• Director: José Manuel Vidal
Vaticano
El Papa en la ventana en Navidad
Tener una mirada de comprensión, para reconocer las miserias y pobrezas del invididuo y de la sociedad y las riquezas escondidas en las pequeñas cosas de todos los días

(José M. Vidal).- Recién aterrizado de su vibrante visita a Myanmar y Bangladesh y con el corazón dolorido por el drama de los rohingya, que le hizo llorar, el Papa Francisco vuelve a la cátedra de la ventana. Para invitar a la vigilancia propia del Adviento, dar las gracias a los pueblos "nobles y sonrientes" de Myanmar y Bangladesh, y pedir por Honduras "para que supere de forma pacífica el actual momento de dificultad".

Algunas frases de la catequesis del Papa

"Hoy iniciamos el camino del Adviento, que culminará en la Navidad"

"Es el tiempo que nos es dado para acoger el Señor, que viene a nuestro encuentro"

"También para verificar nuestro deseo de Dios"

"Eñ Señor viene siempre que estemos dispuestos a recibirlo"

"Y vendrá al final de los tiempos"

"Debemos estar siempre vigilantes"

"Jesús nos dice: 'No sabéis cuando es el momento'"

"No dejarse llevar por la distracción ni por la superficialidad"

"La persona atenta se dirige, pues, al mundo, intentando constrastar la indiferencia"

"Tener una mirada de comprensión, para reconocer las miserias y pobrezas del invididuo y de la sociedad y las riquezas escondidas en las pequeñas cosas de todos los días"

"No dejarse vencer por el sueño de la desilusión o de la falta de esperanza"

"Rechazar las vanidades del mundo"

"También nosotros somos infieles, a veces, a la llamada del Señor"

"Buscamos la felicidad en otra parte"

"Atentos y vigilantes, presupuestos para no alejarse de las vías del Señor"

"Atentos y vigilantes son las condiciones para permitir a Dios irrumpir en nuestra existencia"

"María Santísima nos guíe"


Texto completo de la alocución del Papa antes del rezo del Ángelus

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Hoy comenzamos el camino de Adviento, que culminará en la Navidad. El Adviento es el tiempo que se nos da para acoger al Señor que viene a nuestro encuentro, para verificar nuestro deseo de Dios, para mirar hacia adelante y prepararnos para el regreso de Cristo. Él regresará a nosotros en la fiesta de Navidad, cuando conmemoraremos su venida histórica en la humildad de la condición humana; pero Él viene dentro de nosotros cada vez que estamos dispuestos a recibirlo, y vendrá de nuevo al final de los tiempos «para juzgar a los vivos y los muertos». Por eso debemos estar siempre prevenidos y esperar al Señor con la esperanza de encontrarlo. La liturgia de hoy nos introduce precisamente en el sugestivo tema de la vigilia y de la espera.

En el Evangelio (Mc 13,33-37) Jesús nos exhorta a estar atentos y a velar, para estar listos para recibirlo en el momento de su regreso. Nos dice: «Mirad, velad y orad, porque no sabéis cuándo será el tiempo [...] para que cuando venga de repente, no os halle durmiendo». (vv. 33-36).

La persona que está atenta es la que, en el ruido del mundo, no se deja llevar por la distracción o la superficialidad, sino vive en modo pleno y consciente, con una preocupación dirigida en primer lugar a los demás. Con esta actitud somos conscientes de las lágrimas y las necesidades del prójimo, y podemos captar también las capacidades y cualidades humanas y espirituales.

La persona atenta se dirige luego también al mundo, tratando de contrarrestar la indiferencia y la crueldad en él, y alegrándose de los tesoros de belleza que también existen y que deben ser custodiados. Se trata de tener una mirada de comprensión para reconocer tanto las miserias y las pobrezas de los individuos y de la sociedad, tanto la riqueza escondida en las pequeñas cosas de cada día, precisamente allí donde el Señor nos ha colocado.

La persona vigilante es aquella que acoge la invitación a velar, es decir, a no dejarse abrumar por el sueño del desánimo, la falta de esperanza, la decepción; y al mismo tiempo rechaza la solicitud de las tantas vanidades de las que desborda el mundo y detrás de las cuales, a veces, se sacrifican tiempo y serenidad personal y familiar.


Es la experiencia dolorosa del pueblo de Israel, narrada por el profeta Isaías: Dios parecía haber dejado vagar su pueblo, lejos de sus caminos (cf. 63.17), pero esto era el resultado de la infidelidad del mismo pueblo (cf. 64,4b). También nosotros nos encontramos a menudo en esta situación de infidelidad a la llamada del Señor: Él nos muestra el camino bueno, el camino de la fe y el amor, pero nosotros buscamos la felicidad en otra parte.

Ser atentos y vigilantes son los presupuestos para no seguir "vagando lejos de los caminos del Señor", perdidos en nuestros pecados y nuestras infidelidades; son las condiciones para permitir a Dios irrumpir en nuestras vidas, para restituirle significado y valor con su presencia llena de bondad y de ternura. María Santísima, modelo de espera de Dios e ícono de vigilancia, nos guíe hacia su Hijo Jesús, reavivando nuestro amor por él.

Saludos del Papa después del ángelus


"Esta noche he regresado del viaje apostólico a Myanmar y Bangladesh. Agradezco a todos los que me han acompañado con la oración, y los invito a unirse a mi acción de gracias al Señor, que me ha permitido encontrar a esas poblaciones, en particular las comunidades católicas, y a ser edificado por su testimonio. Está grabado en mí el recuerdo de tantos rostros extenuados por la vida, pero nobles y sonrientes. Los tengo a todos en mi corazón y en oración"

"En mi oración recuerdo especialmente al pueblo de Honduras para que pueda superar de forma pacífica el actual momento de dificultad"