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Vaticano
El Papa Francisco, en su primera misa en Yangon RD
La Iglesia en este país está ayudando a un gran número de hombres, mujeres y niños, sin distinción de religión y diferencia étnica (...) Jesús premiará vuestro esfuerzo por la reconciliación

(Jesús Bastante).- Miles de personas, sentadas en el suelo, escuchando. Ese fue el potente reflejo de la primera misa al aire libre del Papa Francisco en Myanmar, celebrada en el parque Kyaikkasan de Yangon, ante unos 150.000 fieles, la quinta parte de los católicos del país. "Habéis venido desde lejos, algunos incluso a pie, llegados como peregrinos a escuchar unas palabras de esperanza y consuelo", les reconoció el Papa.

Fieles de todo el sureste asiático, procedentes de Vietnam, Malasia, India, China, Filipinas, Laos o Tailandia. Incluso, migrantes birmanos en el oeste de Australia. Llegados de muy lejos para escuchar a un Papa que les pidió "responder al odio y al resentimiento con compasión y misericordia", y que reivindicó el papel de la Iglesia en el país. "La Iglesia está aquí viva, Cristo está vivo, y está aquí, con vosotros".

Una homilía, leída en italiano, y traducida al tagalo, en la que Francisco dejó un mensaje claro: "El camino de la venganza no es el camino de Jesús". En un altar improvisado en una plataforma-pagoda en mitad de un parque donde la vista se perdía entre decenas de miles de cabezas, Bergoglio admitió que "antes de venir, he pensado mucho en este momento".

 

 

Buena parte de la homilía giró en torno a la sabiduría y a los modos de encontrarla. "Jesús es el intérprete definitivo de Dios, es la sabiduría en persona, y no la muestra con grandes discursos o manifestaciones de su poder, sino muriendo en la cruz".

Por ello, el Papa advirtió de la tentación de "caer en la trampa de creernos sabios, cuando lo cierto es que podemos perder fácilmente el sentido de la orientación". "Tenemos una buena brújula, el Señor crucificado", señaló el Papa, que en otro momento habló del amor de Jesús como de "un GPS espiritual, que nos guía por el camino del amor de Dios en cada prójimo".

"En la cruz podemos encontrar la sabiduría. De la cruz viene la salvación", recordó Bergoglio. "En las heridas y las cicatrices de Jesús encontramos todas las curas". También en Myanmar, donde "tantos hombres y mujeres llevan consigo las huellas de la violencia, directa o indirecta, y la tentación es responder con la violencia".

Que no sea así entre nosotros. "Algunos piensan que la cura puede venir de la rabia o la venganza. El camino de la venganza no es el camino de Jesús", clamó Francisco. "El camino de Jesús es radicalmente diferente", afirmó, recordando cómo "el odio de otros le condujo a la pasión y a la muerte, pero él responde al odio y el resentimiento con el perdón, la compasión y la misericordia".

 


"Podemos encontrar obstáculos y reservas, pero él nos dará la sabiduría a la que ninguno puede resistirse", una sabiduría a través del Espíritu Santo, "mediante el que el amor de Dios llega a nuestro corazón". "Con el don del Espíritu, Jesús nos hace a cada uno signos de su sabiduría y de su misericordia, que da sosiego a los heridos y abandonados".

Así se observa en la Eucaristía, donde "no sólo reconocemos el don de su cuerpo y su sangre, sino también cómo encontrar reposo en sus heridas, y ser purificados de todos nuestros pecados". "Refugiándonos en las heridas de Cristo, probamos el bálsamo de la misericordia del Padre, y tenemos la fuerza para entregarlas a los demás. Así seremos testimonios de la paz y la reconciliación que Dios quiere que reine en todo ser humano y en toda comunidad".

Algo que ya hacen los católicos de este país. Una minoría, señaló el Papa, que "está haciendo mucho por llevar el bálsamo de la misericordia a todos, especialmente a los más pobres". "En medio de tanta pobreza y dificultad, muchos de vosotros ofrecéis una concreta asistencia y solidaridad a los pobres y olvidados".

"La Iglesia en este país está ayudando a un gran número de hombres, mujeres y niños, sin distinción de religión y diferencia étnica", reivindicó el Papa, quien afirmó que "la Iglesia aquí está viva, Cristo está vivo, y está aquí con vosotros", al tiempo que animó a los fieles a "seguir compartiendo con los demás la sabiduría que habéis recibido del corazón de Jesús".

 

 

"Jesús premiará vuestro esfuerzo por la reconciliación en vuestras familias y comunidades, en la sociedad de esta nación", pues "su sabiduría es irresistible, su mensaje de perdón y misericordia encontrará obstáculos, pero es irresistible", recordó el Papa, quien pidió a la Virgen que "acompañe nuestro camino. Pidámosle ser mensajeros de la verdadera paciencia, con la alegría que viene de reposar en las heridas de jesús, que nos ha amado hasta el final".

"Dios os bendiga a todos, bendiga a la Iglesia de Myanmar, bendiga a esta tierra con su paz. Dios bendiga a Myanmar", terminó Francisco, ante el aplauso de los miles que, sentados en el suelo, escuchaban con esperanza.

 


Texto completo de la homilía del Papa

Queridos hermanos y hermanas: Desde antes de venir a este país, he estado esperando que llegara este momento. Muchos de vosotros habéis venido de lejanas y remotas tierras montañosas, algunos incluso a pie. Vengo como peregrino para escuchar y aprender de vosotros, y para ofreceros algunas palabras de esperanza y consuelo.

