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Tíscar Espigares

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"El Papa Francisco resumió Sant'Egidio en tres palabras: pobres, oración y paz"

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Tíscar Espigares: "La religión puede ser usada como combustible, o como agua que apaga los conflictos"

"En España estamos trabajando para conseguir crear corredores humanitarios para los refugiados"

Jesús Bastante, 05 de febrero de 2017 a las 08:23
No es el espíritu de cruzados que van por el mundo a convertir a la gente a la fuerza. El papa Francisco es clarísimo. El Evangelio se propone, no se impone. El Evangelio llama la atención y debe atraer, no debe dar miedo. Y los cristianos lo mismo
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Clausura del encuentro por la paz de San Egidio en Munich

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Francisco en la Comunidad San Egidio del Trastevere

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El Papa, en San Egidio

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Andrea Riccardi, fundador de San Egidio

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  • Francisco en la Comunidad San Egidio del Trastevere
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  • Andrea Riccardi, fundador de San Egidio

(Jesús Bastante).- La Comunidad de Sant'Egidio nació en Roma en 1968, a la luz del Concilio Vaticano II. Oración, comunicación del Evangelio, solidaridad con los pobres, ecumenismo y diálogo son las enseñas de su bandera. Es una "Asociación Pública de Laicos de la Iglesia" y para hablar de ella nos visitó en RD Tíscar Espigares.

Hoy nos acompaña Tíscar Espigares. ¿Cómo estás?

Muy bien.

Eres la responsable de la Comunidad de Sant'Egidio en Madrid. Lo de responsable lo queríamos explicar, porque no es una comunidad con rol vertical.

No. Nuestro fuerte no es la estructura. Es la fraternidad y el servicio. Entonces, responsables, somos muchos.

Empecé mi trabajo en la Comunidad, en Madrid hace ya casi treinta años, pero soy una más de los responsables que la forman.

Probablemente, desde el desconocimiento, la Comunidad de Sant' Egidio sea, de esos siete grandes movimientos que se dijeron en su día, el menos movimiento de todos, y el que más se mueve.

No sé si el menos movimiento, porque no sé qué quieres decir, pero desde luego, que nos movemos, eso sí que es así.

De esa organización eclesiástica, que se achaca a algunos movimientos eclesiales. Que no tenéis una organización pura y dura, lo que comentabas antes.

Sí, exacto. Cuando decía que nuestro fuerte no es la institución, ni la estructura. Nuestro fuerte quiere ser la carne, la presencia, el movimiento. Estar en medio de la gente y hacer cosas. Quizá, desde ese punto de vista, es como tú dices.

Porque hacéis muchas cosas. En muy distintos campos. Tal vez, los más conocidos sean el diálogo interreligioso, y el diálogo en sí, por vuestra particicipación en procesos de diálogo. Y también por la acogida, ahora muchísimo más, aunque lo llevéis haciendo bastante tiempo.

En Italia, ha sido muy conocida esa iniciativa de los corredores humanitarios para refugiados, que no sé si en España tendría cabida.

Pues ojalá, por eso estamos trabajando, para que tenga cabida.

Sí, la verdad que lo de los corredores humanitarios ha sido una respuesta preciosa a esta situación, en la que todos estamos contemplando en la pantalla del televisor todos los días gente que muere, que se juega la vida en el mar para llegar a Europa, y a esta ausencia de respuesta.

Nos paramos a pensar qué se podría hacer y rebuscando dentro del Derecho de la Unión Europea, encontramos la figura del visado humanitario, que promueve la entrada de personas a Europa siempre y cuando haya una situación de vulnerabilidad.

La idea, es establecer estos puentes de manera que las personas puedan venir de forma segura y legal a Europa desde el otro lado del Mediterráneo, fundamentalmente desde Líbano, donde tenemos a personas en los campos de refugiados en situación de gran vulnerabilidad: niños, madres embarazadas, ancianos, enfermos...

Desde Líbano hasta Italia, de momento solo se ha firmado el acuerdo con el Gobierno italiano, ya han llegado 500 personas. El acuerdo es un proyecto ecuménico que se ha dado entre Sant' Egidio, la Federación de las Iglesias Evangélicas y la Mesa Valdense por un lado, y el Gobierno italiano por el otro. Y hace una semana escasa, se ha firmado otro acuerdo, un protocolo semejante, y las partes son San Egidio y la Conferencia Episcopal Italiana por un lado, y el Gobierno por otro, gracias al cual, otros 500 refugiados van a llegar.

