• Director: José Manuel Vidal
Opinión
Francisco, durante la celebración Osservatore Romano
Crecen sus poderosos enemigos, pero también sus amigos: los pobres de la tierra, que le adoran y le tienen como su único abogado defensor. El pueblo es su escudo ante las asechanzas de sus poderosísimos enemigos

(José Manuel Vidal, plaza de San Pedro).- Rodeado de sus nuevos cardenales de las periferias, el Papa celebra la fiesta de San Pedro y San Pablo en la plaza vaticana. De fondo suena el 'Non praevalebunt', un himno solemne que aclama al Dios omnipotente contra el que las potencias del infierno no prevalecerán. Ni contra Dios ni contra su Vicario en la tierra.

Y eso que Francisco volvió advertir contra los "susurros del Maligno", con los que trata de seducirnos "siempre a escondidas". Contra los susurros diabólicos, "tocar la carne sufriente de Cristo en los pobres", activar "la fuerza revolucionaria de la ternura" y "rescatar a la Iglesia de triunfalismos vacíos". Son recetas papales para que Satanás no prevalezca.

Porque el que El Maligno no prevalece sobre Dios es una verdad de fe. Atestiguada en el Credo y refrendada en esta fiesta de Pedro y Pablo, patronos de Roma y columnas De la Iglesia.

Cuanto más evangélica es la Iglesia, más enemigos suscita. Por eso, Francisco, el Papa de la revolución del Evangelio, que está reconduciendo la Iglesia hacia las fuentes de la fe, también tiene muchos enemigos. Fuera y dentro.

 

 

Bergoglio lleva cinco años fustigando al capitalismo salvaje financiero que define como "inicuo", porque "mata" y descarta a legiones de pobres, que quedan tirados en las cunetas de la vida. Y el sistema se defiende atacándolo y tachándolo de comunista.

Crecen sus poderosos enemigos, pero también sus amigos: los pobres de la tierra, que le adoran y le tienen como su único abogado defensor. El pueblo es su escudo ante las asechanzas de sus poderosísimos enemigos.

Si fuera tiene enemigos, dentro tampoco le faltan. Con un reparto parecido: el pueblo fiel mayoritariamente le adora; sus enemigos eclesiásticos son los cristianos ideologizados, rigoristas y talibanizados, y algunos de sus propios jerarcas, que se resisten a dejar de ser príncipes y pasar a convertirse en servidores de los demás, especialmente de los últimos.

Algunos cardenales le atacan abiertamente y le piden explicaciones públicas. Otros, la mayoría, lo defienden. Ayer mismo, los 14 nuevos cardenales le juraron defenderlo hasta la muerte y con su propia sangre, si precisó fuere.

A pesar de sus enemigos internos y externos, Francisco sigue adelante con su revolución de la misericordia, para hacer pasar a la Iglesia de aduana doctrinal, que protege y justifica a los poderosos, a hospital de campaña de los necesitados. "Una Iglesia pobre, de los pobres y para los pobres". Sabe que tiene al pueblo y a Dios de su parte. Sabe Francisco que "non praevalebunt". Amén.