La primera lectura de hoy, tomada del libro de Daniel, nos ayuda a ver lo limitada que era la sabiduría del rey Baltasar y sus videntes. Ellos sabían cómo alabar «a sus dioses de oro y plata, de bronce y de hierro, de madera y de piedra» (Dn 5,4), pero no poseían la sabiduría para alabar a Dios, en cuyas manos está nuestra vida y nuestro aliento. Daniel, sin embargo, tenía la sabiduría del Señor y fue capaz de interpretar sus grandes misterios. El intérprete definitivo de los misterios de Dios es Jesús. Él es la sabiduría de Dios en persona (cf.1 Co 1,24).

Jesús no nos enseñó su sabiduría con largos discursos o grandes demostraciones de poder político o terreno, sino entregando su vida en la cruz. A veces podemos caer en la trampa de confiar en nuestra propia sabiduría, pero la verdad es que podemos fácilmente desorientarnos.


En esos momentos, debemos recordar que tenemos ante nosotros una brújula segura: el Señor crucificado. En la cruz, encontramos la sabiduría que puede guiar nuestras vidas con la luz que proviene de Dios. Desde la cruz también nos llega la curación. Allí, Jesús ofreció sus heridas al Padre por nosotros, las heridas que nos han curado (cf. 1 Pe 2,4). Que siempre tengamos la sabiduría de encontrar en las heridas de Cristo la fuente de toda curación. Sé que muchos en Myanmar llevan las heridas de la violencia, heridas visibles e invisibles. Existe la tentación de responder a estas heridas con una sabiduría mundana que, como la del rey en la primera lectura, está profundamente equivocada. Pensamos que la curación pueda venir de la ira y de la venganza. Sin embargo, el camino de la venganza no es el camino de Jesús.

El camino de Jesús es radicalmente diferente. Cuando el odio y el rechazo lo condujeron a la pasión y a la muerte, él respondió con perdón y compasión. En el Evangelio de hoy, el Señor nos dice que, al igual que él, también nosotros podemos encontrar rechazo y obstáculos, sin embargo él nos dará una sabiduría a la que nadie puede resistir (cf. Lc 21,15).

Está hablando del Espíritu Santo, gracias al cual el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones (Rm 5, 5). Con el don de su Espíritu, Jesús nos hace capaces de ser signos de su sabiduría, que vence a la sabiduría de este mundo, y de su misericordia, que alivia incluso las heridas más dolorosas.

En la víspera de su pasión, Jesús se entregó a sus apóstoles bajo los signos del pan y del vino. En el don de la Eucaristía, no sólo reconocemos, con los ojos de la fe, el don de su cuerpo y de su sangre, sino que también aprendemos cómo encontrar descanso en sus heridas, y a ser purificados allí de todos nuestros pecados y de nuestros caminos errados.

Queridos hermanos y hermanas, que encontrando refugio en las heridas de Cristo, puedan saborear el bálsamo saludable de la misericordia del Padre y encontrar la fuerza para llevarlo a los demás, para ungir cada herida y recuerdo doloroso.

De esta manera, serán testigos fieles de la reconciliación y la paz, que Dios quiere que reine en todos los corazones de los hombres y en todas las comunidades.

Sé que la Iglesia en Myanmar ya está haciendo mucho para llevar a otros el bálsamo saludable de la misericordia de Dios, especialmente a los más necesitados. Hay muestras claras de que, incluso con medios muy limitados, muchas comunidades anuncian el Evangelio a otras minorías tribales, sin forzar ni coaccionar, sino siempre invitando y acogiendo.

En medio de tanta pobreza y dificultades, muchos de vosotros ofrecen ayuda práctica y solidaridad a los pobres y a los que sufren.

Con el servicio diario de vuestros obispos, sacerdotes, religiosos y catequistas, y en particular a través de la encomiable labor de la Catholic Karuna Myanmar y de la generosa asistencia proporcionada por las Obras Misionales Pontificias, la Iglesia en este país está ayudando a un gran número de hombres, mujeres y niños, sin distinción de religión u origen étnico.


Soy testigo de que la Iglesia aquí está viva, que Cristo está vivo y está aquí con vosotros y con vuestros hermanos y hermanas de otras comunidades cristianas. Los animo a seguir compartiendo con los demás la valiosa sabiduría que han recibido, el amor de Dios que brota del corazón de Jesús.

Jesús quiere dar esta sabiduría en abundancia. Él recompensará ciertamente vuestra labor de sembrar semillas de curación y reconciliación en vuestras familias, comunidades y en toda la sociedad de esta nación.

¿No nos dijo él que nadie se puede resistir a su sabiduría (cf. Lc 21,15)? Su mensaje de perdón y misericordia se sirve de una lógica que no todos querrán comprender y que encontrará obstáculos.

Sin embargo, su amor revelado en la cruz, en definitiva, nadie lo puede detener. Es como un GPS espiritual que nos guía de manera inexorable hacia la vida íntima de Dios y el corazón de nuestro prójimo.

La Santísima Virgen María siguió a su Hijo hasta la oscura montaña del Calvario y nos acompaña en cada paso de nuestro viaje terrenal. Que ella nos obtenga la gracia de ser mensajeros de la verdadera sabiduría, profundamente misericordiosos con los necesitados, con la alegría que proviene de encontrar descanso en las heridas de Jesús, que nos amó hasta el final.

Que Dios los bendiga a todos. Que Dios bendiga a la Iglesia en Myanmar. Que él bendiga a esta tierra con su paz. Que Dios bendiga a Myanmar.