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Vaticano
Francisco, con el personal de la Santa Sede
Aunque los laicos que trabajan en el Vaticano son 3.500 -de una plantilla total de 4.600- los clérigos siguen ocupando la parte más alta de la pirámide de poder de la Iglesia

(Cameron Doody).- El clericalismo sigue siendo un gran obstáculo para que los laicos asuman una autoridad real en el Vaticano. Esa es la denuncia que han hecho empleados y ex empleados de la Santa Sede, que critican que aunque los laicos que trabajan en el Vaticano son 3.500 -de una plantilla total de 4.600- los clérigos siguen ocupando la parte más alta de la pirámide de poder de la Iglesia.

Instituciones tan importantes como los Museos Vaticanos, la Oficina de Prensa de la Santa Sede, la Comisión Pontificia para la Protección de Menores, la sección de Migrantes y Refugiados del Dicasterio para el Desarrollo Humano o el Dicasterio de Laicos, Familia y Vida ya cuentan con mujeres en puestos de responsabilidad. Y que la Comisión Pontificia para América Latina o el Consejo vaticano para la Economía tienen también a laicos hombres entre sus directores, lo que sugiere que ya no es posible dar marcha atrás con la plena incorporación de los laicos en los escalafones más altos de la jerarquía.

Pero aún queda un camino para recorrer, según ha declarado Christopher Altieri, antiguo empleado de Radio Vaticano, a Crux. Sobre todo en términos de salarios, y de poder e influencia.

La mayor parte del presupuesto anual del Vaticano, de unos 250 millones de euros, se destina a nóminas y otros beneficios para sus empleados. Pero mientras que un cardenal en Roma gana alrededor de 4.700 euros mensuales, un laico gana 1.500, y si bien estos son libres de impuestos, apenas llegan para un extranjero a cargo de una familia que además tiene que pagar alquiler en Roma.

Es una disparidad que Altieri achaca a una tendencia entre los altos cargos de la Curia a considerar a los laicos más bien como "voluntarios", y a una indisposición "a considerar si lo que están haciendo es consistente con la doctrina social de la Iglesia". Es más: es más fácil despedir a un cura trabajador en el Vaticano que a un laico, ya que este último tiene el estatus de funcionario. Otro factor que explicaría por qué aún reina una cierta renuencia en Roma a la hora de contratar a más seglares.

Pero para Altieri, el obstáculo más grande para que la Curia romana cumpla el sueño del Papa Francisco de que los laicos lleven a cabo su particular misión -y eso también en el Vaticano- es que aún no se les deje marcar su propia agenda. "No es suficiente contratar a un laico", dice Altieri.

"Hay que contratar a un laico y darle poder real, y luego dejar que ejerza este poder. Si esto significa dejarle espacio para despedir a un cura, y despedirle de verdad, pues esto es lo que significa". Un diagnóstico en el que coincide Kerry Robinson, embajadora de la Mesa Redonda de Liderazgo en la que participa el Vaticano, que subraya que ya va siendo hora de que la Santa Sede incorpore en sus filas a los laicos "no como contribuidores de segunda clase, sino como socios vitales para su florecimiento".