• Director: José Manuel Vidal
Vaticano
Francisco en la ventana
La fe no es tanto una suma de preceptos y normas morales, sino una propuesta de amor de Dios a la humanidad

(José M. Vidal).-En su catequesis del ángelus, ante una plaza de San Pedro repleta de fieles, el Papa Francisco glosa la parábola de los viñadores infieles y recuerda que "la misericordia es el vino nuevo de la viña del Señor" y que, a pesar de la maldad de los viñadores, "Dios no se venga, Dios ama y nos espera para abrazarnos".

Algunas frases del discurso del Papa

"La liturgia de este domingo nos propone la parábola de los viñadores"

"Se pone a prueba la fidelidad de los viñadores"

"Pero ellos se consideran propietarios y se niegan a entregar la cosecha, maltratan a los criados..."

(Por un fallo en el micrófono, el Papa se detiene y dice: "Comencemos de nuevo". Y recomienza desde el principio)

"El dueño se muestra paciente con ellos"

"Al final, con su paciencia, decide enviar a su propio hijo...pero los viñadores matan incluso al hijo"

"Es la historia de la alianza de Dios y el pueblo de Israel"

"La gran novedad del cristianismo: Un Dios que, a pesar de estar desilusionado por nuestros pecados, no olvida su palabra y, sobre todo, no se venga"

"Dios no se venga, Dios ama y nos espera para abrazarnos"

"Dios sigue metiendo en circulación el vino nuevo de su viña: la misericordia"

"La misericordia es el vino nuevo de la viña del Señor"

"Un solo impedimento: nuestra arrogancia y nuestra presunción"

"Urgencia de responder con frutos de bien a la llamada del Señor"

"La fe no es tanto una suma de preceptos y normas morales, sino una propuesta de amor de Dios a la humanidad"

"Meternos al servicio de los hermanos, que no están con nosotros"

"Ser viña del Señor en todos los ambientes, incluso en los más alejados"

"Llevar el vino nuevo de la misericordia del Señor"



Algunas frases del saludo del Papa tras el ángelus

"Ayer, en Milán, se proclamó beato al padre Trigolo...capuchino...Alabemos al Señor por este humilde discípulo suyo...que no perdió nunca la esperanza"

"Saludo a los peregrinos...especialmente a los fieles de Australia, Francia y Eslovaquia, Polonia, que hoy celebra la jornada del Papa"

"Os animo a proseguir con alegría vuestro camino de fe, bajo la mirada de la Virgen. Ella es nuestro refugio y nuestra esperanza"

"Buen domingo. Por favor, no se olviden de rezar por mí. Buen apetitito y arrivederci"


Texto completo de la alocución del Papa previa al rezo mariano del Ángelus dominical

Queridos hermanos y hermanas,

La liturgia de este domingo nos propone la parábola de los labradores, a quienes el propietario arrienda la viña que había plantado y luego se va. (cf. Mt 21.33 a 43). De este modo es puesta a la prueba la lealtad de estos labradores: la viña está confiada a ellos, que deben custodiarla, hacerla fructificar y entregar la cosecha al dueño. Una vez llegado el tiempo de la cosecha, el dueño envía a sus siervos a cosechar los frutos. Pero los viñadores asumen una actitud posesiva: no se consideran simples gestores, sino propietarios, y se niegan a entregar la cosecha. Maltratan a los sirvientes, hasta el punto de matarlos. El dueño se muestra paciente con ellos: envía a otros siervos, más numerosos que los primeros, pero el resultado es el mismo. Al final decide enviar a su propio hijo; pero esos labradores, prisioneros de su comportamiento posesivo, también matan a su hijo.

Este relato ilustra de manera alegórica los reproches que los Profetas habían dicho sobre de la historia de Israel. Es una historia que nos pertenece: se habla de la alianza que Dios quiso establecer con la humanidad y a la cual llamó a participar también a nosotros. Sin embargo, esta historia de alianza, como cada historia de amor, conoce sus momentos positivos, pero también está signada por traiciones y rechazos. Para hacer entender cómo Dios Padre responde a los rechazos opuestos a su amor y a su propuesta de alianza, el pasaje evangélico pone en los labios del dueño del viñedo una pregunta: «Cuando vuelva el dueño, ¿qué hará con esos labradores?» (v. 40). Esta pregunta subraya que la desilusión de Dios por el comportamiento malvado de los hombres no es la última palabra. He aquí la gran novedad del cristianismo: un Dios que, aunque decepcionado por nuestros errores y nuestros pecados, no rompe su palabra, no se detiene y sobre todo no se venga.


A través de las "piedras de deshecho"- Cristo es la primera piedra que los constructores han desechado- a través de situaciones de debilidad y de pecado, Dios sigue poniendo en circulación el «vino nuevo» de su viña, es decir, la misericordia. Sólo hay un impedimento ante la tenaz y tierna voluntad de Dios: nuestra arrogancia y nuestra presunción, que a veces se convierte también en violencia. Frente a estas actitudes y donde no se producen frutos, la Palabra de Dios conserva toda su fuerza de reprensión y admonición: «el Reino de Dios se les quitará a ustedes y se le entregará a un pueblo que produzca los frutos del Reino» (vs. 43)

La urgencia de responder con frutos de bien a la llamada del Señor, que nos llama a convertirnos en su viña, nos ayuda a comprender qué hay de nuevo y original en el cristianismo. Éste no es sólo la suma de preceptos y normas morales, sino que es ante todo una propuesta de amor que Dios, por medio de Jesús, ha hecho y sigue haciendo a la humanidad. Es una invitación a entrar en esta historia de amor, convirtiéndose en una viña viva y abierta, rica de frutos y de esperanza para todos. Una viña cerrada puede volverse salvaje y producir uvas silvestres. Estamos llamados a salir de la viña para ponernos al servicio de los hermanos que no están con nosotros, para sacudirnos mutuamente y animarnos, para recordarnos que debemos ser la viña del Señor en cualquier ambiente, incluso en los más lejanos e incómodos.

Invocamos la intercesión de María Santísima para que nos ayude a ser, en todas partes, especialmente en las periferias de la sociedad, la viña que el Señor ha plantado para el bien de todos.