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Vaticano
El sufrimiento de los católicos chinos Agencias
La Santa Sede tendría voz en las negociaciones para el nombramiento de futuros obispos. China, como ya sucediera durante la España franquista, podría tener 'derecho de veto', en una suerte de privilegio de presentación de obispos

(Jesús Bastante).- Tras más de 70 años de conflicto, China y el Vaticano están a punto de restablecer sus relaciones diplomáticas. Según adelanta Reuters, Roma y Pekín tienen perfilado un acuerdo para consensuar el nombramiento de obispos católicos y, en la práctica, culminar la plena comunión entre la Iglesia "patriótica" y la "clandestina". Y, quién sabe, si un hipotético viaje de Francisco al gigante asiático.

El restablecimiento de relaciones plenas entre China y la Santa Sede resulta fundamental para asegurar la libertad religiosa para millones de católicos chinos, perseguidos durante décadas por el régimen comunista, y que han visto cómo las iglesias protestantes están creciendo rápidamente, sin apenas oposición por parte de Pekín.

Con el futuro acuerdo, cuyos últimos flecos están negociando, al más alto nivel, funcionarios chinos y vaticanos, con la total aquiescencia del Papa Francisco, la Santa Sede tendría voz en las negociaciones para el nombramiento de futuros obispos. China, como ya sucediera durante la España franquista, podría tener 'derecho de veto', en una suerte de privilegio de presentación de obispos.

 

 

Las fuentes citadas por Reuters desmienten con rotundidad las acusaciones del cardenal Zen acerca de que el Papa había "vendido" a la Iglesia china, y aseguran que Francisco sigue "muy de cerca" las conversaciones, y deja la puerta abierta al reconocimiento de aquellos 'obispos ilegítimos' que, con respaldo del Gobierno, han mostrado su fidelidad a Roma. China, por su parte, aceptaría a los obispos leales al Vaticano.

Tal y como informa la agencia, una delegación de la Santa Sede viajó en diciembre a China para hacer una oferta relacionada con dos obispos reconocidos por la Santa Sede. Uno de estos prelados, de 87 años, se retiraría para dar paso a un obispo respaldado por el Estado. Bajo el nuevo escenario, el Gobierno reconocería oficialmente al prelado apoyado por el Vaticano como "obispo emérito".

El otro obispo reconocido por el Vaticano se convertiría en auxiliar o asistente de uno designado por el Gobierno. Pero a pesar de que efectivamente asumiría un papel menor, recibiría reconocimiento oficial por parte de Pekín.