En España, estamos trabajando para conseguirlo, también.

¿Y por qué esa idea, aquí en España, no se puede llevar a cabo?

Me gustaría poder darte la respuesta. De momento, no se puede, pero seguimos trabajando.

¿Hay interlocución, para poder, al menos, intentarlo, o hay otra sensibilidad?

Nos hemos encontrado con diferentes personas del Ministerio de Interior, que es el que tiene en España la competencia para emitir los visados. El impasse político y de Gobierno, con la consecuente inmovilidad, ha añadido dificultad. Yo insisto en que si se quiere, se puede, máxime cuando este proyecto no tiene ningún coste para el Gobierno.

Resulta extraño ver cómo la Comunidad Valenciana, que ha presentado un proyecto afirmando que tienen capacidad para acoger a equis personas, no puede hacerlo porque el rito del visado no depende de la Comunidad, sino del Ministerio de Interior.

Resulta llamativo, sí. También el Gobierno vasco ha estado recientemente en Roma viendo cómo se ha hecho en Italia.

Como te decía, nosotros seguimos trabajando para que podamos salvar la vida de mucha gente. Hay niños que ya han nacido en medio de la guerra, solo conocen el campo de refugiados y no han ido jamás a la escuela, pudiendo. Tanta gente...

La sociedad civil está muy sensibilizada. Mucha gente nos ha llamado ofreciendo casa y ofreciéndose personalmente para ayudar.

Ese llamamiento que hizo el Papa, de que en todas las parroquias, en las comunidades de fieles, se acogiese a un refugiado o a una familia, ¿ha calado? Al menos en tener un interés de información para llevarlo a cabo.

En Italia se ha visto, desde luego. Y aquí, en España, gente de diócesis y de parroquias, se han ofrecido a acoger a una o a dos familias, cuando lleguen. La sensibilidad está. Esto es lo que me da mucha rabia, que la gente ve la necesidad, se ofrece, y de repente hay un muro ahí, que te impide desarrollar esa generosidad.

Es curioso, lo del muro, en una sociedad más globalizada que nunca y donde más muros físicos y éticos, estamos levantando.

Es paradójico, porque con la globalización, yo puedo ver en tiempo real lo que está pasando a miles de kilómetros: Que el dinero vuela, viaja en pocos segundos dando la vuelta al mundo, pero las personas no. Que en un momento de globalización esté en auge el surgimiento de nacionalismos. Que barreras, fronteras y muros de todo tipo, se están construyendo por doquier. Ciertamente, es una época compleja, esta que estamos viviendo.

Estás hablando de sensibilidad de la sociedad. Pareja a ella también hay una suerte de prejuicios, que surgen de manera casi automática cuando se dan estas catástrofes. Te sensibilizas cuando ves estas imágenes, pero la siguiente capa es la de "vienen a quitarnos el trabajo", "se nos van a colar una serie de terroristas" que se identifican con musulmán. Lamentable identificación.

El trabajo, no solo de sensibilización, sino de educación de una sociedad de acogida, también lo estáis reaalizando.

Es muy importante. En estos tiempos tan complejos, el miedo se puede difundir con muchísima facilidad, y es uno de los peores consejeros que se puedan tener en la vida, para todo. Porque, por ejemplo, el miedo a que nos puedan quitar el trabajo es absurdo. Hay muchos trabajos que los españoles, directamente, no quieren desempeñar, y aparte, también hay que mirar a medio-largo plazo: las previsiones demográficas de organismos com la ONU, prevén que para mantener las actividades económicas, con la bajada poblacional, vamos a necesitar a personas.

Hasta de forma egoísta deberíamos poder acoger. A parte de que supondría una riqueza para la sociedad. Y, una de dos, el futuro, o es mixto, o no será. Está claro que estas sociedades homogéneas ya no existen. Son del pasado.

¿Qué papel tienen las religiones en los problemas y también en la solución a los mismos? Porque, aunque es erróneo decir que las religiones son causa de violencia, sería absurdo negar que el factor religioso es, cuando menos, utilizado para justificar la violencia de uno u otro signo. La violencia en nombre de Dios, y la defensa, frente a esa violencia, también en nombre de unos supuestos valores.

