• Director: José Manuel Vidal
Opinión
Josep Miquel Bausset
Símbolo del Concilio Vaticano II, reunido de 1962 a 1965 en el nombre de la Santa Trinidad, para llevar el Evangelio a todo el mundo y para abrir en la Iglesia el necesario aggiornamento que llevara el aire fresco de la Buena Nueva a toda la humanidad

(Josep Miquel Bausset).-  Hoy 30 de junio se cumplen 50 años de la proclamación del "Credo del papa Pablo VI", redactado en gran parte (a partir, evidentemente, del texto de Nicea), por el filósofo francés Jacques Maritain.

Del 22 de febrero de 1967 al 30 de junio de 1968, la Iglesia, por expreso deseo del papa Montini, celebró el Año de la Fe, para así recordar a los santos Pedro y Pablo, con motivo del XIX centenario del martirio de estos apóstoles. Aquel Año Santo concluyó el 30 de junio de 1968, hoy hace 50 años, con la proclamación del "Credo del Pueblo de Dios", que desarrollaba el texto del Concilio de Nicea, con una seria de complementos.

El 12 de enero de 1967, el cardenal y teólogo suizo Charles Journet escribió una carta a Maritain para comunicarle que pronto se reuniría con el papa Pablo VI. El filósofo francés respondió al cardenal, que tenía una idea que quería proponerle: "Que el papa redactara una profesión de fe completa y detallada, en la cual se explicitara todo lo que contiene el Símbolo de Nicea. Esta sería en la historia de la Iglesia, la profesión de fe de Pablo VI".

El cardenal Journet, sin que lo supiese Maritain, enseñó al papa una fotocopia de la carta que le había escrito el filósofo Maritain proponiéndole esta idea de la redacción del Credo.

 


Pablo VI, con Jacques Maritain

 

El 14 de diciembre del mismo año 1967, Pablo VI recibió de nuevo al cardenal Journet, que le presentó otra vez la idea de Maritain sobre la redacción de un Credo. El papa Montini le comentó al cardenal, que al final del Concilio Vaticano II ya le habían aconsejado promulgar un nuevo Símbolo de la Fe, y que el papa había pedido al teólogo francés Yves Congar que preparase un texto, que finalmente quedó archivado.

Fue entonces cuando Montini dijo al cardenal Journet: "Prepárenme ustedes un esquema de lo que piensen que haya de ser hecho". Journet pasó a Maritain este encargo del papa y el filósofo, al inicio de 1968, en París, redactó un texto que pasó al cardenal y éste, de nuevo, al papa.

De hecho, el texto de Mariatin quería ser solamente un esbozo para ayudar al cardenal Journet a redactar un escrito completo. Pero el cardenal envió al papa el Credo de Maritain, sin ninguna más añadidura. Hace falta recordar que durante los años cincuenta, el filósofo Maritain estuvo a punto de ser condenado por el Santo Oficio debido a su pensamiento filosófico, sospechoso de "naturalismo integral". Si la condena no prosperó, fue en buena parte, por la defensa que Montini (en aquel momento Sustituto de la Secretaría de Estado) hizo va de Maritain.

Así las cosas, el 6 de abril llegó a Roma una carta del teólogo Benoit Duroux, consultor de la Congregación para la Doctrina de la Fe, elogiando el texto del Credo de Maritain. De esta manera, el 30 de junio de 1968, hoy hace 50 años, el papa Pablo VI pronunció solemnemente en la plaza de San Pedro el Credo del Pueblo de Dios, basado fundamentalmente en el texto que había escrito Maritain, con unas pocas variaciones.

El Credo de Pablo VI, que proclama la fe en la Santa Trinidad y desarrolla el Símbolo de Nicea, comienza proclamando la fe en un único Dios, "Creador de las cosas visibles y de las cosas invisibles y también Creador, en cada hombre, del alma espiritual e inmortal". Este Dios, que "es amor", engendró el Hijo, "por el cual han estado hechas todas las cosas", y que "habitó entre nosotros lleno de gracia y de verdad". Es Jesús quien "anunció y fundó el Reino de Dios" y quien "nos dio su mandamiento nuevo", enseñándonos "el camino de las bienaventuranzas evangélicas". Jesús, como "Cordero de Dios que quita el pecado del mundo, murió por nosotros y resucitó por su propio poder al tercer día". El Credo de Pablo VI también proclama la Virgen Madre de Dios como la "nueva Eva" y por lo tanto, "Madre de la Iglesia".

El Credo, además, afirma que el Espíritu Santo "ilumina, vivifica, protege y rige la Iglesia". Este texto, que confiesa "un solo bautismo instituido por Jesucristo para el perdón de los pecados", proclama la fe en "la Iglesia edificada por Jesucristo sobre la piedra que es Pedro". Una Iglesia que es "el cuerpo místico de Cristo, Pueblo de Dios que peregrina aquí en la tierra". El Credo de Pablo VI, que afirma que también "fuera de la estructura de la Iglesia se encuentran muchos elementos de santificación y de verdad", destaca que "la misa es realmente el sacrificio del Calvario".

El Credo de Pablo VI nos recuerda el comentario al Credo que hizo mossèn Josep Mª Rovira Belloso, fallecido el pasado día 16, donde este teólogo proclamaba su fe como una actitud que "da lugar a la esperanza plena de vida eterna y a la caridad eficaz y universal". También este Credo de Pablo VI nos recuerda el "Credo que ha dado sentido a mi vida", del P. Josep Mª Díez Alegría.

Este texto, del cual hoy conmemoramos los 50 años de su solemne proclamación, fue como el símbolo del Concilio Vaticano II, reunido de 1962 a 1965 en el nombre de la Santa Trinidad, para llevar el Evangelio a todo el mundo y para abrir en la Iglesia el necesario aggiornamento que llevara el aire fresco de la Buena Nueva a toda la humanidad.