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Papa, en la ventana

Muestra su cercanía al "querido Perú", golpeado por las inundaciones

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El Papa pide, tras el ángelus, un aplauso para todos los padres del mundo

"Cuando olvidamos la auténtica agua, vamos en busca de pozos que no tienen aguas limpias"

José Manuel Vidal, 19 de marzo de 2017 a las 12:19
Descubrir la alegría de ser artífices de reconciliación e instrumentos de paz en la vida cotidiana
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Francisco saluda desde la ventana

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Francisco, en la cátedra de la ventana

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Francisco en la ventana

  • Francisco saluda desde la ventana
  • Francisco, en la cátedra de la ventana
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(José M. Vidal).- Ángelus del Papa Francisco en un día gris y con las nubes amenazando lluvia. Bergoglio explica el pasaje de la samaritana, pide a la gente que busque el agua viva de Cristo, muestra su cercanía al "querido pueblo de Perú" golpeado por las inundaciones y pide a los numerosos asistentes un "aplauso para todos los papás del mundo".

Algunas frases de la catequesis del Papa

"El evangelio de este domingo nos presenta el diálogo de Jesús con la samaritana"

"Jesús, al lado del pozo, pide de beber a una mujer"

"Y comienza un diálogo"

"Jesús habla de un agua diferente"

"La mujer le confía su propia vida"

"Intuye que aquel hombre podría ser el Mesías. Y Jesús, cosa rarísima, lo confirma"

"Se lo dice a una mujer que tenía una vida tan desordenada"

"Cuando olvidamos la auténtica agua, vamos en busca de pozos que no tienen aguas limpias"

"Sabemos quién es Jesús, pero quizás no le hayamos encontrado personalmente"

"Buena ocasión, para acercarse a Él y encontrar en la oración, en un diálogo de corazón a corazón"

"Para ver su rostro en el rostro de un hermano o una hermana sufriente"

"Descubrir la alegría de ser artífices de reconciliación e instrumentos de paz en la vida cotidiana"

"Para anunciar con alegría las maravillas de Dios misericordioso"

Saludos del Papa tras el ángelus


"Quiero asegurar mi cercanía a la querida población de Perú, duramente golpeada...rezo por las víctimas y por todos los que les prestan socorro"

"Hoy recordamos a los papás con gran afecto. A todos los saludamos con un gran apaluso"

Saluda a los Neocatecumenales de Angla y Lituania y a los miembros de la Comunidad San Egidio.

Texto completo de la catequesis del Papa

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días! El Evangelio de este domingo, tercero de Cuaresma, nos presenta el diálogo de Jesús con la Samaritana (cfr. Jn 4,5-42). El encuentro sucedió mientras Jesús atravesaba Samaria, región entre Judea y Galilea, habitada por gente que los judíos despreciaban, considerándola cismática y herética.

Pero precisamente esta población será una de las primeras en adherir a la predicación cristiana de los Apóstoles. Mientras los discípulos van a la aldea a procurarse algo de comer, Jesús se queda en un pozo y pide que le de beber a una mujer, que había ido allí para sacar el agua. Y de este pedido comienza un diálogo. ¿Cómo es que un judío se digna de preguntar algo a una samaritana? Jesús responde: "Si conocieras el don de Dios y quién es el que te dice: ‘Dame de beber', tú misma se lo hubieras pedido, y él te habría dado agua viva". Un agua que sacia toda sed y que se transforma en fuente inagotable en el corazón de quien la bebe. (v. 10-14)

Ir al pozo a sacar agua es fatigoso y aburrido; ¡sería bello tener a disposición una fuente fluyente! Pero Jesús habla de un agua diversa. Cuando la mujer se da cuenta que el hombre con el que está hablando es un profeta, le confía la propia vida y le presenta cuestiones religiosas. Su sed de afecto y de vida plena no ha sido apagada por los cinco maridos que ha tenido, es más, ha experimentado desilusiones y engaños. Por eso la mujer queda impresionada por el gran respeto que Jesús tiene por ella y cuando Él le habla incluso de la verdadera fe, como relación con Dios Padre "en espíritu y en verdad", entonces intuye que aquel hombre podría ser el Mesías y Jesús - cosa rarísima - lo confirma: "Soy yo, el que habla contigo" (v. 26). Él dice de ser el Mesías a una mujer que tenía una vida así desordenada.

Queridos hermanos, el agua que dona la vida eterna ha sido esparcida en nuestros corazones en el día de nuestro Bautismo; entonces Dios nos ha transformado y llenado de su gracia. Pero puede darse que este gran don lo hemos olvidado, o reducido en un mero dato del registro civil; y quizás estamos en búsqueda de "pozos" cuyas aguas no nos sacian la sed. Cuando olvidamos beber agua, vamos en búsqueda de pozos que no tienen agua limpia. Entonces ¡este Evangelio es precisamente para nosotros! No sólo para la Samaritana, ¡es para nosotros! Jesús nos habla como a la Samaritana.

Cierto, nosotros ya lo conocemos, pero quizás todavía no lo hemos encontrado personalmente, sabemos quién es Jesús, pero quizás no lo hemos encontrado personalmente, hablando con Él, y todavía no lo hemos reconocido como nuestro Salvador. Este tiempo de Cuaresma es la ocasión buena para acercarnos a Él, encontrarlo en la oración en un diálogo corazón a corazón, ver su rostro en el rostro de un hermano o de una hermana sufriente. De este modo podemos renovar en nosotros la gracia del Bautismo, refrescarnos en la fuente de la Palabra de Dios y de su Santo Espíritu; y así descubrir también la alegría de volvernos artífices de reconciliación e instrumentos de paz en la vida cotidiana.

Que la Virgen María nos ayude a tomar constantemente de la gracia que brota de la roca que es Cristo Salvador, para que podamos profesar con convicción nuestra fe y anunciar con alegría las maravillas del amor de Dios, misericordioso y fuente de todo bien.

 

 



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