Totalmente de acuerdo. Está claro que la religión es algo que toca las fibras más profundas de las personas y puede ser manipulado y utilizado para ser combustible en un conflicto y que arda todavía más. O puede ser, que es la vocación de todas la religiones que en sus cromosomas tienen escrito el nombre de "Paz", agua que apaga los conflictos, al menos en la tres grandes religiones monoteístas. Evidentemente, esto exige a los fieles y a los líderes de todas las religiones sobretodo, estar muy atentos y estar de la parte de Dios.

Estos fundamentalismos, que los ha habido en todas las religiones en diferentes épocas de la historia, lo que quieren es colocar a Dios de su parte, cuando lo que hay que hacer es estar de la parte de Dios, que es otra cosa bien distinta.

Utilizamos el "Dios lo quiere", para hacer que Dios quiera lo que nosotros vayamos buscando.

Es una gran responsabilidad.

¡Cómo son las palabras de los fundamentalismos! Se cargan lo fundamental, que es la convivencia entre los seres humanos.

Cierto.

En Sant' Egidio, desde los comienzos, trabajáis en esa vertiente del diálogo interreligioso. Estamos haciendo esta entrevista además, en la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos. El diálogo interreligioso no sólo es entre cristianos pero, ¿cómo creéis que está evolucionado, y cuál es vuestro papel?

Desde el principio, cuando empezó Sant' Egidio, el interés por lo humano, por todo lo que le pasa a las personas, es lo principal. Para nosotros el diálogo, es una manera de estar en el mundo. Ser pacificadores. Hay que dialogar con todo el mundo y conocer las razones del otro.

Desde siempre nos ha llamado la atención, no solo desde el punto de vista del diálogo interreligioso, sino desde el punto de vista de una sociedad de la convivencia. Del estar juntos aunque seamos diferentes.

Cuando Juan Pablo II convocó en el año 86 el primer encuentro, colaboramos porque teníamos un montón de lazos y de relaciones con muchos representantes de distintas tradiciones religiosas. Fue por eso, precisamente, que pensamos que aquél acto de encuentro tan extraordinario, la primera vez en la historia que todas las religiones se juntaban para rezar por la paz, no podía ser solamente un episodio muy bonito, pero aislado. Tenía que ser una puerta, un inicio, y había que transitar.

Muchas de las iniciativas de paz que la Comunidad ha llevado a cabo en diferentes escenarios, como por ejemplo, Argelia, han sido gracias a estas relaciones de amistad, de confianza. La confianza es muy importante. Por eso creo a veces, que las instituciones, que son frías, no se unen aunque cuenten con recursos, porque falta la fibra humana.

Hay que conocerse y reconocerse. Una vez que te reconoces en el otro es mucho más fácil entender su postura.

Y la confianza hay que construirla, y una vez que está, pienso que hay un canal por el que el entendimiento puede llegar a producirse con mucha más fluidez.

Es por lo que el papa Francisco estaba diferenciando, aunque algunos no lo entienden, el proselitismo con mostrar quién soy pero teniendo en cuanta quién tú eres, sabiendo quién tú eres y aprendiendo también de ti. Que no significa ni subjetivismo, ni relativismo moral, sino respeto. Encontrarse con el otro, que es muy del Evangelio, por cierto.

No es el espíritu de cruzados que van por el mundo a convertir a la gente a la fuerza. El papa Francisco, en ese sentido, es clarísimo. El Evangelio se propone, no se impone. El Evangelio llama la atención y debe atraer, no debe dar miedo. Y los cristianos lo mismo. Nosotros estamos felices de la vida que hacemos, felices de conocer a Jesús y de tratar de seguirle en nuestra vida concreta, y eso, es atractivo y lo será en la medida en que lo sea para nosotros. Y si somos gente con la cara hasta los pies, como dice el Papa, que es divertidísimo, gente siempre enfadada, amargada..., ¿a quién vas a atraer? Esto es pura lógica.

Comentabas lo de Argel. En África habéis estado en varios procesos de diálogo. También en Irlanda. Y en Euskadi, con el tema del desarme de ETA.

¿Entendéis que parte de vuestro valor está en esa labor de de facilitadores?

Cada proceso es completamente diferente y comprendo que tiene sus matices, pero debe de tener un elemento en común, que significa que San Egido siempre está ahí.

El papa Francisco, hace dos años, vino a visitarnos a Santa María en Trastévere y resumió Sant' Egidio en tres palabras: "pobres, oración y paz". Y la verdad es que es una síntesis absolutamente concisa pero muy real.

