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El Papa Francisco, hoy, en el ángelus

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Reza por las víctimas de las inundaciones en Asia y en EEUU

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El Papa reivindica la "regla de oro" de la vida de Jesús: "Sólo el amor da significado y felicidad a la vida"

"Jesús nos recuerda que no hay un verdadero amor sin un sacrificio personal"

Cameron Doody, 03 de septiembre de 2017 a las 12:48
Estamos llamados a no dejarnos absorber por la visión de este mundo, sino a ser cada vez más conscientes de la necesidad y el esfuerzo para nosotros cristianos de caminar a contracorriente y cuesta arriba
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Ángelus del Papa Francisco

  • Ángelus del Papa Francisco
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(Cameron Doody).- "Sólo el amor da significado y felicidad a la vida". El Papa Francisco ha reivindicado hoy esta "regla de oro que Dios ha inscrito en la naturaleza humana", frente a la "visión del mundo" que se centra en "salvarse, protegerse y realizarse" a toda costa pero que solo conduce "a una existencia triste y estéril". En el Evangelio de hoy, ha recordado el pontífice, "Jesús nos recuerda que su camino es el camino del amor, y no hay un verdadero amor sin un sacrificio personal".

Algunas frases de la catequesis del Papa

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

El Evangelio de hoy es la continuación de el del pasado domingo, en el que se destacó la profesión de fe de Pedro, la "roca" sobre la que Jesús quiere construir su Iglesia

Hoy, en un sombrío contraste, Mateo nos muestra la respuesta de Pedro cuando Jesús revela a los discípulos que en Jerusalén sufrirá, morirá y resucitará

Pedro aparta al Maestro y le reprende porque esto -dice- no le puede suceder a Él, a Cristo

Pero Jesús, a su vez, le reprocha a Pedro con palabras duras: "¡Vete detrás de mí, Satanás! ¡Me estás escandalizando porque no piensas según Dios, sino según los hombres!"

Un momento antes, el apóstol fue un bendecido del Padre: era una "roca" sólida en que Jesús podría apoyarse

Poco después se convierte en un obstáculo... un obstáculo en el camino del Mesías

¡Jesús sabe que Pedro y otros aún tienen un largo camino por recorrer para convertirse en sus apóstoles!

En ese momento, el Maestro se dirige a todos los que le siguieron, presentándoles claramente el camino a seguir: "Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame"

Siempre, incluso hoy, la tentación es aquella de querer seguir a un Cristo sin cruz, es más, de enseñarle a Dios el camino justo

Pero Jesús nos recuerda que su camino es el camino del amor, y no hay un verdadero amor sin un sacrificio personal


Estamos llamados a no dejarnos absorber por la visión de este mundo, sino a ser cada vez más conscientes de la necesidad y el esfuerzo para nosotros cristianos de caminar a contracorriente y cuesta arriba

Jesús completa su propuesta con palabras que expresan una gran sabiduría que es siempre válida, porque desafían la mentalidad y las conductas egocéntricas

Exhorta: "Quien quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa la hallará"

En esta paradoja está la regla de oro que Dios ha inscrito en la naturaleza humana creada en Cristo: la regla de que sólo el amor da significado y felicidad a la vida

Gastar los talentos de uno, las energías y el tiempo sólo para salvarse, protegerse y realizarse a sí mismo, en realidad conduce... a una existencia triste y estéril

Si, por el contrario, vivimos por el Señor y establecemos nuestras vidas en el amor, como lo hizo Jesús, podremos gozar de la verdadera alegría. Y nuestra vida no será estéril. ¡Será fructífera!

En la celebración de la Eucaristía, redescubrimos el misterio de la cruz; no sólo recordamos, pero hacemos el memorial del sacrificio redentor, en el que el Hijo de Dios se pierde por completo para recibirse de nuevo del Padre

Cada vez que asistimos a la Santa Misa, el amor de Cristo crucificado y resucitado se nos comunica como alimento y bebida, para que podamos seguirlo en el camino de cada día, en el servicio concreto a nuestros hermanos

Que María Santísima, que siguió a Jesús hasta el Calvario, también nos acompañe y nos ayude a no tener miedo de la Cruz... a sufrir por amor a Dios y al prójimo


Frases de su saludo después del rezo del ángelus

Renuevo mi cercanía espiritual con los pueblos de Asia del Sur, que aún sufren las consecuencias de las inundaciones

Deseo expresar mi profunda solidaridad con el sufrimiento de la gente de Texas y Luisiana afectada por un huracán y por lluvias excepcionales que han causado víctimas, miles de personas desplazadas y daños materiales masivos

Pido a María, consuelo de los afligidos, que obtenga del Señor la gracia de confort para toda la comunidad en estas circunstancias dolorosas

Les saludo a todos, queridos peregrinos de Italia y de varios países

En particular, los fieles de las Islas Canarias

Les deseo a todos un buen domingo. Y, por favor no se olviden de rezar por mí. ¡Buena comida y adiós!


