• Director: José Manuel Vidal
Vaticano
Barros y los obispos chilenos Agencias
El cuerpo diplomático vaticano es el corazón del poder de la Curia. Su reforma es una de las asignaturas pendientes de Francisco. ¿Asistiremos al principio del fin de los clanes mafiosos en el Vaticano?

(José Manuel Vidal).- A mitad de su pontificado (aunque eso sólo lo saben Dios y el propio Papa), Francisco se topó de bruces con el 'caso chileno', aderezado con una serie de ingredientes, que lo convierten en paradigmático no sólo para Chile, sino también para el propio Pontífice y para toda la Iglesia.

Consciente de ello, primero ha pedido perdón personalmente (no como Wojtyla o Ratzinger que pidieron perdón por los pecados de la institución) y, después, en un gesto histórico e inédito, ha convocado, del 15 al 17 de este mes, en Roma a todo el episcopado chileno.

Para que los obispos, con el Papa al frente, hagan examen de conciencia, se arrepientan, pidan perdón y cumplan la penitencia. Y también, para encontrar colegial y democráticamente medidas "a corto, medio y largo plazo", como él mismo dice, que corrijan el rumbo de la Iglesia chilena y sirvan de pauta y patrón para las demás Iglesias del mundo. ¿Qué es lo que se juega el Papa en le caso chileno y por qué?

 

1/ Se juega su prestigio

Un prestigio global, mundial de máxima autoridad moral, de líder auténtico, de defensor de los pobres y de las causas justas, que se ganó a pulso durante estos cinco años. Un aura que se puede ver empañada, porque el propio Francisco defendió agria y abiertamente y en repetidas ocasiones al obispo Barros, a los que las víctimas del abusador Karadima (una especie de Marcial Maciel chileno), acusan de encubridor. De hecho, el mismo Papa reconoció que se equivocó y pidió perdón. Pero con ser mucho ese gesto inusual en un Papa, no basta. A Francisco la opinión pública y publicada le exigen más. Para recuperar su prestigio intacto ya no son suficientes las palabras. La gente espera de él actos justos, equitativos, pero también sanadores y contundentes.

 

 

 

2/ Se juega su credibilidad

Francisco es, en estos momentos el líder mundial más y mejor valorado. Un líder que siempre da ejemplo y que, antes de predicar, da trigo. Bergoglio necesita mandar una nueva señal de credibilidad a la opinión pública y publicada de que no le tiembla el pulso, de que sabe gobernar y de que va a dejar claro que con los pobres y las víctimas no se juega.

A la opinión pública, que tiene de su parte, le será relativamente fácil convencerla. Le costará mucho más con la opinión publicada de los grandes conglomerados mediáticos mundiales, especialmente norteamericanos, que le están esperando con el hacha levantada, para hacerle pagar sus supuestas veleidades buenistas, pauperistas y ecologistas. Y sus abiertas condenas del "capitalismo financiero que mata" y descarta a millones de personas, que están tiradas en las cunetas del mundo y de la historia. Es la nueva y famélica legión de los descartados.

 

3/ El paso de la 'tolerancia cero' de la teoría a la praxis

Benedicto implantó la 'tolerancia cero' en la Iglesia y se convirtió en el 'barrendero de Dios', haciendo pasar a la institución de la dinámica del encubrimiento a la de la denuncia de la pederastia como un delito civil. Francisco quiere llevar esa dinámica más lejos y que pase de las meras condenas teóricas a los actos reales y concretos. Para eso, ya ejemplificó el cambio de actitud eclesial, al recibir a las tres principales víctimas del cura Karadima en su propia casa, acogerlos como un padre y pedirles perdón. Ahora, de acuerdo con las propias víctimas, quiere ir más lejos, poner en marcha un nueva patrón de conducta (las víctimas primero) y pedir cuentas a los obispos chilenos encubridores y a los que acusaron a las víctimas de denigrar y manchar a la Iglesia con sus denuncias.

Se trata, fundamentalmente, de los cuatro obispos de la Pía Unión fundada por Karadima (Koljatic, Arteaga, Valenzuela y Barros), asi como de los cardenales Medina, Errázuriz y Ezzati. Las víctimas quieren sus cabezas. Francisco no puede quitarles el cardenalato, pero sí puede echar a Errázuriz del Consejo de cardenales (G9 vaticano) y aceptar inmediatamente la renuncia como arzobispo de Santiago del cardenal Ezzati ya presentada. Los cuatro obispos de Karadima deberían haber presentado ya su renuncia por decencia y por el mayor bien de la institución, y retirarse a un monasterio a rezar.

 

 

 

4/ Se juega la confianza de las víctimas

Hasta ahora, Francisco ha tenido gestos de apoyo y cercanía personales con las víctimas de abusos de todo el mundo, especialmente con las de Karadima, pero éstas creen que ha llegado el momento de los hechos. A Francisco le piden que tome medidas drásticas no sólo con los pederastas, sino también con los encubridores. Por ejemplo, que no prescriban los delitos de abusos en el Derecho Canónico. O que la jerarquía de la Iglesia mundial se posicione siempre y abiertamente con las víctimas y en contra de los victimarios.

De tal forma, que la institución pase de ser un coto de caza fácil para depredadores sexuales a un refugio seguro contra ellos. Y eso le exigirá al Papa imponer un cambio de mentalidad en sus pastores frente a las poderosas inercias del pasado, centradas en evitar el escándalo y, sobre todo, en proteger la buena imagen de la institución por encima de la dignidad de la personas de los abusados. También exigirá a la Iglesia ponerse a disposición de las víctimas, para ayudarles psicológicamente y, sobre todo, económicamente y resarcirlas a fondo y sin regateos por los daños recibidos.

 

5/ Se juega su primavera

Más allá del caso chileno y de su significación universal en el ámbito de la pederastia clerical, Francisco está echando un pulso al último gran líder de la vieja guardia vaticana: el cardenal Angelo Sodano. Plenipotenciario Secretario de Estado durante el pontificado del Papa Wojtyla, el cardenal italiano es el jefe reconocido de la 'cordada' (grupo, partido o lobby) diplomática vaticana. El cuerpo diplomático vaticano es el corazón del poder de la Curia. Su reforma es una de las asignaturas pendientes de Francisco.

La cordada de Sodano se ramificó en Chile a través de los cardenales Medina, Errázuriz y Ezzati, que coparon la cúpula de la Iglesia chilena e impusieron a sus 'protegidos' como obispos, con la bendición del Nuncio Scapolo, un diplomático que también pertenece al partido de Sodano. Si el Papa saca al nuncio Scapolo de Chile, estará escenificando abierta y claramente que habrá ganado al menos esta batalla contra el clan diplomático y Sodano tendrá que retirarse definitivamente de la escena curial a sus 90 años. ¿Asistiremos al principio del fin de los clanes mafiosos en el Vaticano? Nadie puede parar la primavera en primavera.

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