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El Papa saluda al cardenal Sistach

Mensaje papal al Congreso "Laudato Sí y Grandes Ciudades", celebrado en Río

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Francisco invita a "no quedarnos con los brazos cruzados" ante la destrucción del medio ambiente

"La falta de raíces y el aislamiento de algunas personas pueden originar violencia e injusticia"

Jesús Bastante, 14 de julio de 2017 a las 18:02
El flujo constante de personas genera una sociedad más plural, multicultural, que es un bien, produce riqueza y crecimiento social y personal; pero también hace que esta sociedad sea cada vez más cerrada y desconfiada
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Cierre del congreso de Pastoral de las Grandes Ciudades

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Congreso pastoral sobre las grandes ciudades en Barcelona

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  • Pastoral de las Grandes Ciudades
  • Cierre del congreso de Pastoral de las Grandes Ciudades
  • Congreso pastoral sobre las grandes ciudades en Barcelona

(Jesús Bastante).- "No podemos quedarnos con los brazos cruzados, cuando advertimos una grave disminución de la calidad del aire o el aumento de la producción de residuos que no son adecuadamente tratados". El Papa Francisco ha escrito un mensaje al cardenal Sistach, con motivo del Congreso Internacional «Laudato si' y Grandes Ciudades», que se está celebrando en Río de Janeiro.

En su mensaje, Bergoglio recuerda las "tres R" que aparecen en la encíclica y que son "respeto, responsabilidad y relación", también válidas para las grandes urbes del mundo. Así, "respeto es la actitud fundamental que el hombre ha de tener con la creación. Ésta la hemos recibido como un don precioso y debemos esforzarnos para que las generaciones futuras puedan seguir admirándola y disfrutándola", señala el Papa.

Centrándose en el acceso al agua potable, Francisco subraya que "cuando no se le presta la atención que merece se transforma en fuente de enfermedades y su escasez pone en peligro la vida de millones de personas. Es un deber de todos crear en la sociedad una conciencia de respeto por nuestro entorno; esto nos beneficia a nosotros y a las generaciones futuras".

La segunda palabra, "responsabilidad", supone "el modo en que debemos interactuar" ante la creación, sin quedarnos "con los brazos cruzados" ante la contaminación del aire o la producción de residuos. "Estas realidades son consecuencia de una forma irresponsable de manipular la creación y nos llaman a ejercer una responsabilidad activa para el bien de todos".

Por ello, añade, "cada territorio y gobierno debería incentivar modos de actuar responsables en sus ciudadanos para que, con inventiva, puedan interactuar y favorecer la creación de una casa más habitable y más saludable. Poniendo cada uno lo poco que le corresponde en su responsabilidad, se estará logrando mucho".

La tercera palabra, "relación", se observa, por su ausencia, en las grandes ciudades y las zonas rurales. "El flujo constante de personas genera una sociedad más plural, multicultural, que es un bien, produce riqueza y crecimiento social y personal; pero también hace que esta sociedad sea cada vez más cerrada y desconfiada".

"La falta de raíces y el aislamiento de algunas personas -denuncia el Papa- son formas de pobreza, que pueden degenerar en guetos y originar violencia e injusticia". Frente a ello, "es importante que la sociedad trabaje conjuntamente en ámbito político, educativo y religioso para crear relaciones humanas más cálidas, que rompan los muros que aíslan y marginan".

 

 

Éste es el mensaje papl:


A Su Eminencia el Cardenal
Lluís Martínez Sistach
Arzobispo emérito de Barcelona


Querido hermano:

Lo saludo atentamente, como también a todos los que toman parte en el evento: Congreso Internacional «Laudato si' y Grandes Ciudades».

En la Carta encíclica Laudato si' hago referencia a varias necesidades físicas que tiene el hombre de hoy en las grandes ciudades y que necesitan ser afrontadas con respeto, responsabilidad y relación. Son tres «R» que ayudan a interactuar de forma conjunta ante los imperativos más esenciales de nuestra convivencia.

El respeto es la actitud fundamental que el hombre ha de tener con la creación. Ésta la hemos recibido como un don precioso y debemos esforzarnos para que las generaciones futuras puedan seguir admirándola y disfrutándola. Este cuidado debemos enseñarlo y transmitirlo. San Francisco de Asís afirmaba en su Cántico a las Criaturas: «Loado seas, mi Señor, por la hermana agua, la cual es muy útil y humilde y preciosa y casta». En estos adjetivos se expresa la belleza e importancia de este elemento, que es indispensable para la vida. Como otros elementos creados, el agua potable y limpia es expresión del amor atento y providente de Dios por cada una de sus creaturas, siendo un derecho fundamental, que toda sociedad debe garantizar (cf. Laudato si', 30). Cuando no se le presta la atención que merece se transforma en fuente de enfermedades y su escasez pone en peligro la vida de millones de personas. Es un deber de todos crear en la sociedad una conciencia de respeto por nuestro entorno; esto nos beneficia a nosotros y a las generaciones futuras.

La responsabilidad ante la creación es el modo con el que debemos interactuar con ella y constituye una de nuestras tareas primordiales. No podemos quedarnos con los brazos cruzados, cuando advertimos una grave disminución de la calidad del aire o el aumento de la producción de residuos que no son adecuadamente tratados. Estas realidades son consecuencia de una forma irresponsable de manipular la creación y nos llaman a ejercer una responsabilidad activa para el bien de todos. Además, comprobamos una indiferencia ante nuestra casa común y, lamentablemente, ante tantas tragedias y necesidades que golpean a nuestros hermanos y hermanas. Esta pasividad demuestra la «pérdida de aquel sentido de responsabilidad por nuestros semejantes sobre el cual se funda toda sociedad civil» (Laudato si', 25). Cada territorio y gobierno debería incentivar modos de actuar responsables en sus ciudadanos para que, con inventiva, puedan interactuar y favorecer la creación de una casa más habitable y más saludable. Poniendo cada uno lo poco que le corresponde en su responsabilidad, se estará logrando mucho.

Se observa en las grandes ciudades, como también en las zonas rurales, una creciente falta de relación. Con independencia de la causa que lo produce, el flujo constante de personas genera una sociedad más plural, multicultural, que es un bien, produce riqueza y crecimiento social y personal; pero también hace que esta sociedad sea cada vez más cerrada y desconfiada. La falta de raíces y el aislamiento de algunas personas son formas de pobreza, que pueden degenerar en guetos y originar violencia e injusticia. En cambio, el hombre está llamado a amar y a ser amado, estableciendo vínculos de pertenencia y lazos de unidad entre todos sus semejantes. Es importante que la sociedad trabaje conjuntamente en ámbito político, educativo y religioso para crear relaciones humanas más cálidas, que rompan los muros que aíslan y marginan. Esto se puede lograr a través de agrupaciones, escuelas, parroquias, etc., que sean capaces de construir con su presencia una red de comunión y de pertenencia, para favorecer una mejor convivencia y lograr superar tantas dificultades. De esta manera, «cualquier lugar deja de ser un infierno y se convierte en el contexto de una vida digna» (Laudato si', 149).

Encomiendo a la intercesión de la Virgen Santa, Reina de cielo y tierra, estas jornadas de estudio y de reflexión. Que su consejo y guía oriente sus decisiones en favor de una ecología integral que proteja nuestra casa común y construya una civilización cada vez más humana y solidaria.

Por favor, les pido que recen por mí; y ruego al Señor que los bendiga.

Vaticano, 12 de junio de 2017

Francisco

 




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