Religión Digital

Francisco abraza a un niño en Casa San José

Francisco derrocha abrazos y besos con los niños perdidos de la Casa San José

clipping

Papa: "Ver sufrir a los niños hace mal al alma, porque los niños son los predilectos de Jesús"

"Jesús no abandona a nadie que sufre, mucho menos a ustedes, que son sus preferidos"

Jesús Bastante, 09 de septiembre de 2017 a las 22:27
También el niño Jesús fue víctima del odio y de la persecución, también él tuvo que huir con su familia, dejar su tierra y su casa para escapar de la muerte
El Papa, en Casa San José/>

El Papa, en Casa San José

Francisco besa a un niño en San José/>

Francisco besa a un niño en San José

El Papa, en Casa San José/>

El Papa, en Casa San José

  • El Papa, en Casa San José
  • Francisco besa a un niño en San José
  • El Papa, en Casa San José

(J. Bastante).- "Ver sufrir a los niños hace mal al alma, porque los niños son los predilectos de Jesús". Francisco no quería dejar Medellín sin visitar a los más pequeños y abandonados, víctimas de la violencia en todas sus formas. Durante su visita a la Casa San José, Bergoglio volvió a ser ese pastor cercano, que no se cansa de amar.

En su visita a la obra social más antigua de Medellín, Francisco se esforzó por escuchar cada llamada, cada grito, por acariciar cada rostro. Es su forma de enjugar cada lágrima de estos chicos y chicas, abandonados o enfermos, víctimas de traumas y de violencias causadas por el narcotráfico, la guerrilla y los paramilitares.

Mientras el director de la Casa San José pronunciaba su discurso, el Papa hizo suyo el lema del Evangelio, y se sentó en una silla de madera dejando que los niños se acercaran a él, con flores, besos y abrazos. Y después, Claudia Yesenia, una niña de 13 años que a los 2 años perdió a toda su familia en un ataque de la guerrilla, narró su historia. La suya, y en sus palabras, la de todos los niños y niñas que sufren en el mundo.

"Gracias a tí, Claudia, por tu valiente testimonio. Escuchando todas las dificultes por las que has pasado, me venía a la memoria del corazón el sufrimiento injusto de tantos niños y niñas en todo el mundo que han sido y siguen siendo víctimas inocentes de la maldad de algunos" comenzó el Papa.

 

 

"También el niño Jesús fue víctima del odio y de la persecución, también él tuvo que huir con su familia, dejar su tierra y su casa para escapar de la muerte", añadió, tal vez recordando los ojos de los chicos refugiados en todo el mundo. Y es que "ver sufrir a los niños hace mal al alma, porque los niños son los predilectos de Jesús".

"No podemos aceptar que se los maltrate, que se les impida el derecho a vivir su niñez con serenidad y alegría, que se les niegue un futuro de esperanza", subrayó Bergoglio, quien quiso dejar claro que "Jesús no abandona a nadie que sufre, mucho menos a ustedes, que son sus preferidos".

"Me comprometo a rezar por ustedes para que en este ambiente de amor familiar, crezcan en amor, paz y felicidad, y así puedan ir sanando las heridas del cuerpo y del corazón. Dios no los abandona, Dos los protege y los asiste. Y el Papa les lleva en su corazón", concluyó.

 

 

Saludo del Papa:

Queridos hermanos y hermanas,
Queridos niños y niñas:
Estoy contento de estar con ustedes en este «Hogar San José». Gracias por el recibimiento que me han preparado. Agradezco las palabras del Director, Monseñor Armando Santamaría. Te doy las gracias a ti, Claudia Yesenia, por tu valiente testimonio. Escuchando todas las dificultades por las que has pasado me venía a la memoria del corazón el sufrimiento injusto de tantos niños y niñas en todo el mundo, que han sido y siguen siendo víctimas inocentes de la maldad de algunos.
También el Niño Jesús fue víctima del odio y de la persecución; también Él tuvo que huir con su familia, dejar su tierra y su casa, para escapar de la muerte. Ver sufrir a los niños hace mal al alma porque los niños son los predilectos de Jesús. No podemos aceptar que se les maltrate, que se les impida el derecho a vivir su niñez con serenidad y alegría, que se les niegue un futuro de esperanza.
Pero Jesús no abandona a nadie que sufre, mucho menos a ustedes, niños y niñas, que son sus preferidos. Claudia Yesenia, al lado de tanto horror sucedido, Dios te regaló una tía que te cuidó, un hospital que te atendió y finalmente una comunidad que te recibió. Este «hogar» es una prueba del amor que Jesús les tiene y de su deseo de estar muy cerca de ustedes. Lo hace a través del cuidado amoroso de todas las personas buenas que los acompañan, que los quieren y los educan. Pienso en los responsables de esta casa, en las hermanas, en el personal y en tanta otra gente que ya son parte de su familia. Porque eso es lo que hace que este lugar sea un «hogar»: el calor de una familia donde nos sentimos amados, protegidos, aceptados, cuidados y acompañados.
Y me gusta mucho que este hogar lleve el nombre de «San José», y los otros «Jesús Obrero» o «Belén». Quiere decir que están en buenas manos. ¿Recuerdan lo que escribe san Mateo en su Evangelio, cuando nos cuenta que Herodes, en su locura, había decidido asesinar a Jesús recién nacido? ¿Cómo Dios habló en sueños a san José, por medio de un ángel, y le confió a su cuidado y protección sus tesoros más valiosos: Jesús y María? Nos dice Mateo que, apenas el ángel le habló, José obedeció inmediatamente e hizo cuanto Dios le había ordenado: «Se levantó, tomó al niño y a su madre, de noche, y se fue a Egipto» (2,14). Estoy seguro de que así como san José protegió y defendió de los peligros a la Sagrada Familia, así también los defiende, cuida y acompaña a ustedes. Y con él, también Jesús y María, porque san José no puede estar sin Jesús y sin María.
A ustedes hermanos y hermanas, religiosos y laicos que en este y en los demás hogares reciben y cuidan con amor a estos niños que desde chicos han experimentado el sufrimiento y el dolor, quisiera recordarles dos realidades que no deben faltar porque son parte de la identidad cristiana: el amor que sabe ver a Jesús presente en los más pequeños y débiles, y el deber sagrado de llevar a los niños a Jesús. En esta tarea, con sus gozos y con sus penas, los encomiendo también a la protección de san José. Aprendan de él, que su ejemplo los inspire y los ayude en el cuidado amoroso de estos pequeños, que son el futuro de la sociedad colombiana, del mundo y de la Iglesia, para que como el mismo Jesús, puedan crecer y robustecerse en sabiduría y en gracia, delante de Dios y de los demás (cf. Lc 2,52). Que Jesús y María, junto con san José, los acompañen y protejan, los llenen de su ternura, su alegría y su fortaleza.
Me comprometo a rezar por ustedes, para que en este ambiente de amor familiar crezcan en amor, paz y felicidad, y así puedan ir sanando las heridas del cuerpo y del corazón. Dios no los abandona, los protege y asiste. Y el Papa los lleva en el corazón; no dejen de rezar por mí.

 

 



facebook

Religión Digital Edicom, SL CIF B86611894 - C/ Castuera nº 18 1º A - 28047 Madrid (España) - Tlf. (+34) 91 732 19 05
Aviso Legal | Cláusula exención responsabilidad | sugerencias@religiondigital.com | Copyleft 2000