• Director: José Manuel Vidal
Solidaridad
Entrevista al presidente de la Comunidad de Sant'Egidio, que cumple 50 años RD
La religión puede contribuir a la humanización de nuestras sociedades europeas, y a una confianza renovada en su futuro, ya que vivimos un presente demasiado influido por eslóganes simplificados y repletos de temor a la globalización

(Francesco Gagliano, corresponsal de RD en el Vaticano).- Europa no ha logrado desarrollar una política común respecto al fenómeno de la migración. Los países del sur de la UE, especialmente España, Italia y Grecia, casi siempre han estado solos en el rescate de personas en el mar.

Mientras tanto, Hungría, Polonia y otros estados se niegan a aceptar acciones de solicitantes de asilo, en contra de los acuerdos de cupos que todos los países de la UE han firmado.

Vivimos un momento muy complejo en Europa. Las noticias más recientes muestran claramente cómo cada país actúa independientemente del otro, lo que genera fricciones y enfrentamientos en el ámbito internacional.

En este contexto, los llamamientos a la responsabilidad y humanidad, lanzados por el Papa y otras guías religiosas, y las propuestas para renovar el sistema de recepción e integración son cada vez más urgentes. En este sector, la Comunidad de Sant'Egidio ha estado a la vanguardia durante 50 años. Este movimiento laico, de inspiración católica, promueve actividades en favor de los marginados, los pobres, los refugiados, todos aquellos que están en la periferia de nuestras sociedades.

A lo largo de este medio siglo, la Comunidad de Sant'Egidio ha promovido numerosas iniciativas y ha llegado a 73 países en todo el mundo. La promoción de la paz, los corredores humanitarios para los refugiados y el apoyo a los pobres son solo algunas de las obras en las que se compromete este movimiento. De estos temas, en la ola del caso del Aquarius, hablamos con el presidente de la Comunidad de Sant'Egidio, Marco Impagliazzo.

 

Marco Impagliazzo, con el Papa Francisco

 

La historia reciente del Aquarius muestra que una política que sea verdaderamente común para Europa en la gestión de los flujos migratorios resulta cada vez más necesaria. ¿Cuál es la solución posible que promueve la Comunidad de Sant'Egidio?

El fenómeno migratorio es complejo y no hay una respuesta única, sino un conjunto de soluciones que puedan combinar el deber de la hospitalidad con la de integración que resulta cada vez más necesario. El modelo de corredores humanitarios, que Sant'Egidio lleva trabajando desde hace más de dos años con diferentes realidades, como las Iglesias protestantes italianas y la Conferencia Episcopal, es una respuesta práctica que ofrece hospitalidad, pero también la seguridad de los refugiados que huyen de las guerras, como sirios, porque evita los viajes de riesgo en el Mar Mediterráneo - como en el caso del Aquarius - sino también a los ciudadanos italianos y europeos que los reciben.

Sin embargo, sería necesario recurrir a otras formas legales de entrada, desde los que proporcionan el trabajo en nuestras familias y en nuestras empresas, a la disminución de la población abandonada. En cuanto a las llegadas en los barcos, junto a la recepción en los puertos sería necesaria una reubicación inmediata desde Italia y Grecia a otros países europeos, para compartir la hospitalidad y la integración. Luego está el gran reto de apoyo empleo de los jóvenes de los países de origen de los migrantes, una inversión en el medio y largo plazo podría contener significativamente el empuje migratorio hacia el Norte.

 

Algunos políticos europeos, en nombre de la defensa de los valores cristianos, asumen actitudes en claro conflicto con el mensaje del Evangelio. ¿Qué contribución puede dar la religión a las elecciones políticas de estos tiempos?

La religión puede contribuir a la humanización de nuestras sociedades europeas, y a una confianza renovada en su futuro, ya que vivimos un presente demasiado influido por eslóganes simplificados y repletos de temor a la globalización. El Papa Francisco dio ejemplo eligiendo hacer su primer viaje apostólico a la isla de Lampedusa, e invitando a las comunidades cristianas a acoger e integrar a los inmigrantes, y oponerse a la globalización de la indiferencia. Los políticos europeos que se refieren a estos valores, como todos los cristianos, deben mirar su mensaje, lleno de esperanza evangélica, contra una resignación demasiado frecuente y generalizada.

 

Este año la Comunidad de Sant'Egidio cumple 50 años, desde el pequeño núcleo inicial de Roma se ha expandido por todo el mundo. ¿Cómo creció en este medio siglo y cuáles son los nuevos desafíos que se ven en el horizonte?

Es difícil hablar de una historia de 50 años en algunos bares. Pero lo que más nos importa no es celebrar el pasado, sino mirar al futuro con fe: trabajar para construir ciudades más humanas, donde los pobres sean bienvenidos y amados, considerados personas y no problemas, donde las personas mayores no estén condenadas a la soledad y los jóvenes a la irrelevancia, pero sobre todo con personas comprometidas en la construcción de la paz donde todavía hay guerra y violencia. En otras palabras, seguir creyendo que todo puede cambiar, comenzando desde uno mismo, para transformar el mundo. Ésta es la tarea confiada a los cristianos por el Evangelio.