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Benedicto con seminaristas

Carta de Benedicto XVI a los seminaristas, en la que les habla de integrar su sexualidad

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Papa: Los "reprobables" casos de pederastia "no pueden desacreditar" el celibato

"Algunos sacerdotes han desfigurado su ministerio al abusar sexualmente de niños y jóvenes"

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Redacción, 18 de octubre de 2010 a las 18:05

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Los sacerdotes son necesarios porque los hombres tienen necesidad de Dios

El Papa Benedicto XVI dijo este lunes que los abusos de pederastia cometidos por religiosos, "que son absolutamente reprobables, no pueden desacreditar la misión sacerdotal, que conserva toda su grandeza y dignidad", y aseguró también que en la vida célibe se puede vivir "una humanidad auténtica, pura y madura".

En una larga carta que dirigió a los seminaristas con motivo del Año Sacerdotal, el Pontífice dedica numerosos párrafos a hablar sobre la sexualidad, el celibato y los polémicos casos de pedofilia ocurridos en el seno de la Iglesia católica.

"Recientemente hemos constatado con gran dolor que algunos sacerdotes han desfigurado su ministerio al abusar sexualmente de niños y jóvenes. Debido a esto, muchos podrán preguntarse, quizás también ustedes, si vale la pena ser sacerdote; si es sensato encaminar la vida por el celibato".

"Todos conocemos sacerdotes convincentes, forjados por su fe, que dan testimonio de cómo en este estado, en la vida célibe, se puede vivir una humanidad auténtica, pura y madura", declaró el Papa, que llamó a los seminaristas a estar "vigilantes y atentos", examinándose cuidadosamente, "delante de Dios, en el camino hacia el sacerdocio", para ver si es ésta su voluntad para ellos.

En el texto el Santo Padre recuerda que los años del seminario deben ser un "periodo de maduración humana. Para el sacerdote, que deberá acompañar a otros en el camino de la vida y hasta el momento de la muerte, es importante que haya conseguido un equilibrio justo entre corazón y mente, razón y sentimiento, cuerpo y alma, y que sea humanamente ‘íntegro'".

"La tradición cristiana siempre ha unido las ‘virtudes teologales' con las ‘virtudes cardinales', que brotan de la experiencia humana y de la filosofía, y ha tenido en cuenta la sana tradición ética de la humanidad. Pablo dice a los Filipenses de manera muy clara: ‘Finalmente, hermanos, todo lo que es verdadero, noble, justo, puro, amable, laudable, todo lo que es virtud o mérito, tenedlo en cuenta'".

En este contexto, prosigue el Papa, "se sitúa también la integración de la sexualidad en el conjunto de la personalidad. La sexualidad es un don del Creador, pero también una tarea que tiene que ver con el desarrollo del ser humano. Cuando no se integra en la persona, la sexualidad se convierte en algo banal y destructivo. En nuestra sociedad actual se ven muchos ejemplos de esto".

El Papa concluye este punto de la madurez humana y sexual de los seminaristas precisando que "es tarea de los confesores y de vuestros superiores acompañaros y ayudaros en este proceso de discernimiento. Un elemento esencial de vuestro camino es practicar las virtudes humanas fundamentales, con la mirada puesta en Dios manifestado en Cristo, dejándonos purificar por Él continuamente".

En su carta enviada hoy a los seminaristas de todo el mundo, el Papa Benedicto XVI explica que en el mundo de hoy marcado por el predominio tecnológico y la globalización, "sí tiene sentido ser sacerdote: el mundo, mientras exista, necesita sacerdotes y pastores, hoy, mañana y siempre" porque el ser humano necesita de Dios y el presbítero es "el mensajero de Dios entre los hombres".

En el día en que la Iglesia recuerda a San Lucas el evangelista y tras la conclusión del Año Sacerdotal, el Santo Padre relata que cuando en 1944 fue llamado al servicio militar le preguntaron qué quería ser en el futuro. Él contestó que quería ser sacerdote católico y le dijeron que "entonces tiene usted que buscarse otra cosa. En la nueva Alemania ya no hay necesidad de curas".

Ante "las devastaciones tan enormes que aquella locura había traído al País, habría más que nunca necesidad de sacerdotes", prosigue el Papa. "Hoy la situación es completamente distinta. Pero también ahora hay mucha gente que, de una u otra forma, piensa que el sacerdocio católico no es una ‘profesión' con futuro, sino que pertenece más bien al pasado".

Dirigiéndose a los seminaristas, Benedicto XVI afirma que los sacerdotes son necesarios porque los hombres tienen necesidad de Dios, "del Dios manifestado en Jesucristo y que nos reúne en la Iglesia universal, para aprender con Él y por medio de Él la vida verdadera, y tener presentes y operativos los criterios de una humanidad verdadera".

"Donde el hombre ya no percibe a Dios, la vida se queda vacía; todo es insuficiente. El hombre busca después refugio en el alcohol o en la violencia, que cada vez amenaza más a la juventud. Dios está vivo. Nos ha creado y, por tanto, nos conoce a todos. Es tan grande que tiene tiempo para nuestras pequeñas cosas: ‘Hasta los pelos de vuestra cabeza están contados'. Dios está vivo, y necesita hombres que vivan para Él y que lo lleven a los demás. Sí, tiene sentido ser sacerdote: el mundo, mientras exista, necesita sacerdotes y pastores, hoy, mañana y siempre".

