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El cardenal Robert Sarah, Prefecto de Culto Divino

Agencias

Burke, sobre su veto a la comunión de los divorciados vueltos a casar: "La vida es así"

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Robert Sarah culpa a la misa del Vaticano II de "la devastación, la destrucción y las guerras" en la Iglesia

El purpurado carga contra la "tendencia sacrílega" de reducir la Eucaristía "a una comida social"

Cameron Doody, 05 de abril de 2017 a las 08:14
No podemos cerrar los ojos al desastre, la devastación y el cisma que los promotores modernos de una liturgia viviente causaron al remodelar la liturgia de la Iglesia de acuerdo con sus ideas
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  • El cardenal Sarah y la misa tridentina
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  • Cardenal Sarah, en el centro
  • Meisner, Burke, Cafarra y Brandmuller
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(Cameron Doody).- El cardenal Sarah intensifica su guerra litúrgica contra el Papa Francisco, mientras que el cardenal Burke justifica su veto a los sacramentos para los matrimonios en situaciones "irregulares" con un escueto "la vida es así". Son las últimas salvas que han lanzado dos de los principales escollos a que el pontífice culmine la ansiada reforma de la Iglesia.

En un texto enviado a la XVIII Conferencia Litúrgica Internacional de Colonia en Alemania, cuya edición de este año celebraba el 10 aniversario de la liberalización de Benedicto XVI de la misa latina, el Prefecto de Culto Divino advirtió contra la "devastación, destrucción y guerras" que ha provocado la misa vernácula en la Iglesia a nivel doctrinal, moral y disciplinario. 

La Sacrosanctum Concilium del Vaticano II, reconoció el cardenal, ha sido la responsable de algunas "buenas iniciativas" en cuanto a la participación activa de los fieles en la misa y a su progreso en la vida cristiana. Sin embargo, como continuó, "no podemos cerrar los ojos al desastre, la devastación y el cisma que los promotores modernos de una liturgia viviente causaron al remodelar la liturgia de la Iglesia de acuerdo con sus ideas".

El principal problema con la misa moderna, según diagnosticó el purpurado, es que con ella se ha olvidado que el acto "no es solo una oración, sino y sobre todo un misterio". La crisis "seria y profunda" en la que la misa vernácula ha sumergido a la Iglesia "se debe al hecho de que su centro ya no es Dios... sino los hombres": un cambio de enfoque que ha repercutido no solo en un relativismo doctrinal y moral sino también en una perspectiva "meramente social y horizontal de la misión de la Iglesia".

"Muchos creen y declaran alto y fuerte que el Concilio Vaticano II ocasionó una verdadera primavera en la Iglesia", escribió Sarah. "Sin embargo, un número cada vez mayor de líderes eclesiales consideran esta "primavera" como un rechazo, un renuncio a su herencia milenaria, o incluso como un interrogatorio radical de su pasado y tradición". Y todo esto como consecuencia de la "tendencia sacrílega" en la Iglesia posconciliar "de reducir la sagrada misa a una simple comida social".

No es la primera vez que el polémico Prefecto de Culto Divino ha arremetido contra la misa vernácula. El año pasado se ganó dos recriminaciones públicas del Papa Francisco por sugerir que los curas volvieran a celebrar la Eucaristía a espaldas del pueblo, por un lado, y por tildar la misa del Vaticano II, al menos en muchas de sus manifestaciones, de "profana y superficial".

Y es que es más que probable que esta nueva diatriba le merezca un repudio más, ya que allí califica todas las traducciones de la misa que no sigan a pie de la letra las directrices de la Liturgiam authenticam como meros productos de "fantasías, ideologías y expresiones culturales" que no respetan la "herencia sagrada" de la Iglesia.

Esa defensa de la controvertida instrucción de Culto Divino le merecerá al purpurado un roce con Francisco, puesto que se rumorea -aunque el Vaticano no lo haya anunciado oficialmente- que el Papa ha establecido una comisión que establecerá nuevas pautas para la traducción de los textos litúrgicos que no exigirán tanta esclavitud al latín. Esta comisión, según apuntan varias fuentes, la encabezará el "número dos" de Sarah en Culto Divino, el arzobispo Arthur Roche: otra prueba más de que el purpurado guineano ha quedado desautorizado al frente de esta congregación.

Burke, sobre su veto a la comunión de los recasados: "La vida es así"

Al igual que Sarah, otro prelado que sigue siendo una china en el zapato del Papa Francisco es el cardenal Raymond Burke, el patrono de la Orden de Malta recientemente relevado en sus funciones por el delegado pontificio a la cofradía, el cardenal Angelo Becciu.

El ultra estadounidense -quien hace poco insistió que él y tres cardenales más "tendremos que corregir la situación otra vez de una manera respetuosa" si el pontífice no contesta "sí" o "no" a las "dudas" sobre Amoris laetitia que plantearon- ha vuelto a la carga por la moral matrimonial del Papa, diciendo que "tenemos que solucionar ya toda esta confusión" que la exhortación supuestamente ha generado.

Aunque Burke, en una entrevista con el blog Thinking with the Church, afirma ser "comprensivo" con la situación de parejas que sufren por dificultades matrimoniales, vuelve en esta ocasión a insistir en que estas personas "no merecen menos que una respuesta sincera" a su predicamento, ya que cualquier otra cosa "redundará en daño para ellos y para la Iglesia".

Tal respuesta sincera, precisa, ha de consistir en denegarles el acceso a los sacramentos a las personas divorciadas y vueltas a casar salvo que vivan "como hermanos" -pese a la dinámica de discernimiento, acompañamiento e integración por este colectivo por la que aboga Francisco- ya que si siguen teniendo relaciones matrimoniales no pueden hacer ningún propósito firme de enmienda.

"Creo que la Iglesia siempre ha enseñado que una compasión especial, una ayuda especial, un cuidado pastoral se les ha de dar a las parejas que se encuentran en esta situación, especialmente aquellos que se hallan en una situación altamente estresante", explica Burke, "pero ese cuidado pastoral no puede incluir el acceso a los sacramentos". "No tiene sentido", añade.

"Todas estas situaciones son complicadas", precisa el purpurado americano, matizando simplemente que "la vida es así". "Algunos sufren más que otros, pero al fin y al cabo la cuestión es ésta: que uno tiene que trabajar en pro de vivir una vida casta", sentencia.



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