• Director: José Manuel Vidal
Opinión
Divorcio
El divorcio no es un callejón sin salida, sino sólo un desvío hacia el plan de vida abundante que Dios tiene para cada uno de nosotros

(Javier Cerezo).- Actualmente se rompen en España en torno al 61% de los matrimonios, lo que sitúa a nuestro país en el 5ª país del mundo con mayor porcentaje de rupturas matrimoniales. Del total de rupturas, los divorcios suponen el 95%, seguidos muy de lejos por las separaciones (el 5%), y las nulidades (el 0,1%). Como en España el 80% de los padres eligen la asignatura de religión, un 35% de los españoles marca la casilla de la Iglesia en la Declaración de la Renta, y según los datos del CIS, un 69% de españoles adultos se declara católico, y un 22% de estos acude a la iglesia una vez al mes o más, resulta fácil deducir que un porcentaje muy alto de los divorcios se está produciendo entre católicos, y muchos de ellos entre católicos practicantes.

Vince Frese es un católico americano que dirige una exitosa empresa de software. En el año 2000 pasó por un divorcio muy traumático y doloroso, quedando tras el mismo como padre a tiempo completo de 3 niñas de 8, 6 y 3 años, en régimen de custodia compartida, a la vez que dirigía su empresa. Describe esa época como un periodo de su vida en el que tuvo que despertarse todos los días en medio de la pesadilla del divorcio, llevando un nudo en el estómago, soportando un gran peso sobre los hombros, conviviendo con la soledad y el desconcierto, el desconocimiento sobre cómo sería su vida a partir de entonces, la frustración de buscar la paz y no encontrarla en ninguna parte, y la desesperación de ver cómo los sueños de una vida entera acaban desmoronándose sin remedio.

Buscó entonces programas basados en la fe católica para divorciados, blogs, libros o talleres que le pudieran ayudar, y no encontró nada, por lo que pasó ese tiempo "buscando a tientas entre las tinieblas del divorcio". Tras vivir 2 años cuestionando su fe ("¿cómo había podido Dios permitir que le ocurriera algo así, y que le ocurriera a sus hijas?", "¿cómo podía la Iglesia pedirle cosas tan difíciles después de lo que había tenido que sufrir?"), realizó un descubrimiento sorprendente: al leer con avidez todo el material sobre la fe que pudiera ayudarle, y sumergirse en los sacramentos, halló que cada vez encontraba más respuestas para su situación, comprendiendo que la fe católica es tan sabia y verdadera, que guardaba en sí las respuestas para todas sus preguntas.

Descubrió que el divorcio no es un callejón sin salida, sino sólo un desvío hacia el plan de vida abundante que Dios tiene para cada uno de nosotros ("He venido para que tengan vida, y vida en abundancia", Juan 10:10). Descubrió también que al comprometerse a vivir su fe plenamente, incluso en las partes difíciles, la paz retornó a su vida de forma abundante, y desaparecían la desesperanza, confusión e incertidumbre, volviendo la vida a tener un sentido vibrante.

Recibir la eucaristía calmaba su anhelo de ser amado, la confesión era la vía que Jesús utilizaba para administrarnos el medicamento de su misericordia ("Derramo todo un mar de gracias sobre aquellas almas que se acercan al manantial de Mi misericordia", Diario de Santa Faustina). Rezar hacía que todos los santos del cielo vinieran en su ayuda, el perdón a quien te daña se convirtió en un regalo que uno se hace a sí mismo ("Bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen", Mateo 5:44)... Todo esto hizo que, a pesar de las múltiples dificultades que conlleva la vida, la suya estuviera llena de paz y alegría profundas ("...vuestra tristeza se convertirá en alegría... y nadie os quitará vuestra alegría", Juan 16, 20-23a), y agradecimiento a Dios por todo lo bueno que había en su vida.

Organizó un encuentro para divorciados en su parroquia, que tuvo mucho éxito, y fue ampliándolo a otras parroquias, habiéndose utilizado hasta el momento en numerosas parroquias de Estados Unidos y Canadá (más de 10 diócesis de estos países utilizan sus programas regularmente). En este momento, ha podido asesorar a la Conferencia Episcopal de Estados Unidos, ha producido programas de radio y ha sido entrevistado en la CNN, la BBC y la televisión de la Madre Angélica (EWTN). Ha creado un blog desde el que envía cada día a unas dos mil personas una historia inspiradora, y ha escrito varios libros.

Ha creado un programa on line de recuperación del divorcio y reconstrucción de la vida (Divorce Recovery Program), con formatos individual, para parroquias y para regalarlo a un amigo/a o familiar, que se puede hacer desde España. Cuesta 99 dólares (85 euros), aunque una vez que el programa ha cubierto gastos, se ofrece gratuitamente a todo el que quiera acceder.

Por ahora está disponible sólo en inglés, aunque el material es fácilmente comprensible para quien tenga un nivel intermedio en este idioma, y la mayoría de los vídeos pueden verse en Youtube con subtítulos en español.

Este programa cuenta con 13 sesiones, en los que se tratan temas cómo por qué el divorcio duele tanto, cómo cuidar de uno mismo en esta situación, el poder de la oración, cómo manejar la ira, por qué Dios permitió que algo así pasara, cómo hacer frente al miedo, qué enseña la Iglesia sobre el divorcio, cómo Cristo es el gran sanador, cómo sumergirse en los sacramentos, cómo tratar con el antiguo/a esposo/a, cómo ayudar a los hijos, cuestiones relacionadas con las citas y la intimidad después del divorcio, el valor del sufrimiento y la autoestima. Todo desde un punto de vista, como se anuncia en el programa, 100% católico.

Actualmente, a pesar de los grandes esfuerzos de numerosas personas, únicamente el 15% de las parroquias de Estados Unidos cuenta con algún programa de este tipo. No sería extraño que si se hiciera una encuesta similar en España, salieran a la luz valiosas iniciativas ya implantadas y funcionando entre nosotros.

En cualquier caso, el divorcio es un nuevo tipo de pobreza propio de los países opulentos, una pobreza sofisticada y devastadora. Es seguro que el consejo y el aliento de nuestra queridísima Madre y Maestra ayudará a sanar los corazones heridos ("Él me envió a llevar la buena noticia a los pobres, a vendar los corazones heridos, a proclamar la liberación a los cautivos y la libertad a los prisioneros", Isaías 61:1).