A continuación el Papa explica una serie de características que debe tener quien desea ser sacerdote, comenzando por ser "un hombre de Dios" que siendo su mensajero entre los hombres se entregue constantemente a la oración: "Por esto es importante que el día se inicie y concluya con la oración. Que escuchemos a Dios en la lectura de la Escritura. Que le contemos nuestros deseos y esperanzas, nuestras alegrías y sufrimientos, nuestros errores y nuestra gratitud por todo lo bueno y bello, y que de esta manera esté siempre ante nuestros ojos como punto de referencia en nuestra vida".

"Así -dijo- nos hacemos más sensibles a nuestros errores y aprendemos a esforzarnos por mejorar; pero, además, nos hacemos más sensibles a todo lo hermoso y bueno que recibimos cada día como si fuera algo obvio, y crece nuestra gratitud. Y con la gratitud aumenta la alegría porque Dios está cerca de nosotros y podemos servirlo".

El Papa se refirió luego a la centralidad de la Eucaristía y la liturgia, que "debe modelar de verdad toda nuestra vida con el esplendor de su amor divino. Para celebrar bien la Eucaristía, es necesario también que aprendamos a conocer, entender y amar la liturgia de la Iglesia en su expresión concreta. En la liturgia rezamos con los fieles de todos los tiempos: pasado, presente y futuro se suman a un único y gran coro de oración. Por mi experiencia personal puedo afirmar que es entusiasmante aprender a entender poco a poco cómo todo esto ha ido creciendo, cuánta experiencia de fe hay en la estructura de la liturgia de la Misa, cuántas generaciones con su oración la han ido formando".

Seguidamente destaca la importancia del sacramento de la Penitencia que "me enseña a mirarme con los ojos de Dios, y me obliga a ser honesto conmigo mismo. Me lleva a la humildad" en donde se aprende de manera encarnada la misericordia de Dios pues "Dios siempre está dispuesto al perdón y así "aprendo también a perdonar a los demás. Reconociendo mi miseria, llego también a ser más tolerante y comprensivo con las debilidades del prójimo".

Tiempo de estudio

Luego de alentar el aprecio de la piedad popular, el Papa resalta que el tiempo del seminario es fundamentalmente para el estudio y exhorta a los seminaristas: "Os ruego encarecidamente: Estudiad con tesón. Aprovechad los años de estudio. No os arrepentiréis. Es verdad que a veces las materias de estudio parecen muy lejanas de la vida cristiana real y de la atención pastoral".

"Sin embargo, es un gran error plantear de entrada la cuestión en clave pragmática: ¿Me servirá esto para el futuro? ¿Me será de utilidad práctica, pastoral? Desde luego no se trata solamente de aprender las cosas meramente prácticas, sino de conocer y comprender la estructura interna de la fe en su totalidad, de manera que se convierta en una respuesta a las preguntas de los hombres, que aunque aparentemente cambian en cada generación, en el fondo son las mismas".

En esta estudio, también tiene un rol primordial "conocer a fondo la Sagrada Escritura en su totalidad, en su unidad entre Antiguo y Nuevo Testamento: la formación de los textos, su peculiaridad literaria, la composición gradual de los mismos hasta formar el canon de los libros sagrados, la unidad de su dinámica interna que no se aprecia a primera vista, pero que es la única que da sentido pleno a cada uno de los textos" así como conocer el magisterio y las enseñanzas fundamentales de la Iglesia.

Luego de comentar que también es necesario entender la filosofía para comprender "la búsqueda y de las preguntas del hombre, a las que la fe quiere dar respuesta", Benedicto XVI subraya la importancia de conocer el derecho canónico y resalta que "sin la Iglesia que cree, la teología deja de ser ella misma y se convierte en un conjunto de disciplinas diversas sin unidad interior".

El Papa Benedicto se refiere luego al origen de las vocaciones que ahora son más diversos y variados que en el pasado, y explica que es necesario que el seminario debe considerarse una "comunidad en camino por encima de las diversas formas de espiritualidad. Los movimientos son una cosa magnífica. Sabéis bien cuánto los aprecio y quiero como don del Espíritu Santo a la Iglesia. Sin embargo, se han de valorar según su apertura a la común realidad católica, a la vida de la única y común Iglesia de Cristo, que en su diversidad es, en definitiva, una sola. El seminario es el periodo en el que uno aprende con los otros y de los otros".

Tras alentar a la tolerancia para avanzar generosamente en el camino del seminario, el Santo Padre comenta que con estas líneas "he querido mostraros lo mucho que pienso en vosotros, especialmente en estos tiempos difíciles, y lo cerca que os tengo en la oración".

"Rezad también por mí, para que pueda desempeñar bien mi servicio, hasta que el Señor quiera. Confío vuestro camino de preparación al sacerdocio a la maternal protección de María Santísima, cuya casa fue escuela de bien y de gracia. A todos os bendiga Dios omnipotente, Padre, Hijo y Espíritu Santo", concluye.

Un recuerdo personal

Para motivar a los futuros sacerdotes, Benedicto XVI relató también a los seminaristas parte de su propia experiencia en esta vocación: "En diciembre de 1944, cuando me llamaron al servicio militar, el comandante de la compañía nos preguntó a cada uno qué queríamos ser en el futuro. Respondí que quería ser sacerdote católico".

"El subteniente replicó: 'Entonces tiene usted que buscarse otra cosa. En la nueva Alemania ya no hay necesidad de curas'. Yo sabía que esta 'nueva Alemania' estaba llegando a su fin y que, después de las devastaciones tan enormes de aquella locura, habría más que nunca necesidad de sacerdotes", declaró.

"Los hombres, en la época del dominio tecnológico del mundo y de la globalización, también seguirán teniendo necesidad de Dios, del Dios manifestado en Jesucristo y que nos reúne en la Iglesia universal", lo que -a su juicio- da sentido y relevancia a la vida religiosa.

 


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