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Procesión de las Antorchas en Lourdes

La ciudad de las apariciones, receptora emblemática de turismo religioso

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Arranca la temporada 2015 del viaje 'Ave María' a Lourdes

Agua bendita, fuego nocturno, aire pirenaico y tierra verde del valle francés

Lucía López Alonso, 14 de abril de 2015 a las 09:07
Por las calles de Lourdes se ven personas de las que no sólo se puede conocer las apariencias sino las esperanzas
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Gruta de las apariciones: 'Yo soy la Inmaculada Concepción'

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Basílica Subterránea Pío X

  • Gruta de las apariciones: 'Yo soy la Inmaculada Concepción'
  • Basílica Subterránea Pío X

(Lucía López Alonso).-Este pasado fin de semana se inauguró la temporada 2015 de los viajes Ave María a Lourdes. El Ave María es un paquete vacacional formado por los trenes Ave de la Renfe (de Madrid a Huesca o de Sevilla a Formigal), la empresa transportista de José Luis Vallés Gállego, que ofrece el autobús de Alosa, del Grupo Avanza, que, desde la estación de tren, atraviesa el pre-Pirineo y todos esos Pirineos españoles que separan Irún de Girona -albergando parques faunísticos, lagunas y pueblos repoblados gracias a campos de trabajo- y deja al viajero en las puertas de su hotel (del grupo Lourdes Sanctuaries Hotels, el tercer integrante del Ave María) en Lourdes, la ciudad de las peregrinaciones.

Quien viaja por primera vez a Lourdes no necesita siquiera haber llegado a Lourdes, sino pararse en una venta en el camino para comprar queso o foi-gras, sentir la luz del sol bajando a calentar la nieve o contemplar la vista tras la subida del autocar para darse cuenta de que va a experimentar un viaje dentro del viaje. Un viaje de los sentidos, a través de los cuatro elementos naturales, pero sobre todo un viaje del espíritu.

De lo humano a lo divino: los santuarios de Lourdes

Corría el año 1858. Bernadette Soubirous, una niña analfabeta, estaba recogiendo madera cerca de la gruta de Massabielle cuando se le apareció una mujer vestida de blanco. Hicieron falta unas pocas apariciones más para que la dama se presentara ("Yo soy la Inmaculada Concepción") y Bernadette memorizara sus palabras y las diera a conocer al cura de su parroquia, quien descartó que el testimonio de la joven fuera invención simplemente porque hacía muy poco tiempo que se había reconocido el dogma, y la pequeña iletrada no sabía de doctrina teológica: sólo que había conocido a la Virgen y que su presencia la ayudaría siempre. A ella y a su también pequeña y femenina ciudad.

Fueron dieciocho en total las apariciones, y entonces la gruta se convirtió en santuario. Según el deseo expresado por la Virgen María a Bernadette, los curas organizaron procesiones y construyeron una capilla. En 1866, antes de que ella partiera a Nevers, se bendijo la cripta, encima de la ruta, y en 1871 se erigió, para poder acoger a los infinitos peregrinos que ya llegaban a la ciudad, la basílica de la Inmaculada Concepción, llamada "basílica superior".

Este complejo de santuarios se completó en 1958 con la obra del arquitecto Pierre Vago: la basílica subterránea San-Pío X, tan grande como un estadio y tan despojada de todo lo que le quite espacio a los fieles como una nave industrial. Moderna y minimalista, fue construida según la técnica con la que se construyen los puentes, y cuando se escucha en su interior una misa políglota (Lourdes, como la catedral de Santiago, tiene en su plaza un edificio con confesionarios en todos los idiomas), se entiende la metáfora del puente: en Lourdes, que recibe cada temporada más de 6 millones de viajeros procedentes de más de 140 países, la espiritualidad es multilingüe porque en realidad a lo inaprensible le sobran las palabras. Pueden ser Om, Amor, Amén, Tao: todo decir es exuberante, como escribió Ortega y Gasset. Por eso siempre está de más, sobre todo en materia de fe.

De lo humano de una muchacha a lo divino de la Virgen María; de lo humano de la solidez de una arquitectura a lo divino de hacerla sagrada, dicen que Lourdes tiene un aura. Que muestra la eternidad al que da la espalda al caos de las maniobras del mundo contemporáneo y se acerca, por curiosidad, devoción o superación, a la ciudad de los milagros.

Ofrenda a los enfermos: esperanza para la diferencia

En todos los santuarios de peregrinación (Fátima, Montserrat...) se ven y venden exvotos por todas partes. No sucede así en Lourdes, donde parece que la persona que pide por su salud no ha de realizar la ofrenda, sino recibirla: Lourdes es la ciudad con más capacidad hotelera de Francia después de París porque es una ciudad casi sin población fija, enteramente ofrecida y consagrada a los enfermos, que acuden a ella en grandes grupos (de comunidades religiosas o personas con discapacidad física e intelectual) o acompañados de sus familiares.

Enfrente del altar de la gruta, donde se realizan eucaristías durante todo el día bajo la imagen de la Inmaculada, existe un hospital donde los enfermos más terminales o dependientes pueden internarse y recibir atención médica y hasta un Vía Crucis para enfermos, más fácilmente transitable, realizado por un artista contemporáneo. Todos los hoteles están adaptados a las necesidades especiales de los visitantes y en las calles de Lourdes las sillas de ruedas, las cabecitas ladeadas, los rasgos rasgados por la diferencia afortunadamente no son sillas, rostros diferentes o problemas, sino personas de las que no sólo se puede conocer las apariencias sino las esperanzas. No hace falta explicar nada. Todos los anhelos llevan a uno solo.

