• Director: José Manuel Vidal
Opinión
Renuncia de los obispos chilenos
Lo ocurrido en estos días es un precedente absoluto en la historia. Una señal para el mundo. Un descrédito total para la iglesia.

(Rodrigo Silva ).- No sé si alguno de ustedes le ha ocurrido en estos días. Pero yo, al menos, siento que estoy viendo una película, luego de varios años. Cine en tiempo real. De terror, de sufrimiento y de esperanza.

¿Cuántos años han debido pasar, en el caso de Chile, para que el tema de los abusos sea el elemento central que genere un cambio profundo en la iglesia de Chile?

En este mayo han ocurrido hechos extraordinarios. Lo inmediato, la renuncia masiva de todos los obispos chilenos. Sin precedentes. Todo indicaba que no podía ser de otra manera. Estaban dadas todas las señales.

Previo a eso, la dureza y tajante claridad con la cual el Papa se dirigió a todos los obispos chilenos, eméritos incluidos, en el texto de su carta en la cual les invita a meditar. Encubrimiento de los abusos pareciera haber sido lo mínimo. Fue "el desde". Obstrucciones, presiones, chantajes. Todo lo inesperado de una institución que debe regirse por los valores del Evangelio. La antítesis del mensaje central que deben tener los pastores con "el pueblo de Dios".

La propia convocatoria del Papa a todos los obispos para que fuesen a Roma y la forma cómo lo hizo, a través de una carta que pidió expresamente que fuera pública, en que les dijo que había sido engañado por ellos. Algo sorprendente e inédito. Presagio de una tormenta inminente.

La presencia en Roma de los tres emblemáticos denunciantes de Karadima y su conferencia posterior a las reuniones individuales y colectivas con el Papa. Hablaron duro, fuerte y claro, desde el propio Vaticano, en contra de la jerarquía de la iglesia chilena y, en particular, de los cardenales Ezzati y Errázuriz.

Renunciados todos los obispos, la conferencia episcopal pide perdón y enaltece a las víctimas de los abusos por su perseverancia para la denuncia sistemática. Todo muy tarde y no necesariamente creíble.

Lo ocurrido en estos días es un precedente absoluto en la historia. Una señal para el mundo. Un descrédito total para la iglesia. Y, la vez, una extraordinaria oportunidad para decenas y centenas de sacerdotes que caminan silenciosos junto a su pueblo. Que sirven, que acogen, que dan testimonio de transparencia y fidelidad.

Los cambios de nombres no bastan, dijo el Papa. Las renuncias no son suficientes. Todo que se espera que se anuncie de ahora en adelante deberá ir a los temas de fondo: formación, estructura, doctrina, participación, inclusión. Y tantos otros aspectos.

Es sorprendente, insólito y extraordinario todo lo que está pasando en esta película
Como cristiano y miembro de esta iglesia quiero abrazar al sacerdote de mi parroquia y decirle estoy contigo en este camino de total apertura para avanzar en una nueva iglesia.

Como lo hice anoche, jueves 17 de mayo luego del Oratorio de Pentecostés del Conjunto Los Perales. Quiero ver en él a un hombre confiable, cercano y acogedor. A una persona con la cual compartir el Evangelio y que sea él, el primero en lucir su ministerio con orgullo. Y de allí "hacia arriba", lo mismo con los obispos. ¿Será posible?

En todo caso, como siempre ocurre, la vida nos permite avances y retrocesos. Hoy somos testigos de participar en esta sorprendente película de esperanza