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El Papa comió con los reclusos de San Vittore

La cárcel de San Vittore alberga a casi 900 presos, 285 más de los debidos

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El Papa almorzó con un centenar de reclusos y durmió la siesta en una celda

Un gesto inédito y que refleja su deseo de estar y dar alivio a las capas más desfavorecidas de la sociedad

Redacción, 25 de marzo de 2017 a las 14:53
Francisco se encontró con 80 reclusos en el patio de la prisión, donde recibió sus cartas y regalos y entró en algunas celdas, en la primera visita de un Pontífice a la prisión milanesa en funcionamientos desde 1879
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(Télam/RV).- Tras el rezo del Angelus, el Papa Francisco se trasladó en coche al Centro Penitenciario San Vittore, cuya estructura hospeda en la actualidad a ochocientos noventa y tres detenidos, doscientos ochenta y cinco más de los que puede acoger, según las plazas disponibles.

San Vittore es una cárcel judicial, lo que significa que los reclusos están en fase de juicio y no están descontando una pena. Se trata de personas que, al estar siendo procesadas, "viven una situación emotiva muy intensa respecto a la de quien, a menudo, está moralmente resignado en otras cárceles, teniendo perspectivas de pena más largas".

Es en ese clima que el Sucesor de Pedro, acompañado únicamente por el Cardenal Angelo Scola, Arzobispo de Milán, encontró a los detenidos y detenidas, y saludó y visitó de modo privado a algunos de ellos en sus celdas. Un encuentro que se sella con el almuerzo compartido en un clima fraterno con cien de ellos.

Según confirmó Télam con fuentes oficiales, la argentina Mónica Méndez formó parte del grupo de reclusos que almorzó con Francisco un menú típico del norte italiano, "risotto, cotoletta y panna cotta" en la cárcel de las afueras de Milán.

En la cárcel, donde el 67% de los detenidos es extranjero según cita el periódico italiano Avvenire, también almorzaron con Francisco una ciudadana chilena y una ecuatoriana.

 

 

Antes de la comida, Francisco se encontró con 80 reclusos en el patio de la prisión, donde recibió sus cartas y regalos y entró en algunas celdas, en la primera visita de un Pontífice a la prisión milanesa en funcionamientos desde 1879.

Tras el almuerzo, durmió su breve siesta en la habitación del capellán de la cárcel antes de salir para el encuentro multitudinario con los fieles: la misa de la tarde del sábado en el antiguo hipódromo de Monza. Un gesto inédito y que refleja su deseo de estar y dar alivio a las capas más desfavorecidas de la sociedad.

 



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