Agua: del bucle del río Gave al santuario "submarino"

Símbolo de purificación en todas las culturas, el agua de Lourdes se considera bendita desde que Bernadette la descubrió manar de la gruta de las apariciones. Los peregrinos la toman de los grifos -las tiendan de souvenirs venden todo tipo de garrafas y botellas- y los que desean recuperar su salud se bañan en las pozas: piscinas donde se somete al que lo desea a una breve inmersión en un agua que cuenta con numerosos milagros de sanación en su historia de colas de personas esperando su turno. Un gesto repetido que nunca se repite, que siempre es distinto.

Este agua también resulta terapéutica para los que no creen en milagros y en apariciones, sino en las propiedades del agua de la zona termal del sur de Francia dentro de la que Lourdes está inscrita: atravesado por el río Gave de Pau, en el cruce de los valles de Argelès-Gazost, Luz-Saint-Sauveur y Cauterets, Lourdes es una etapa de los turistas agüistas.

Por último, el llamado Santuario Subterráneo para algunos tiene forma de pez -en su interior, las columnas imitan el esquema de las branquias de los animales marinos- y para otros de barca del revés. Una barca que, como la peana del mundo de Piero Manzoni, quizá esté surcando el aire.

Aire: Lourdes abierta al mundo. Edificios y naturaleza para la ascensión

También el interior de ese santuario parece el esqueleto de un aeropuerto. Y es que sin duda el viajero que accede a Lourdes tiene también la oportunidad de llegar más alto que la punta de la torre del famoso Santuario de Nuestra Señora de Lourdes: visitar el castillo fortaleza de la ciudad, sobre un cerro, o pasar la tarde en el Pic di Midi, a 2.000 metros de altitud. Cruzando el cielo en un funicular, el viajero habrá subido las tres cuartas partes que los ciclistas recorren en el Tour Malet, llegando al Museo y al Observatorio, donde por encima de la ciencia está el sol, la niebla, el panorama. Un café y una foto para persuadirse de lo que siempre ha estado escrito y María Teresa León declamó sobre un escenario: Toda poesía es una nevada que hay que vivir.

De vuelta de los Pirineos, recordará el viajero esta vivencia al contemplar el trenecito de Artust (el tren más alto de Europa, sobre una pista de esquí).

Tierra: el fuego blanco del pirineismo

No sólo para ciclistas, sino para deportistas en general (el BTT, la pesca o también el piragüismo pueden practicarse en los pueblos aledaños a Lourdes) el destino que propone el paquete Ave María es excelente, porque puede practicarse sobre todo senderismo (hacer la ruta botánica de otro pico, el Pic du Jer, salpicada de boj, de espino blanco, de pequeñas retamas, de avellanos...), montar en bicicleta por la llana Vía Verde del Gave o sencillamente hacer una inmersión en los paisajes y en su pastoralismo; fotografiar la línea del horizonte de las casas de la región de Bigorre, abastecidos sus tejados de la pizarra de las canteras de las que vive la población pirenaica, su fondo de nieve cosida a la montaña.

El río, el trenecito de Lourdes o el teleférico del Pic di Midi dejan que los niños metan las manos en la naturaleza, y por último el Parc Animalier des Pyrénées, en Argelès, muy cerca de Lourdes también, les permite descubrir más de cien especies del mundo animal en catorce hectáreas.

Galos, romanos, bárbaros y moros fortificaron sucesivamente la roca de Lourdes, una tierra que tiene Historia pero que no ha perdido la autenticidad de la naturaleza de antes de cualquier cronograma.

Fuego: la espiral de la espiritualidad

Con sus guantes de cuero y sus delantales azules, los feutiers son los encargados de prender los cirios del tamaño que dura un año y reciclar la cera de las velas de ofrendas que se van fundiendo al lado de la gruta del santuario de Lourdes. Pero, más allá de las dos toneladas de velas que se almacenan anualmente en la ciudad -cuyos comercios, de nuevo, las venden e incluso los hoteles las regalan-, todo es luz en Lourdes o vive de ella: de las gemas y esmaltes traslucidos de las vidrieras sagradas al oro de los mosaicos bizantinos -que representan los cinco misterios luminosos, por encargo del Papa Juan Pablo II- en el pórtico del Santuario de Nuestra Señora de Lourdes. La fachada da acceso al interior del templo por dos puertas: una la de la vida, la otra la de la luz.

Pero sin duda es la Procesión de las Antorchas, que tiene lugar cada noche a las 21h, de abril a octubre , el espectáculo más brillante de la ciudad: Miles de personas acuden con su llama a procesionar los misterios del Rosario, creando con su paso en la plaza del santuario, donde luego se oficia la misa, una serpiente de fuego, una espiral de luz en movimiento que hace sentir al visitante un impresionante placer estético. Como un círculo infinito en el que el Todo se manifiesta inmenso, la procesión demuestra que el mundo existe por ritmos, que en cada cosa (una lucecita, un fueguecito) está la eternidad y que quizá, para conocer lo bello (de la luz) haya que conocer lo feo (de la oscuridad de la enfermedad).

El Ave María sale cada viernes y regresa cada domingo ofreciendo a sus viajeros la posibilidad de conocer Lourdes y todo lo que rodea esta ciudad de la esperanza donde el aire es el dialecto, la luz del fuego la espiración del espacio, el agua, medicina y mediación, y todas las cosas de la tierra lo que puede poseer el que viene nada más que poseyendo un deseo.



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