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Religión Digital

UN joven saluda al Papa en la Plenaria del pontificio consejo de la Cultura

Denuncia la "invisibilidad" de los jóvenes en los procesos históricos

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Benedicto XVI: "Una sociedad que margina a los jóvenes no tiene futuro"

Expresó su preocupación y la de toda la Iglesia por la denominada "emergencia educativa"

Redacción, 07 de febrero de 2013 a las 16:00

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Alaba sus "esfuerzos para construir, en muchas partes del mundo, sociedades que respeten la libertad y la dignidad de todos"
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El Papa en San Siro con los jóvenes

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Los jóvenes del papa en San Siro

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El papa Benedicto XVI dijo hoy que "la incertidumbre y la fragilidad que caracterizan a tantos jóvenes a menudo les empujan a la marginalidad y les hace casi invisibles y ausentes en los procesos culturales e históricos de las sociedades".

El papa recibió hoy a los participantes en la asamblea plenaria del Consejo Pontificio para la Cultura, presidido por Gianfranco Ravasi cuyo tema es: "Las culturas juveniles emergentes".

El Pontífice se refirió al clima de inestabilidad que afecta a la esfera cultural, política y económica, esta última caracterizada por las dificultades de los jóvenes para encontrar un trabajo, con las repercusiones psicológicas y sociológicas comporta.

"La incertidumbre y la fragilidad que caracterizan a tantos jóvenes a menudo los empujan a la marginalidad, por lo que son casi invisibles y (están) ausentes en los procesos culturales e históricos", sostuvo.

La esfera afectiva y emocional de los jóvenes se ve fuertemente afectada por este clima "que da origen a fenómenos aparentemente contradictorios, como la exposición de la vida privada y la autosuficiencia narcisista", aseveró el Obispo de Roma.

Sin embargo, no faltan los datos positivos, como el voluntariado, "las experiencias de fe sincera y profunda, (..) los esfuerzos para construir, en muchas partes del mundo, sociedades que respeten la libertad y la dignidad de todos, empezando por los más pequeños y más débiles".

Para el Papa las culturas juveniles, como resultado, se convierten en "emergentes" en el sentido de que muestran una profuda necesidad, una petición de ayuda o incluso una "provocación" que no puede ser ignorada o descuidada, tanto por la sociedad civil y la comunidad eclesial.

Expresó su preocupación y la de toda la Iglesia por la denominada "emergencia educativa", que sin duda debe ser acompañada por otras "emergencias" que afectan a las diferentes dimensiones de la persona y sus relaciones fundamentales.

"Si los jóvenes no progresan más -manifestó -, si no se introducen en las dinámicas históricas su energía, su vitalidad, su capacidad de anticipar el futuro, nos encontraremos con una humanidad vuelta hacia sí misma, carente de confianza y sin mirada positiva hacia el futuro". (RD/Agencias)

 

Texto completo de la alocución del Santo Padre

Queridos Amigos:

Estoy verdaderamente feliz de encontraros en la apertura de los trabajos de la Asamblea Plenaria del Pontificio Consejo para la Cultura, en la que estaréis empeñados en comprender y profundizar, desde diversas perspectivas, las "culturas juveniles emergentes". Saludo cordialmente al Presidente, Cardenal Gianfranco Ravasi, y le agradezco por las amables palabras que me ha dirigido en nombre de todos vosotros. Saludo a los Miembros, los Consultores y todos los Colaboradores del Dicasterio, deseando un proficuo trabajo, que ofrecerá una contribución útil para la acción que la Iglesia desarrolla frente a la realidad juvenil; una realidad, como se ha dicho, compleja y articulada, que no debe más ser comprimida al interno de un universo cultural homogéneo, si no en un horizonte que puede definirse "multiverso", o sea determinado de una pluralidad de visiones, de perspectivas, de estrategias. Por esto es oportuno hablar de "culturas juveniles", considerando que los elementos que distinguen y diferencian los fenómenos y los ámbitos culturales prevalecen sobre aquellos, si bien presentes, que en cambio los acomunan. Numerosos factores concurren, de hecho, a diseñar un panorama cultural cada vez más fragmentado y en continua, velocísima evolución, al que ciertamente no son extraños los medios de comunicación social, los nuevos instrumentos de comunicación que favorecen y, a veces, provocan ellos mismos continuos y rápidos cambios de mentalidad, de costumbres, de comportamiento.

Se confirma, así, un clima difundido de inestabilidad que toca el ámbito cultural, como también el político y económico - este último marcado además por la dificultad de los jóvenes de encontrar trabajo - para incidir sobre todo a nivel psicológico y relacional. La incertidumbre y la fragilidad que connota a tantos jóvenes no raramente los empujan a la marginalidad, los hace casi invisibles y ausentes en los procesos históricos y culturales de las sociedades. Y siempre más frecuentemente fragilidad y marginalidad desembocan en fenómenos de dependencia de las drogas, de desviación, de violencia. La esfera afectiva y emotiva, el ámbito de los sentimientos así como el de la corporeidad, están fuertemente interesados por este clima y de la temperie cultural que resulta, expresada, por ejemplo, por fenómenos aparentemente contradictorios, como el ostentar públicamente la vida íntima y personal y el ensimismamiento individualista y narcisista en las propias necesidades e intereses. También la dimensión religiosa, la experiencia de fe y la pertenencia a la Iglesia son a menudo vividas en una perspectiva privatista y emotiva.

