• Director: José Manuel Vidal
Vaticano
Francisco, durante la misa por los obispos fallecidos RD
Jesús se hizo nuestro hermano y compartió nuestra condición hasta la muerte; con su amor rompió el yugo de la muerte y nos abrió las puertas de la vida

(Jesús Bastante).- Confianza ante la muerte, que "no tiene la última palabra". En una solemne ceremonia en la basílica de San Pedro, el Papa Francisco recordó a los cardenales y obispos fallecidos a lo largo del año, con una profunda homilía en la que invitó a "ser hombres de esperanza y no de desesperación, hombres de la vida y no de la muerte".

"Nos consuela la promesa de la vida eterna enraizada en la unión con Cristo resucitado (...) La fe que profesamos en la resurrección", indicó el Papa, quien reconoció cómo colocarnos "frente a la realidad de la muerte" supone "que se reavive el dolor por la separación de las personas que han estado cerca de nosotros, y nos han ayudado".

Pero más aún: "alimenta sobre todo nuestra esperanza por ellos y por nosotros mismos", recalcó Bergoglio. Citando las lecturas de la Palabra, Francisco admitió que "la muerte hace definitiva la encrucijada que ya está ante nosotros aquí, en este mundo: la senda de la vida, es decir,  con Dios, o la senda de la muerte, es decir, lejos de Él".

 

 

En dicha encrucijada, añadió, habrá "'muchos' que resucitarán para la vida eterna". "Son los 'muchos' por los que Cristo ha derramado su sangre. Son esa muchedumbre que, gracias a la bondad misericordiosa de Dios, experimenta la realidad de la vida que no acaba, la victoria completa sobre la muerte a través de la resurrección".

"Jesús se hizo nuestro hermano y compartió nuestra condición hasta la muerte; con su amor rompió el yugo de la muerte y nos abrió las puertas de la vida", apuntó el Papa, quien recordó cómo "con su cuerpo y su sangre nos alimenta y nos une a su amor fiel, que lleva en sí la esperanza de la victoria definitiva del bien sobre el mal, sobre el sufrimiento y sobre la muerte". "En virtud de este vínculo divino de la caridad de Cristo, sabemos que la comunión con los muertos no es simplemente un deseo, una imaginación, sino que se vuelve real", añadió.

 

 

Esta esperanza en la vida eterna, apuntó el Papa, "nos ayuda a tener una actitud de confianza frente a la muerte", pues "Jesús nos ha mostrado que ésta no es la última palabra, sino que el amor misericordioso del Padre nos transfigura y nos hace vivir en comunión eterna con Él".

Finalmente, y refiriéndose a los cardenales y obispos fallecidos, el Santo Padre recordó cómo "nos han dejado después de haber servido a la Iglesia y al pueblo que se les confió con la mirada puesta en la eternidad".

Así, tras dar gracias "por su servicio generoso al Evangelio y a la Iglesia", concluyó que "la esperanza no defrauda". "Sí, no defrauda. Dios es fiel y nuestra esperanza en Él no es inútil".