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Antonio Rodríguez, director de la Fundación San Martín de Porres

Elizabeth Ortega

La fundación San Martín de Porres, con personas LGBT, mujeres en riesgo...

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Antonio Rodríguez: "Atendemos en alojamiento y empleo en torno a 500 personas vulnerables"

"Todos tienen derecho a una segunda oportunidad", cuenta el director del proyecto dominico

Elizabeth Ortega, 24 de junio de 2017 a las 10:54
Se trabaja con servicios de alojamiento, empleo y salud mental, de una forma personalizada y participativa, que estimula una implicación responsable y gradual de la persona a lo largo de las distintas etapas del proceso en el que se le acompaña
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(Elizabeth Ortega, en Tendiendo Puentes).- "Los nadies: los hijos de nadie, los dueños de nada. Sueñan los nadies con salir de pobres, que algún mágico día llueva de pronto la buena suerte...", o se crucen en su camino con personas como Antonio Rodríguez, director de la fundación San Martín de Porres, que son sensibles a la necesidad de darle una respuesta eficaz a los más de 30.000 "sin techo" que hay en España.

Empecemos por 500 en Madrid, que son las personas atendidas anualmente por esta fundación que nace en 1962, por iniciativa de los dominicos y con el Padre Ángel Manzaneque Romero a la cabeza, aunque no se formaliza jurídicamente hasta el año 1967.

"La historia del Albergue de San Martín de Porres y, por ende, de la fundación, va de la mano de la historia de pobreza extrema que se vivía en las masas de población, que se acercaban a Madrid, víctimas del éxodo rural o de aquellos que se quedaron excluidos por cuestiones ideológicas y política: excombatientes de la guerra civil y, en general, víctimas de la contienda del país", nos cuenta Antonio Rodríguez, director de la fundación de los dominicos, de carácter civil, pero cuya presidencia recae en el cardenal D. Carlos Osoro.

"Por entonces en Madrid sólo existía el albergue municipal de San Isidro con un fuerte carácter represivo y el padre Manzaneque, que vino con una sensibilidad muy acusada de Roma, y fue capaz de dar una respuesta incipiente a esta realidad, comprando unos terrenos en los que edificó el albergue que cambió drásticamente con la llegada de la democracia".

A partir de la década de los 70 los retos a los que se tendrían que afrontar serían otros: el desarraigo provocado por la movilidad geográfica, el paro masivo y el aumento del consumo de drogas, modificaron el perfil de las personas que se veían abocadas a la calle y no sería hasta finales del siglo XX, con la incorporación de España en la Unión Europea, cuando se empiezan a diseñar estrategias que iban más allá de los planes de emergencia, para generar proyectos de formación, empleo y modelos de alojamientos alternativos, que les devolvían la dignidad como personas autónomas e insertadas nuevamente en la sociedad.


La obra social de la fundación San Martín de Porres es de una radicalidad extrema, que sorprende en contenido y forma, a favor de las personas sin techo con las que comparten el día a día, sus sueños y frustraciones y con los que trazan un proyecto vital para que se vuelvan a enganchar al carro de la vida.

"Además de la atención a las personas sin hogar, nuestro campo de actuación se está expandiendo -nos comenta con satisfacción Antonio- y se está materializando en diversos proyectos, de carácter europeo, en los que se trabaja con servicios de alojamiento, empleo y salud mental, de una forma personalizada y participativa, que estimula una implicación responsable y gradual de la persona a lo largo de las distintas etapas del proceso en el que se le acompaña, hasta que son capaces de vivir por sí mismos".


En las últimas décadas y especialmente con el cambio de siglo se ha trabajado mucho en el uso del lenguaje para no estigmatizar aún más a los que Eduardo Galeano, uno de los escritores más destacados de la literatura latinoamericana, llamaba "Los nadies", y se desechó cualquier terminología que evocara a mendigos, indigentes o vagabundos para hablar de "sin techos" o "transeúntes", pero sin tener aún claro cómo hablar de este fenómeno en las ciudades del primer mundo, sin que nos genere cierto cargo de conciencia.

Ahora para describir este fenómeno se utiliza el término "sinhogarismo", que tiene cuatro categorías: sin techo, sin vivienda aunque vive en centros, prisiones, refugios..., vivienda insegura o inadecuada como una chabola o piso patera. Estas cuatro clasificaciones ponen el énfasis en una condición coyuntural y no estructural de la persona que está sin hogar, evitando perpetuar esa condición de por vida.

"En la actualidad -relata Antonio- desarrollamos distintos proyectos y programas de acogida y alojamiento. Por una parte está el centro de acogida o albergue "San Martín de Porres" con una capacidad de alojamiento para 62 personas sin hogar, 220 personas atendidas a lo largo del año.


"Por otra parte, en 26 viviendas independientes con 81 plazas de alojamiento, mayoritariamente en habitación individual, estamos desarrollando distintos proyectos específicos para distintos perfiles de personas sin hogar: mujeres con cargas familiares en coordinación con los servicios sociales de Carabanchel (15 plazas), un proyecto piloto de acogida a personas LGTB mayoritariamente "trans" en coordinación con el servicio LGTB de la Comunidad de Madrid (15 plazas), el proyecto "PISOS PLAZA MAYOR" (11 viviendas, 19 plazas) en coordinación con el Ayuntamiento de Madrid damos alojamiento a personas que pernoctaban en la Plaza Mayor pasando directamente de la calle a un piso (HousingFirst) y el resto de viviendas para personas sin hogar que están en un proceso de inserción sociolaboral.

"Y no solo acaba aquí nuestro trabajo sino que para que salgan de la exclusión tenemos que recorrer un itinerario que va desde la formación a la ayuda en la búsqueda activa de empleo, y hemos conseguido colocar incluso en la crisis a más 150 personas. A lo largo de un año, atendemos en nuestros diferentes recursos de alojamiento y empleo en torno a 500 personas".

Los nadies: los ningunos, los ninguneados,
corriendo la liebre, muriendo la vida,
Que no son, aunque sean.
Que no tienen nombre, sino número.


"Pero tienen derecho a una segunda oportunidad -comparte con nosotros Antonio queriéndonos hacer partícipe de la claridad con la que analiza esta tétrica realidad del primer mundo- por eso desde el 2015 estamos adaptando una antigua Casa de Ejercicios de los dominicos en Santander para convertirlo en un hotel rural, acompañado de un proyecto de agricultura ecológica en marcha, gestionado íntegramente por personas sin hogar".

Sigue con su conversación fluida llevándonos mentalmente a una hospedería en el Monasterio Nuestra Señora de Montesclaros, también en Santander, que desde este año 2017 la están llevando también personas sin hogar, en los que se capacitan para el sector servicio, especialmente: conserjería, limpieza y restauración...

La conversación era envolvente como las sábanas que se secaban al aire libre en el patio de la Vía Carpetana, sede de la fundación San Martín de Porres que trabaja por los nadie, aquellos que no figuran en la historia universal, sino en la crónica roja o negra de la prensa local.

Los nadies, que cuestan menos, que la bala que los mata o que el frío que los conduce a un destino que merecía una segunda oportunidad.



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