Sin embargo, no faltan fenómenos decididamente positivos. Los impulsos generosos y valientes de tantos jóvenes voluntarios que dedican a los hermanos más necesitados sus mejores energías; la experiencia de fe sincera y profunda de tantos muchachos y muchachas que con gozo testimonian su pertenencia a la Iglesia; los esfuerzos cumplidos para construir, en tantas partes del mundo, sociedades capaces de respetar la libertad y la dignidad de todos, comenzando por los más pequeños y débiles. Todo esto nos consuela y nos ayuda a trazar un cuadro más preciso y objetivo de las culturas juveniles. Por lo tanto, no nos podemos contentar con interpretar los fenómenos culturales juveniles según paradigmas consolidados, pero ya convertidos en lugares comunes, o analizarlos con métodos que ya no son útiles, partiendo de categorías culturales superadas y no adecuadas.

En definitiva, nos encontramos ante una realidad compleja como nunca pero también fascinante, que va comprendida de manera profunda y amada con gran espíritu de empatía, una realidad de la cual es necesario saber captar con atención las líneas de fondo y los desarrollos. Observando, por ejemplo, a los jóvenes de tantos Países del llamado "Tercer mundo", nos damos cuenta de que ellos representan, con sus culturas y con sus necesidades, un desafío a la sociedad del consumismo globalizado, a la cultura de los privilegios consolidados, de la que beneficia un estrecho círculo de la población del mundo occidental. Consecuentemente, las culturas juveniles se vuelven "emergentes" también en el sentido que manifiestan una necesidad profunda, una solicitud de ayuda o totalmente una "provocación", que no puede ser ignorada o descuidada ya sea por la sociedad civil que por la Comunidad eclesial. Varias veces he manifestado, por ejemplo, mi preocupación y la de toda la Iglesia por la denominada "emergencia educativa", a la que seguramente van sumadas otras "emergencias", que tocan las diversas dimensiones de la persona y sus relaciones fundamentales y a las que no se puede responder de forma evasiva y banal. Pienso, por ejemplo, en la creciente dificultad en el campo del trabajo o a la fatiga a ser fieles a las responsabilidades asumidas. Derivará, para el futuro del mundo y de toda la humanidad, un empobrecimiento no solo económico y social sino sobre todo humano y espiritual: si los jóvenes no esperasen y no progresasen más, si en las dinámicas históricas no insertasen su energía, su vitalidad, su capacidad de anticipar el futuro, nos encontraríamos con una humanidad encerrada en sí misma, privada de confianza y de una mirada positiva hacia el mañana.

Si bien consientes de las tantas situaciones problemáticas, que tocan también el ámbito de la fe y de la pertenencia a la Iglesia, queremos renovar nuestra confianza en los jóvenes, reafirmar que la Iglesia mira a su condición, a sus culturas, como a un punto de referencia esencial e ineludible para su acción pastoral. Por esto quisiera nuevamente retomar algunos pasajes significativos del Mensaje que el Concilio Vaticano II dirigió a los jóvenes, para que sea un motivo de reflexión y de estímulo para las nuevas generaciones. Ante todo se afirmaba: «La Iglesia os mira con confianza y con amor... Ella posee aquello que hace la fuerza o la belleza de los jóvenes: la capacidad de alegrarse por aquello que comienza, de darse sin condición, de renovarse y de volver a partir hacia nuevas conquistas». Luego el Venerable Pablo VI dirigía este llamamiento a los jóvenes del mundo: «Es en nombre de este Dios y de su Hijo Jesús que nosotros os exhortamos a ensanchar vuestros corazones según las dimensiones del mundo, a entender el llamado de vuestros hermanos, y a poner valientemente vuestras juveniles energías a su servicio. Luchad contra todo egoísmo. Rechazad el dar libre curso a los instintos de la violencia y del odio, que generan las guerras y su triste cortejo de miserias. Sed generosos, puros, respetuosos, sinceros ¡Y construid en el entusiasmo un mundo mejor que el actual!».

También yo quiero repetirlo con fuerza: la Iglesia tiene confianza en los jóvenes, espera en ellos y en sus energías, necesita de ellos y de su vitalidad, para continuar a vivir con renovada fuerza la misión confiada por Cristo. Deseo vivamente que el Año de la fe sea, también para las jóvenes generaciones, una preciosa ocasión para rencontrar y reforzar la amistad con Cristo, de la cual hacer brotar el gozo y el entusiasmo para transformar profundamente las culturas y las sociedades.

Queridos amigos, agradeciendo por el compromiso que con generosidad ponéis al servicio de la Iglesia, y por la particular atención que dirigís a los jóvenes, os imparto de corazón mi Bendición Apostólica.

 



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