• Director: José Manuel Vidal
Vaticano
El Papa se dirige a miembros de la Asociación 'Fuente de la Misericordia'
Puedan también ustedes, a través de su vida sacramental convertirse en testigos de la misericordia de Dios, que es para todos los hombres una llamada a reconocer la belleza y la alegría de ser amados por Él

"Puedan también ustedes, a través de su vida sacramental, convertirse en testigos de la misericordia de Dios, que es para todos los hombres una llamada a reconocer la belleza y la alegría de ser amados por Él". Lo dijo el Papa Francisco a los miembros de la Asociación Fuente de la Misericordia de Suiza, a quienes recibió en Audiencia este sábado, 10 de marzo, en la Sala del Consistorio del Vaticano.

En su discurso, el Santo Padre dirigió un cordial saludo a los miembros de esta Asociación, con ocasión de su peregrinación a Roma y a todas las personas que acogen y acompañan a través de las "escuelas de oración" y la formación fraterna.

El agua viva de la misericordia

"Con ustedes doy gracias al Señor, porque les ha permitido tener experiencia de su misericordia y porque les ha conducido a buscar y proponer medios para que esta pueda quedar bien enraizada en sus corazones y con ello ayudarles a mirar siempre con serenidad la vida cotidiana", señaló el Pontífice.

Por ello, los invito afirmó el Papa, a perseverar con constancia y regularidad en la oración. Es en la oración, en el encuentro de corazón a corazón con el Señor, en la escucha de su Palabra, precisó el Pontífice, que se nos dona renacer cada día en el agua viva de su misericordia, que brota de su corazón abierto. "Puedan también ustedes, a través de su vida sacramental convertirse en testigos de la misericordia de Dios, que es para todos los hombres una llamada a reconocer la belleza y la alegría de ser amados por Él",  alentó el Papa.

Promover la cultura de la misericordia

Finalmente, antes de concluir su discurso, el Papa Francisco animó a los miembros de esta Asociación "a hacer crecer una cultura de la misericordia", a través de la vida fraterna y con la ayuda del Espíritu Santo, basada en el descubrimiento del encuentro con los demás: "una cultura en la cual ninguno mira al otro con indiferencia ni gira la mirada cuando ve el sufrimiento de los hermanos". Con esta esperanza, los encomiendo al Señor y a la intercesión de la Virgen María, dijo el Papa, y mientras les pido que oren por mí, agregó, les imparto la bendición apostólica, extensible a todos los miembros de la Fuente de la Misericordia.

(RD/Vatican News)