• Director: José Manuel Vidal
Opinión
Josep Miquel Bausset
Txell Bonet, esposa de Jordi Cuixart, ha hecho durante 34 semanas, 44.300 kilómetros para que su hijo de un año pueda ver a su padre, encarcelado en la prisión de Soto del Real

(José M. Bausset, osb).- Montserrat, como todos los monasterios que siguen la Regla de San Benito, siempre ha sido un lugar de acogida. De hecho, en la Regla, San Benito nos pide a los monjes que acojamos con solicitud extrema a aquellos que se acercan al monasterio, como si fuesen Cristo (RB 53). Por eso el 1970, el abad Cassià Mª Just acogió el encierro de intelectuales, en protesta por el consejo de Guerra de Burgos.

De aquí que el abad Cassià, que fue acusado de comunista, tuvo a que ir a Roma a explicar al papa Pablo VI su actitud de acoger a los participantes de aquel encierro y los motivos por los cuales lo hizo. El papa Montini, lejos de censurar al abad Cassià, le dijo: "Reciba a todo el mundo".

Con esta actitud tan benedictina de acoger a los que vienen a Montserrat, el martes 22 de mayo vino a verme (acompañada de la Sra. Roser Forn y de unas amigas suyas) la madre del que fue conseller de Interior de la Generalitat de Catalunya, Joaquim Forn.

La madre del Sr. Forn, con las amigas que la acompañaban, vino a la misa conventual de Montserrat y después tuve el gozo de recibirlas y saludarlas en la portería del monasterio. La madre del Sr. Forn, que quería conocerme después que escuchó mi homilía del 4 de marzo, es una mujer admirable, frágil, discreta y a la vez firme en su denuncia por la prisión preventiva de unos hombres y unas mujeres de paz, que no han cometido delito alguno. Unas mujeres y unos hombres, entre ellos su hijo, que solo pusieron unas urnas para que los ciudadanos que quisiesen, pudiesen votar el 1 de octubre.

Pero si el Estado muestra su inhumanidad encerrando a unas personas que no han cometido ningún delito, aún se muestra más inhumano y más cruel castigando a los familiares de los presos políticos, que se han de desplazar a centenares de quilómetros para poder ver a sus hijos o hijas, a sus padres o madres o a sus parejas. Un Estado que no tiene suficiente con castigar con la cárcel a los que permitieron un "delito" tan "grave" como permitir el referéndum el 1 de octubre, sino que se venga de los familiares de los presos políticos, obligándolos a desplazarse a Soto del Real, Estremera o Alcalá-Meco.

Durante el tiempo que pude hablar con la madre del exconseller Forn, con la Sra. Roser Forn y con las otras dos amigas que subieron a Montserrat, descubrí a una mujer (a unas mujeres) de una gran entereza y dignidad, con unas convicciones firmes. Con una dignidad que no tienen, ni de lejos, los que encarcelan a personas inocentes y castigan a sus familiares, que los tienen lejos de su lugar de residencia. Y a pesar del sufrimiento de tener a su hijo en la prisión de Estremera, la madre del exconseller Forn y las otras amigas, miraban el futuro con esperanza y con dignidad, sin ningún resquicio de venganza ni de odio.

Un Estado que encarcela gente pacífica, me recuerda el salmo 57, que denuncia a los que, en vez de hacer justicia, maltratan a los justos: "¿Sabéis qué es hacer justicia, poderosos? ¿Sentenciáis entre los hombres con razón? Conscientemente cometéis injusticias". Y también el salmo 93. "¿Os podéis juntar con un tribunal corrompido, que inventa delitos en nombre de la ley?".

Si el exministro de Aznar, el Sr. Eduardo Zaplana ha sido encarcelado a pocos quilómetros de su vivienda en València, cosa que me parece razonable, ¿porqué los presos políticos catalanes están en prisiones a centenares de quilómetros de sus familias, cuando la ley marca que han de estar lo más cerca a sus domicilios?

Así Txell Bonet, esposa de Jordi Cuixart, ha hecho durante 34 semanas, 44.300 kilómetros para que su hijo de un año pueda ver a su padre, encarcelado en la prisión de Soto del Real. ¿Esto no es inhumano? Por eso la Iglesia ha de denunciar las injusticias, sobre todo cuando afectan a menores, a los cuales se les priva del contacto con sus padres.

Un Estado que trata de manera tan inhumana y tan cruel a los familiares de los presos políticos, queda en evidencia delante de la Justicia de Europa, que no tiene en la cárcel (como sí que pasa en España) a los exconsellers que están en Bélgica o en Escocia. Ni ha extraditado al president Puigdemont.

Quiero pensar que el nuevo gobierno tendrà una sensibilidad mayor con los familiares de los presos políticos. Porqué se trata de eso: de humanidad. Es lo que Jesús nos mostró cuando hablaba d compasión o de humanización. Ya que eso es lo que Él hizo: humanizar la vida de la gente, que el poder religioso y político trataba sin piedad.