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Religión Digital

El Papa Francisco

"No vino al mundo por los justos, sino por los pecadores"

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Papa Francisco: "El mensaje más fuerte de Jesús es la misericordia"

El Papa habla en su homilía de la parábola del fariseo

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Redacción, 17 de marzo de 2013 a las 11:51
Él nunca se cansa de perdonar, somo nosotros los que nos cansamos de pedirle perdón
Parroquia de Santa Ana, en el Vaticano/>

Parroquia de Santa Ana, en el Vaticano

  • Parroquia de Santa Ana, en el Vaticano

El papa Francisco dijo hoy que el gran mensaje de Dios es la misericordia y que Jesús no ha venido al mundo por los justos, sino por los pecadores.

"También nosotros somos como ese pueblo que de una parte nos gustar escuchar a Jesús, pero a otra parte nos gustar criticar a los otros, condenar a los otros. El mensaje de Jesús es la misericordia", dijo Francisco en la misa que oficia en la parroquia de Santa Ana, en el Vaticano, antes de que desde la plaza de san Pedro rece el ángelus, el primero del pontificado.

El papa Bergoglio agregó: "lo digo humildemente, el mensaje más fuerte del Señor es la misericordia".

El obispo de Roma recordó que Jesús vino a este mundo "no por los justos, ya que se justifican por ellos mismos, sino por los pecadores".

Se refirió a la parábola del fariseo ante el altar, cuando agradecía no ser como los otros, como el publicano y dijo que si somos así "no conocemos el corazón del Señor, y jamás tendremos la alegría de conocer esa misericordia".

"No es fácil abandonarse a la misericordia de Dios porque es una infinidad incomprensible, pero debemos hacerlo. El Señor tiene una gran capacidad para olvidar, para perdonar. No se cansa de perdonar, somos nosotros los que nos cansamos de pedirle perdón. Pidámosle perdón. El no se cansa de perdonar", manifestó.

Durante la misa se pidió por el nuevo papa y por la Iglesia.

Concluida la ceremonia, Francisco presentó a los fieles a un sacerdote de Uruguay, Gonzalo, presidente del Liceo Jubilar Juan Pablo II, que trabaja en la recuperación de niños de la calle y su integración en la sociedad y en el mundo del trabajo.

A su llegada a la pequeña iglesia del Vaticano y a la salida Francisco saludó a las personas que asistieron a la misa, estrechó manos, los besó, acarició y besó a niños. Para todos tuvo unas palabras de aliento y les pidió que recen por él. Todo en un ambiente de extrema cordialidad.

El papa concelebró con dos cardenales, el italiano Angelo Comastri, arcipreste de la basílica de San Pedro y Prosper Grech, el purpurado octogenario maltés que pronunció la última meditación en el cónclave donde fue elegido.

Antes de entrar en la iglesia, se asomó a la calle, que está a pocos metros de la columnata de la plaza de San Pedro y saludó a la gente que se encontraba en el lugar.

A mediodía se asomará a la venta del apartamento papal que da a la plaza de san Pedro para el ángelus dominical, al que se espera asistan miles de fieles.

Texto completo de la homilía del Santo Padre:

Esto es bello. Primero Jesús solo en el monte, rezando. Oraba solo. Después fue nuevamente al templo, y todo el pueblo iba con Él. Jesús en medio del pueblo. Y después, al final, lo dejaron solo, con la mujer. Pero esa soledad de Jesús, es una soledad fecunda: aquella de la oración con el Padre y esa tan bella, que es precisamente el mensaje de hoy de la Iglesia, la de su misericordia con esta mujer. También, hay una diferencia entre el pueblo: "Todo el pueblo iba hacia Él; Él se sentó y se puso a enseñarles": el pueblo que quería sentir las palabras de Jesús. El pueblo de corazón abierto, necesitado de la Palabra de Dios. Había otras personas que no sentían nada: ¡no podían sentir! Y son los que llevaron a la mujer. "Escucha, Maestro, esta es una tal y cual... Debemos hacer lo que Moisés nos ha mandado hacer con estas mujeres así".

También nosotros, creo que somos este pueblo que, por una parte quiere escuchar a Jesús, pero por otra parte a veces nos gusta bastonear a los demás, ¿no?, condenar a los demás.

Y el mensaje de Jesús es éste: la misericordia. Para mí, lo digo humildemente, es el mensaje más fuerte del señor: la misericordia. Él mismo lo ha dicho: "No he venido por los justos: los justos se justifican solos. Bendito el Señor: si tú puedes hacerlo, yo no puedo hacerlo. Pero ellos creen que lo pueden hacer. Yo he venido por los pecadores".

Piensen en ese comentario después de la vocación de Mateo: "¡Pero este va con los pecadores!". Y Él ha venido por nosotros. Cuando nosotros reconocemos que somos pecadores. Pero si somos como aquel fariseo, ante el altar: "Te doy gracias Señor, porque no soy como los otros hombres, y menos como el que está en la puerta, come aquel publicano...", no conocemos el corazón del Señor, ¡y no tendremos jamás la alegría de sentir esta misericordia!

No es fácil encomendarse a la misericordia de Dios, porque es un abismo incomprensible. ¡Pero debemos hacerlo! "¡Pero, padre, si usted conociera mi vida, no me hablaría así!". "¿Por qué?, ¿qué has hecho?". "¡Oh, hice cosas graves!". "¡Mejor! Ve con Jesús: a Él le gusta que le cuentes estas cosas! Él se olvida: Él tiene una capacidad especial para olvidarse. Se olvida, te besa, te abraza y de dice sólo: "Tampoco yo te condeno. Ve y de ahora en adelante: ¡no peques más!". Sólo ese consejo te da".

Después de un mes, estamos en las mismas condiciones... volvemos al Señor. El Señor jamás se cansa de perdonar: ¡jamás! Somos nosotros quienes nos cansamos de pedirle perdón. Pidamos la gracia de no cansarnos de pedir perdón, porque Él no se cansa jamás de perdonar. Pidamos esta gracia.

(RD/Agencias)


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