Texto completo de la catequesis del Papa

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

El hodierno pasaje evangélico (Cfr. Mt 16,21-27) es la continuación de aquel del domingo pasado, en el cual sobresalía la profesión de fe de Pedro, "roca" sobre la cual Jesús quiere construir su Iglesia. Hoy, en fuerte contraste, Mateo nos muestra la reacción del mismo Pedro cuando Jesús revela a sus discípulos que en Jerusalén deberá sufrir, ser asesinado y resucitar (Cfr. v. 21). Pedro lleva aparte al Maestro y lo reprende porque esto - le dice - no puede sucederle a Él, al Cristo. Pero Jesús, a su vez, reprende a Pedro con palabras duras: «¡Retírate, ve detrás de mí, Satanás! Tú eres para mí un obstáculo, porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres» (v. 23). Un momento antes, el apóstol era el bendecido por el Padre porque había recibido esta revelación del Padre, era una "piedra" sólida para que Jesús pudiera construir sobre ella su comunidad, y enseguida se convierte en un obstáculo, una piedra, pero no para construir: una piedra de obstáculo en el camino del Mesías. ¡Jesús sabe bien que Pedro y los demás tienen todavía mucho camino por hacer para convertirse en sus apóstoles!

A este punto, el Maestro se dirige a todos aquellos que lo seguían, presentándoles con claridad la vía a seguir: «El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga» (v. 24). Siempre, incluso hoy, la tentación es aquella de querer seguir a un Cristo sin cruz, es más, de enseñar a Dios el camino justo. Como Pedro: "No, no Señor, esto no, no sucederá jamás". Pero Jesús nos recuerda que su vía es la vía del amor, y no hay verdadero amor sin el sacrificio de sí. Estamos llamados a no dejarnos absorber por la visión de este mundo, sino a ser siempre más conscientes de la necesidad y de la fatiga para nosotros cristianos de caminar contra corriente y en salida.

Jesús completa su propuesta con palabras que expresan una gran sabiduría siempre valida, porque desafían la mentalidad y los comportamientos egocéntricos. Él exhorta: «Él que quiera salvar su vida, la perderá; y el que pierda su vida a causa de mí, la encontrará» (v. 25). En esta paradoja está contenida la regla de oro que Dios ha inscrito en la naturaleza humana creada en Cristo: la regla que sólo el amor da sentido y felicidad a la vida. Gastar los propios talentos, las propias energías y el propio tiempo sólo para salvar, cuidar y realizarse a sí mismo, conduce en realidad a perderse, es decir, a una existencia triste y estéril. Si en cambio, vivimos para el Señor e impostamos nuestra vida en el amor, como ha hecho Jesús, podremos gustar la alegría auténtica, y nuestra vida no será estéril, será fecunda.

En la celebración de la Eucaristía revivimos el misterio de la cruz; no sólo recordamos, sino realizamos el memorial del Sacrificio redentor, en el cual el Hijo de Dios se pierde completamente a Sí mismo para recibirse de nuevo en el Padre y así reencontrar a nosotros, que estábamos perdidos, junto con todas las creaturas. Cada vez que participamos en la Santa Misa, el amor de Cristo crucificado y resucitado se comunica a nosotros como alimento y bebida, para que podamos seguirlo a Él en el camino de cada día, en el concreto servicio a los hermanos.

María Santísima, que ha seguido a Jesús hasta el Calvario, nos acompañe también a nosotros y nos ayude a no tener miedo de la cruz, pero con Jesús crucificado, no una Cruz sin Jesús: la Cruz con Jesús, es decir la cruz del sufrir por amor a Dios y a los hermanos, porque este sufrimiento, por la gracia de Cristo, es fecundo de resurrección.



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