Para nosotros, la primera experiencia de mediación internacional fue con la paz en Mozambique, que se llegó a firmar en el año 92. Algunos dijeron que Sant' Egidio había cambiado de orientación. "Antes se ocupaban de los pobres y ahora, de repente, dan el salto a la escena internacional, a la diplomacia, etc." Y la verdad es, que no es así. Ocurre que lo uno es consecuencia de lo otro.

Cuando vas a la casa de un niño donde hay problemas o a un barrio violento, o cuando haces amistad con una persona que vive por la calle, expuesta a tanta violencia y a tanta indiferencia, que también es una forma de violencia, en el fondo estás haciendo la paz. Eso es el salto a Mozambique. Después, tantos otros lugares. En el fondo, es un poco lo mismo, tratar de reconciliar aquellas situaciones de violencia.

En el caso de Mozambique, los que ayudaron a que esa paz se firmara no eran diplomáticos, eran cristianos. La primera vez que reunieron alrededor de la misma mesa a la RENAMO y al FRELIMO, que se estaban matando en Mozambique, el discurso que hicieron no fue un discurso político, fueron las palabras de Juan XXIII al inicio del Concilio: "Vamos a dejar de lado lo que nos divide y pongamos en el centro lo que nos une, porque todos somos hijos de esta casa que se llama Mozambique".

Pienso que en ese sentido, la fuerza de los cristianos, es inmensa. Se trata de asumir nuestra responsabilidad. Jesús lo dice: si tenéis fe como un grano de mostaza, podéis decir que se mueva a una montaña. Anda que no hay montañas que mover...

La cuestión es tener los talentos, no enterrados en el suelo, sino que cada uno con su potencial, lo intente.

Exactamente. Y yo creo que, verdaderamente, este es nuestro gran sueño: el mundo se puede cambiar. Este mundo no nos gusta.

¿Se puede cambiar, de verdad?

Yo pienso que sí. Tengo fe en las personas. Claro que sí. 

Estamos en un momento, volviendo a Francisco, de esa guerra mundial a trocitos. Parece que cada momento y en cada lugar explota algo nuevo que no sabemos afrontar y que no hay personas que se atrevan a dar el paso de conocerse. ¿Dónde estáis, dónde trabajáis?

Como Comunidad estamos en muchos países del mundo. En más de 70 países y en todos los continentes. También en países de mayoría musulmana, como por ejemplo Indonesia. También China. En África, en muchos países. En América Latina, en EE.UU. en Centroamérica y en Europa, tanto Occidental como Oriental.

¿Os molesta que os reconozcan como el "grupo de mediadores"? ¿Que siempre os llamen cuando hay un problema de guerra o de terrorismo, de grupos enfrentados en cualquier sitio, porque vosotros sois los especialistas en esto?

No, molestia ninguna, para todo lo que podamos hacer al servicio de la paz, estamos dispuestos.

Es verdad que, sobretodo después de Mozambique, mucha gente llamó a las puertas de la Comunidad pidiendo ayuda. Al menos, lo que siempre se puede hacer es escuchar a las personas, interesarse y ponernos a pensar sobre qué podemos hacer.

No siempre se puede hacer algo concreto, pero nosotros, como cristianos, creemos en la fuerza de la oración. De hecho, una vez al mes, en todas nuestras comunidades, la oración se dedica a la paz y se recuerdan por el nombre, todas y cada una de las situaciones del mundo donde hay guerra.

Las letanías del guerra.

Pues sí, pero nosotros creemos que la oración esconde una fuerza profunda de cambiar el mundo porque toca los corazones de la gente, y cuando tocas el corazón, las manos llegan más lejos de lo que parece que puedan llegar. Y también la fantasía. La cabeza piensa mejor de lo que creemos que puede pensar.

Además del trabajo por la consecución de la paz en determinados conflictos, estáis en el día a día, en el frío a frío de mucha gente que está viviendo en la calle y durmiendo entre los portales en Roma, en Santa María del Trastevere, la iglesia que el Papa le ha dado a monseñor Osoro como cardenal.

Es la iglesia, en cierto modo, casi madre de donde surge la Comunidad. El nombre de Sant' Egidio viene de allí.

