• Director: José Manuel Vidal
Vaticano
“Que Loppiano sea centro de construcción de una cultura de la unidad, no de la uniformidad” RD
Francisco reivindica "el don del sentido del humor, la característica humana que más se parece a la gracia de Dios"

(Jesús Bastante).- Los focolares son una 'tribu' singular dentro de los nuevos movimientos de la Iglesia. Una comunidad que, lejos de buscar una identidad propia, lo que pretende es regresar a ese deseo de Cristo 'Que todos sean uno, para que el mundo crea'. Un mismo corazón, una misma alma, la de los seguidores de Jesús. Tiene algo de focolar este Papa, abogado defensor del "Nosotros", de la sinodalidad, del diálogo y la escucha.

Loppiano es un rincón mágico, en mitad del bosque, un lugar de paz y de convivencia, desde el que surgen centenares de iniciativas en todo el mundo, para trabajar por la paz, la unidad y el diálogo interreligioso, con la misma alegría que demostraron en la acogida al Papa Francisco, y que demostró María Voce, sustituta de Chiara Lubich en la dirección de este movimiento.

"Artesanos de paz, apóstoles del diálogo, insertos en la sociedad para transformarla desde dentro", animó Maria Voce en su saludo a Francisco. Tras la presidenta, fueron algunas familias que presentaron sus experiencias delante del Papa, al que le plantearon algunas preguntas. "Ya las conocía" rió Francisco al enseñar los folios escritos. Aunque, como siempre, improvisó más que leyó.

 

 

"Gracias por todo lo que habéis hecho. Gracias por vuestra fe en Jesús. El milagro es la fe, y la fe hace que Jesús obre", comenzó Francisco, quien pidió a los focolares "reclamar la memoria", clave para la vida. "Cuando, no digo un cristiano, cualquier hombre o mujer, cierra la llave de la memoria, comienza a morir. Por favor, memoria".

"Con la memoria se puede vivir, respirar, caminar hacia adelante, y dar frutos... pero si no tiene memoria.... Los frutos son posibles porque han estado enraizados. Memoria", repitió el Pontífice, quien habló, recordando la Carta a los Hebreos, de dos palabras. La primera, parresía, el "estilo de vida de los discípulos de Jesús", "Coraje, sinceridad, confianza en Dios y su misericordia. La oración debe ser en parresía, con coraje de 'luchar' con Dios, como Abraham o Moisés. Luchar con dios en la oración, en la vida y en la acción".

Porque ese coraje muestra la intención de "volver el corazón a Dios, creer en su amor. En su amor descansa frente todo falso temor, la tentación de esconderse, la sutil hipocresía. Todo lo que nos roba el ánimo". Así debe ser en las relaciones dentro de la comunidad, "hay que ser siempre sinceros, abiertos, francos, no temerosos ni hipócritas".

"No sembrar cizaña, murmurar... Esforzarse en vivir con coraje en caridad y verdad", pidió el Papa, quien volvió a lamentar cómo las murmuraciones "destruyen la Iglesia, la comunidad, también a ti. Los que van siempre murmurando... son terroristas. Hablan de alguien para destruirlo, van con la bomba, destruyen y se van tranquilos... No, sed constructores, con valentía, en la caridad".

 

 

La segunda expresión hace referencia a la capacidad de "soportar las situaciones que la vida nos presenta. Constancia y firmeza para llevar el mensaje de Dios", pese a las dificultades, "sabiendo que la constancia y la paciencia, construyen la esperanza, y la esperanza no acaba jamás". Fe, esperanza "y un poco de sentido del humor. Que Dios nos dé el don del sentido del humor, es la característica humana que más se parece a la gracia de Dios".

Recordando a Chiara Lubich, el Papa recordó que, más allá de los templos, "Dios está al centro de la vida", y reivindicó el carisma focolar como "una forma nueva y moderna, en consonancia con el Concilio Vaticano II, un concepto de ciudad nueva, según el espíritu del Evangelio, donde se refleja la belleza del pueblo de Dios, sus miembros, las diversas vocaciones, en diálogo y al servicio de todos".

"Una ciudad que tiene su corazón en la Eucaristía, inclusiva y abierta (...), una ciudad en la que todos se reconozcan hijos e hijas del mismo Dios", apuntó Bergoglio, quien recordó cómo "el Evangelio ha de ser la pasta de la sociedad, sobre todo entre los más débiles, donde la alegría del Evangelio debe ser invocada, en la pobreza, el sufrimiento, las dudas....".

 

 

Ante esto, "el carisma de la unidad es un estímulo providencial, para vivir el 'nosotros', caminar juntos en la historia del hombre, con un solo corazón y una sola alma. Amándose en concreto, como miembros los unos de los otros. Por eso Jesús ha orado al padre para que todos seamos uno", subrayó, destacando la vitalidad de "la espiritualidad del nosotros". "Seguid adelante con esta espiritualidad, que salva de todos los intereses egoistas".

"Jesús ha redimido no solo al individuo, sino también las relaciones sociales", recordó Francisoc, quien animó a seguir "la experiencia de caminar juntos, con un camino sinodal, de escucha recíproca". "Que Loppiano sea una ciudad abierta, ciudad en salida, ciudad de la periferia".

"Para mí es clave la proximidad. No se puede ser cristiano sin ser próximo, porque la proximidad es lo que hizo Dios", añadió, reclamando, especialmente en el ámbito educativo, los tres lenguajes: el de la cabeza, el del corazón y el de las manos.

"Son importantes los tres lenguajes: hemos heredado de la Ilustración esta idea insana, de que la educación es introducir conceptos en la cabeza, cuanto más sabes serás mejor. No: la educación debe tocar la cabeza, el corazón y las manos. Educar a pensar bien, no sólo a saber conceptos; educar a sentir bien; educar a hacer el bien. Estos tres lenguajes están interconectados. En una unidad, esto es educar".

 

 

"Es importante que Loppiano sea un centro universitario que se ponga como objetivo la construcción de una cultura de la unidad. No de la uniformidad, ¿eh? La uniformidad es lo contrario de la unidad", clamó Francisco, quien culminó pidiendo "humildad, apertura, sinergias y capacidad de arriesgarse" en este "cambio e época que estamos viviendo".

"Hay que empeñarse en el encuentro de personas, culturas y pueblos, una alianza, para construir una cultura del encuentro, una civilización global de la alianza. Este es el camino". "Necesitamos hombres y mujeres, jóvenes, familias... capaces de encontrar salidas nuevas. El Evangelio siempre es nuevo, pero hay que caminar hacia adelante con creatividad, siendo fieles a la inspiración original, y abiertos a los signos del Espíritu Santo".

"Sentir con Dios el grito del pueblo, escuchar al pueblo y respirar la voluntad a la que Dios nos llama", siendo "contemplativos de la Palabra y del Pueblo de Dios. Estamos llamados todos a ser artesanos del discernimiento comunitario., con fidelidad creativa", terminó el Papa, con un especial recuerdo a María (el nombre oficial de los focolares es 'Obra de María). "No olvidéis que María era laica. Era una laica. La primera discípula de Jesús, su madre, era laica. Ahí hay una gran inspiración".