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Corazón sano

Francisco asegura que los corazones cerrados "hacen sufrir mucho a la Iglesia"

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El Papa denuncia a los creyentes "cuyos corazones sólo conocen el lenguaje de la condena"

Afirma que "el Señor es capaz de cambiar un corazón de piedra con uno de carne"

José Manuel Vidal, 02 de mayo de 2017 a las 17:48
Un corazón cerrado, un corazón obstinado, un corazón pagano no deja entrar al Espíritu y se siente suficiente en sí mismo
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El Papa Francisco ha pedido que se ablande el corazón de los que están cerrados en la Ley y ha invitado a tenerlo "abierto para que el Espíritu Santo actúe en él" porque hacen mucho daño a la Iglesia, durante la homilía de la misa que ha pronunciado en la Casa Santa Marta.

Francisco ha señalado que para poder dar el testimonio cristiano es necesario tener el corazón abierto porque -según ha observado- los cerrados "hacen sufrir mucho a la Iglesia".

"Entremos en ese diálogo y pidamos la gracia de que el Señor ablande un poco nuestros duros corazones y de la gente que permanece siempre cerrada en la Ley y que condena todo aquello que está fuera de la Ley", ha dicho.

El Pontífice argentino ha reflexionado sobre el martirio de San Esteban, narrado en la Primera Lectura, y ha centrado su homilía en el testimonio de obediencia que todo cristiano debe ofrecer.

"Los corazones cerrados, los corazones de piedra, los corazones que no quieren abrirse, que no quieren escuchar, los corazones que solo conocen el lenguaje de la condena. Están condenados. No saben decir: 'Pero explicarme, ¿por qué dices esto?'. No, están cerrado. Lo saben todo. No necesitan ninguna explicación", ha especificado.

Así, ha comparado a los "obstinados, incircuncisos de corazón y de oídos" con los "paganos" porque tenían "el corazón cerrado y duro", un corazón "en el que no podía entrar el Espíritu Santo".

Finalmente, ha explicado que en un corazón cerrado "no hay sitio para el Espíritu Santo". "Un corazón cerrado, un corazón obstinado, un corazón pagano no deja entrar al Espíritu y se siente suficiente en sí mismo", ha concluido.

Los dos discípulos de Emaús "somos nosotros", dice el Papa, "con tantas dudas", "tantos pecados", que tantas veces "queremos alejarnos de la Cruz, de las pruebas" pero "hacemos espacio para escuchar a Jesús que nos templa el corazón". Al otro grupo, a aquellos que están "encerrados en la rigidez de la ley", que no quieren escuchar, Jesús - recuerda el Papa - ha hablado tanto, diciendo cosas "más feas" de aquellas dichas por Esteban.

Y Francisco concluye haciendo referencia al episodio de la adultera que era una pecadora. "Cada uno de nosotros - subraya - entra en un diálogo entre Jesús y la víctima de los corazones de piedra: la adúltera". A quienes querían lapidarla, Jesús responde solamente: "Mírense ustedes adentro":

"Y hoy miramos esta ternura de Jesús: el testigo de la obediencia, el Gran Testigo, Jesús, que ha dado la vida, nos hace ver la ternura de Dios con respecto a nosotros, a nuestros pecados, a nuestras debilidades. Entremos en este diálogo y pidamos la gracia de que el Señor enternezca un poco el corazón de estos rígidos, de aquella gente que está encerrada siempre en la Ley y condena todo aquello que está fuera de la Ley. No saben que el Verbo vino en carne, que el Verbo es testigo de obediencia, no saben que la ternura de Dios es capaz de mover un corazón de piedra y poner en su lugar un corazón de carne". (RD/Agencias)



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