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Vaticano
Acogida de refugiados Agencias

(Cameron Doody).- El Vaticano ha vuelto a insistir que la integración en la sociedad de refugiados y migrantes "no es un sinónimo de la asimilación", sino "un proceso bidireccional en que uno aprende, respeta y valora la cultura del otro, con vistas a construir una sociedad enriquecida, cohesiva e intercultural". Esa es la perspectiva que ha compartido el subsecretario del Dicasterio para el Desarrollo Humano, Fabio Baggio, en una reunión del Consejo de Europa en Estrasburgo.

El padre Baggio -que trabaja en la sección para los migrantes y refugiados de dicho Dicasterio por la que el mismo Papa Francisco asume responsabilidades- fue el encargado de presentar ante el organismo europeo que vela por los derechos humanos un nuevo manual de "buenas prácticas" de la Santa Sede para la acogida global de refugiados.

El pontífice se refirió a este plan el pasado 4 de noviembre, cuando anunció que el documento -que tiene por título "Respondiendo a refugiados y migrantes: veinte puntos de acción"- ha sido ideado como "una contribución al proceso que conducirá a la adopción, por la comunidad internacional, de dos pactos globales, uno sobre los migrantes y otro sobre los refugiados, en la segunda mitad de 2018".

"Hay una necesidad urgente de superar las narrativas negativas y la percepción temerosa de los inmigrantes y refugiados en los medios y entre las poblaciones locales", dijo Baggio en su presentación en Estrasburgo del plan de la Santa Sede, añadiendo que una de las mayores preocupaciones que tiene el Papa actualmente es "la intolerancia, la discriminación y la xenofobia" que se encuentra en "varias partes de Europa".

Por su parte, Tomáš Boček -representante especial del Consejo de Europa para la migración y los refugiados- reveló en la cumbre en Estrasburgo que ya son las Iglesias, y no los Estados, quienes proveen la mayor parte de la acogida que se extiende en el continente a los refugiados.

Boček redactó para el encuentro un documento de trabajo en el que lamentó que la ayuda material y espiritual que ofrecen las comunidades cristianas a las personas desplazadas por la guerra o el hambre podría ser incluso más grande si no fuera por la "ceguera hacia lo religioso" de los organismos estatales que hace que se fíen más de las ONGs seculares.

"Un número cada vez mayor de políticos y miembros del público en Europa no se sienten capaces de participar en los debates sobre la idoneidad" de tales colaboraciones entre Estado e Iglesia en material de la acogida de refugiados, advirtió el diplomático checo, "debido a una falta de entendimiento sobre las ideas y la terminología religiosas". Y eso a pesar de que las Iglesias se han mostrado más adeptas a la hora de "asistir a los recién llegados al adaptar a su nuevo entorno", y hasta "podrían preparar a las sociedades europeas para un aumento de la diversidad" a la que den la bienvenida.