Sí. La Comunidad empezó en el año 68. Y en el año 73 le fue cedido un antiguo convento de carmelitas, donde ya no había comunidad de religiosas y de ahí arranca el nombre.

Ahora hay en la iglesia un proyecto precioso de apertura.

Sí, pero en la iglesia que está al lado. Es la de San Calixto, no la de San Egidio. Está a dos pasos de Santa María en Trastevere, donde la Comunidad reza todos los días.

Estos días, en Italia, la ola de frío ha llegado muy severamente, de hecho han muerto algunas personas. Ha sido terrible.

Desde el llamamiento que hizo el Papa, ya habían muerto ocho personas. El Papa es conocedor de su capacidad de influencia en el mundo y sabe aprovecharla, esto es interesante.

Es un gran comunicador en ese sentido, y sobretodo, creo que va a lo esencial. La convocatoria del Año Santo de la Misericordia, fue orientar la gran nave de la Iglesia hacia lo que él dijo que es: la viga maestra. Es verdad, y sobre esto se sostiene. Esta "Iglesia en salida" al encuentro de todas las personas, para hacer la vida más feliz. Tenemos que dar gracias a Dios por este Papa.

Háblame de San Calixto.

Lo que se ha hecho estos días, es habilitar la iglesia como dormitorio. Roma es una ciudad que, comparándola con Madrid por ejemplo, cuenta con muchos menos recursos para las personas que duermen por la calle. Aunque también es cierto que no hace tanto frío normalmente. Pero hacía falta, se ha habilitado esta iglesia, y están durmiendo varias decenas de personas, cotidianamente, allí.

Sant' Egidio, aparte tiene otros lugares, casas, donde, de manera estable a lo largo de todo el año, también duermen personas en dificultades, sin hogar, etc.

 

Estamos viviendo ahora este fenómeno, el de los refugiados que están llegando a Europa y que también se convierten, en muchos casos, en personas sin hogar. Todo ese sistema de insolidaridad y de injusticia que va cargando de maletas a los que menos tienen.

Eres inmigrante, eres menor, estás abandonado, duermes en la calle y no tienes acceso a la educación, o no tienes acceso al trabajo..., son demasiadas cosas. Al final, puedes llegar a entender que esa persona caiga en determinadas ideologías que te prometan una cierta seguridad. Y a partir de ahí, en esa confianza malentendida en aquellos que te ofrecen lo que otros no les hemos ofrecido.

Está claro que este mundo es tan injusto, tan desequilibrado, que genera una tensión que tiene que estallar por alguna parte. Es evidente. No es normal, y ahora todo el mundo lo ve.

Una persona con internet, que es bastante barato, en un lugar perdido del mundo, pobrísimo, puede ver cómo está viviendo la gente y cómo está derrochando. Una injusticia que es como una bomba de relojería. No es justificar absolutamente nada, pero hay un grandísimo problema y una brecha inmensa entre ricos y pobres. Esta crisis económica, lejos de que todo el mundo tenga menos, ha servido para que esta brecha se haga todavía más grande. Está claro que eso supone una violencia contenida, y hay algunos interesados en que estalle. 

Afortunadamente hay "contrapoderes", como vosotros, que estáis trabajando, como bien decías, en 70 países. En España también tenéis bastante presencia.

En España estamos en Madrid, en Barcelona, en Manresa y en Tarragona.

¿Cuántos podéis ser en España?

Pues no sé, pienso que alrededor de unas 3.000 personas, más o menos.

Un montón. Se os ve, en vuestras iniciativas.

Y sobretodo, nos gusta implicar a la gente. No vale con lamentarse porque el mundo no te gusta y criticar esta cultura egoísta y superficial que domina. Esto no basta, hay que proponer otra cultura. Una cultura de la solidaridad, de la fraternidad, del diálogo. A nosotros, lo que nos interesa es esto. Hacer, proponer. Esto nos encanta y en lo que creemos.

Antes lo hablábamos, el Evangelio no se impone, se propone. Queremos hacer iniciativas atractivas. Cuando uno hace el bien a los demás, es más feliz.

Se exporta.

Pues sí, se contagia.

Ha sido un placer. Es impresionante la labor que realizáis, con ese motor que os mueve tan sencillo y tan útil, que lleva 2000 años funcionando y que es el Evangelio de Jesús. Gracias por el vuestro trabajo y por vuestra presencia. Desde ahora, seguiremos en contacto.

Gracias a vosotros.

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