra humanidad. Me dais aún más pena vosotros que ella. Por eso os escribo. Por eso y porque creo que la auténtica justicia humana no consiste en destruir al criminal sino en reconstruirlo.

No sé si ahora, en algún momento de silencio y soledad en vuestro encierro, habréis tenido el valor de percibir y reconocer vuestra monstruosidad. Lo deseo aunque es difícil porque ningún ser humano puede soportar verse en la peor versión de sí mismo.

Pero, por duro que sea ese reconocimiento, será siempre un triunfo de lo mejor de vosotros mismos contra lo peor de vosotros. Y eso mejor de todos nosotros, subsiste siempre, incluso en nuestros peores momentos cuando queda hundido y sepultado por nuestra vileza. Ojalá tengáis ese valor: bajad hasta lo más profundo de vosotros, reencontrad allí latente esa mejor calidad y mejor versión vuestra, acogedla, hacedla aflorar hasta vuestra superficie, y dejadla que condene la salvajada que cometisteis.

Dicho de otra manera: aunque los hombres os condenen, Dios os ha perdonado ya, pero ese perdón sólo podréis recibirlo reconociendo sinceramente y llorando vuestra culpa. Si lográis obrar así, os encontraréis como el que, después de una dolorosa enfermedad, recobra de nuevo la experiencia de la salud plena: "aunque vuestros pecados sean rojos como la grana quedarán blancos como la nieve", dice la Biblia.

Hicisteis una atrocidad de esas que parecen imperdonables. Con la bajeza además de ampararos en vuestra superioridad numérica y física. Eso no es una valentía ni una "machada" sino una cobardía suprema. Pero yo, aunque condene vuestros actos no puedo juzgar vuestras personas: porque no sé qué historia tenéis, qué pasó en vuestras infancias, qué educación y qué influjos habéis recibido. La vida me ha enseñado que muchos grandes pecadores son también víctimas además de pecadores.

Lo que sí puedo es desear que acabéis reencontrándoos con eso mejor de vosotros. Y sueño con que algún día vayáis tomando con plena libertad la decisión de escribir una carta a vuestra víctima, pedirle perdón, reconocer vuestra agresión y confesar sinceramente que toda aquella salvajada os causa hoy un inmenso dolor.

Eso es lo que se me ocurre deciros: tened esa valentía que es de las cosas más grandiosas humanamente que hay. Confirmad aquella frase de un premio Nobel francés: a pesar de todo, "en el hombre hay más cosas dignas de admiración que de desprecio".

2.- Luego de esto, como muestra de que siempre es posible sacar bienes hasta de los males, vuestra brutalidad ha tenido la suerte de despertar un inmenso clamor casi universal: no sólo en Navarra, ni solo en España, sino en buena parte de Europa: un clamor en defensa de la dignidad y la igualdad de la mujer. Ojalá que quienes ahora han gritado con toda el alma "yo te creo", universalicen ese grito, y lo dirijan hacia esas otras víctimas muchos más numerosas y muchos más inocentes, que son todas las chavalas jóvenes víctimas de la trata de mujeres y de unos verdugos mucho más criminales, mucho más canallas y mucho más fríos que vosotros porque se amparan detrás de un "negocio".

Todas esas chavalas, de Brasil, de Nigeria, de Rumania... que un día creyeron emigrar buscando una vida un poco más digna, y se encontraron engañadas, apresadas, privadas de documentación y obligadas a prostituirse día tras día. He reprochado otras veces a las feministas que no se ocupen primariamente de eso que constituye hoy la mayor opresión y la mayor desigualdad de género.

Por supuesto, apuntarse a esta causa tiene sus riesgos: las mafias de ese tráfico son infinitamente más inhumanas y más poderosas que vosotros, son mucho más que una manada: un auténtico ejército diabólico. Pero el valor de la causa y el número, que ha dado tanta fuerza a tantas mujeres en estos días, se la puede dar también ahora, y puede hasta tocar el corazón de nuestros políticos tan egoístas y tan desnortados hoy.

Y para seguir soñando: ¿qué tal si algún día vosotros mismos estuvieseis militando en esta causa tan seria y tan estremecedora?


3.- Ya está todo dicho. Pero dado que estos días también se ha hablado mucho de vuestros jueces, añadiré una palabra rápida, para comentar con vosotros la sentencia. No sé si ahora vosotros sentís que habéis tenido suerte o que os han caído encima unos años muy duros. Solo puedo deciros que no entiendo cómo, después de dar una descripción tan detallada y escalofriante de los hechos, se pueda dar una calificación de ellos que parece contradecir esa descripción. No sé qué sutilezas jurídicas caben aquí.

Pero aún entiendo menos que otro juez que había tenido acceso a los mismos videos y las mismas pruebas, pueda dar una descripción tan distinta de la de sus colegas. La primera vez que lo oí me pregunté si no será que (como hay tantas posibilidades de mentira y falsificación en el campo de la informática), a lo mejor a ese juez le habían dado a ver alguna película de Emmanuelle en lugar de la grabación de vuestros actos.

Solo así entiendo que se pueda hablar tan tranquilamente de "regocijo" y "jolgorio": se puede entender muy bien el enorme poder que tiene el cuerpo de la mujer sobre el macho, incluso aunque sea un cuerpo sin vida como en la Grandeur nature de Berlanga (un poder que algunas mujeres desconocen y otras lo intuyen y se aprovechan de él). Pero no se puede pensar que eso mismo lo sienta a la inversa la mujer: porque eso es masculinizar a la mujer en lugar de liberarla.

Y aludo a esto porque da entrada a otra observación que me parece seria e importante y hoy parece no tener cabida en nuestro mundo hipersexualizado: la mera sensación física de placer no justifica nada; es la libertad la que decide sobre nuestros actos.

Hace muchos años, Ingmar Bergmann filmó una película, premiada en Cannes si no me equivoco y titulada "El manantial de la doncella". Era la historia de una violación bastante salvaje y bien preparada (si no recuerdo mal eran tres hombres contra una chica). Y bien: luego de las lógicas escenas de resistencia y violencia, al final de toda aquella secuencia aparecía de golpe una sonrisa plácida en el rostro de la muchacha. Como si nos dijera que las hormonas y las endorfinas (o lo que sea) pueden jugar su papel mecánicamente. Y esas células serán nuestras pero no son nosotros.

Y no es el único caso. Hace menos años vi otra película de un director italiano (no estoy seguro pero podría llamarse La condena, de M. Bellochio), donde había otra vez una violación engañosa en un museo, luego de cerrado éste. Y en el juicio, el violador argumentaba en favor de su inocencia alegando que ella había tenido un orgasmo y eso le justificaba a él. Ese es el colmo de la mentalidad machista ("a ellas también les gusta" hemos oído más de dos veces). Pues no: el placer impuesto valdrá para con los animales pero no vale con las personas. Ampararse en él, degrada a la otra parte tanto como la misma agresión.

Me he alargado más de lo que quería. Pero no quiero acabar sin enviaros un abrazo como señal de esperanza en vosotros.