• Director: José Manuel Vidal
Solidaridad
El Padre Ángel, en la capilla del Humilladero de Fuencarral
En esta Semana Santa, el Papa dijo que quería curas callejeros o a pie de calle. Ésta es una pequeña contribución a esa petición, para intentar evangelizar en el corazón de Madrid

(José M. Vidal).- La madrileña iglesia de San Antón del Padre Ángel florece por Pascua florida. Al árbol frondoso de la parroquia de Mensajeros de la Paz abierta las 24 horas le ha salido un nuevo vástago: la capilla del humilladero de Nuestra Señora de la Soledad, desde ayer abierta al público todo el día y los 365 días del año. "Un oasis de paz, para rezar, escuchar y bendecir", dice el Padre Ángel.

En plena calle Fuencarral, esquina con Augusto Figueroa, en el punto más concurrido de toda la vía, se levanta la capilla del humilladero de Nuestra Señora de la Soledad. Sencilla, de ladrillo visto, pequeña, con apenas 30 metros cuadrados, la capilla ha resistido los embates de la especulación, en pleno corazón de los barrios de Malasaña y Chueca.

Llevaba muchos años cerrada. Apenas se abría ocasionalmente y los vecinos de toda la vida se alegran de que, por fin, puedan entrar en su capilla a cualquier hora del día. Ayer, muchos vecinos se quedaron gratamente sorprendidos de su reapertura. Más de uno se acercaba con lágrimas en los ojos al padre Ángel, para darle las gracias y alegrarse con él "del milagro de ver la capilla abierta".

El objetivo del sacerdotes es convertir el pequeño oratorio en un santuario de oración, recogimiento, escucha y bendición. "En esta sociedad, en la que predomina el ruido, hay mucha gente muy sola. Desde ancianos abandonados y descartados, como dice el Papa, hasta jóvenes que no encuentran sentido a sus existencias o personas heridas por la vida", dice el padre Ángel.

A la espera de los que sufren de soledad, la capilla permanecerá abierta desde las 08:00 de la mañana a las 24:00 de la noche, que concluirá la jornada con una misa diaria. Quizás la única misa que se celebre a diario en Madrid a medianoche.

A cualquier hora del día, pues, la riada de personas que pasa por la calle podrá detenerse ante la capilla, asomarse, lanzar una jaculatoria al hermoso cuadro de la Virgen de la Paloma, que preside el pequeño altar o contemplar la bella talla del Cristo del siglo XVI, que luce en una de sus paredes laterales. Sentarse en uno de sus tres bancos, confesarse o simplemente desahogarse con el confesor en una de las mesas camilla.

Para atender a la capilla, el padre Ángel cuenta con voluntarios de Mensajeros y con sacerdotes voluntarios que le echan una mano pastoralmente. Como el padre Joaquín o el padre Fernando Prado, el director de Publicaciones Claretianas, que señalaba que "la capilla es una presencia de Iglesia en medio de la gente".

"Es un ejemplo práctico de Iglesia abierta en medio e la gente, sin más pretensiones que ofrecer un espacio de oración, de acogida y de ternura", añadía el religioso, todavía emocionado porque, el pasado jueves el Papa Francisco regaló uno de sus libros a todos los sacerdotes de Roma. Y lo mismo hizo el cardenal Osoro, con los sacerdotes madrileños.

"En esta Semana Santa, el Papa dijo que quería curas callejeros o a pie de calle. Ésta es una pequeña contribución a esa petición, para intentar evangelizar en el corazón de Madrid y en una calle por la que pasa una riada de personas de todo tipo y condición", añadía el Padre Ángel.

La pequeña iglesia fue construida por orden de Don Francisco de Feloaga, marqués de Navahermosa, en el año 1812 en un arco que formaba la puerta de sus caballerizas. Al parecer, el señor marqués colgó un cuadro de Nuestra Señora de la Soledad alumbrado por un farolillo que generó gran devoción por parte de los madrileños. Convertido el lugar de culto por aclamación popular, el noble construyó allí la iglesia para que pudiera venerarse la popular imagen religiosa.

En el centro del pequeño altar el cuadro de la Virgen de la Soledad, y la imagen de San Francisco de Paula en la esquina inferior izquierda, en un marco dorado de 1 x 1,40 m. Anónimo, no se sabe con certeza si es el cuadro primitivo, en cualquier caso se cree que se trata de una pintura del siglo XVII.

Junto a ella a la izquierda, el Santísimo Cristo del Consuelo. Benito Pérez Galdós se refiere a él en La Fontana de Oro como el Cristo de las Llagas:

"Vamos al balcón de una amiga nuestra, desde donde se ve todo perfectamente. Estará muy vistoso. De San Antón salen tres imágenes, y dicen que es también muy probable que salga el Cristo de las Llagas de la capilla de Santa María del Arco..."

La imagen del Santísimo Cristo del Consuelo fue restaurada en 1986. Según cuenta Mercedes Gómez, se trata de una talla en madera policromada de tamaño natural, de 1,70 metros de altura, anónimo, del siglo XVI o probablemente del XVII. El historiador Elías Tormo dijo que "parece escultura del siglo XVI" y se preguntaba "¿será el del hermano Domingo Beltrán, de los Abogados?".