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Vaticano
“No podemos amar a Dios, y pensar que somos hijos únicos (…) Todos somos hijos de Dios” RD
Poneos delante de Dios tal como somos, sin maquillajes, sin disfraces, como somos. Con nuestros méritos y límites, preguntando cómo podemos servirle, y servir a nuestro prójimo

(Jesús Bastante).- "No es fácil, pero acuérdense: el camino de la santidad no es para los vagos". El Papa Francisco se contagió de la alegría, el color, los gritos y la música de los más de 60.000 monaguillos (y monaguillas) con quienes se encontró en la tórrida tarde romana.

Ante chicos y chicas provenientes de todo el mundo, y que son el futuro de la Iglesia, Francisco quiso dar un mensaje de compromiso y alegría. Alegría, por saberse queridos de Jesús, y así "pensar como él piensa, amar como él ama".

Compromiso, porque sólo a través de las obras de misericordia, de mirar al otro con sus ojos, seremos capaces de hacer creíble el Evangelio. "Poneos delante de Dios tal como somos, sin maquillajes, sin disfraces, como somos. Con nuestros méritos y límites, preguntando cómo podemos servirle, y servir a nuestro prójimo", les pidió.

En representación de todos los presentes, cinco jóvenes formularon varias preguntas a Bergoglio. La primera, ¿Cómo podemos ayudar a llevar la paz más allá de los muros de nuestras iglesias, y ser constructores de la paz en el mundo?

"La paz es un don que nos transforma para que podamos experimentar los mismos sentimientos de Jesús, pensar como él piensa, amar como él ama", respondió el Papa, quien pidió "comenzar con cosas pequeñas". "¿Sé hacer la paz en los pequeños gestos? ¿qué haría Jesús en mi lugar?".

 

Francisco saluda a los monaguillos desde el jeep móvil

 

Una monaguilla de Portugal le preguntó cómo podemos vivir la experiencia del Señor en el altar, y en el mundo. Aquí, Francisco recordó la experiencia de Marta y María. "Es hermoso si además de ver al Señor en sus turnos, saben entregarse a la vida parroquial y estar en silencio ante el Señor. Así, en este entrelazamiento reconocemos el plan de Dios para nosotros. Podemos ver cuáles son los talentos que Dios pone en nuestro corazón".

Y hacerlo "tal como somos, sin maquillajes, sin disfraces, como somos", recordando que "cuanto más se den a los demás, más recibirán en plenitud".

Un joven del caribe lamentó la poca presencia de niños y jóvenes en las misas y la vida parroquial, y preguntó al Papa cómo lograr que la Iglesia o pierda tan rápidamente a los jóvenes. Francisco le respondió con el ejemplo personal: "Podéis ser apóstoles que saben cómo atraer a otros a Jesús. Sucede si lo habéis encontrado, si estáis llenos de entusiasmo, si fuisteis cautivados por él. Busquen conocer y amar más a Jesús, encontrándolo en la oración, la misa y el Evangelio, y en el rostro de los más pequeños y pobres".

Y hacerlo sin esperar nada a cambio, ni conversiones ni agradecimientos. Y sin necesidad de "tantas palabras". "Los hechos son lo más importante, la proximidad, la cercanía, la mirada silenciosa... Los jóvenes, como todos los demás, necesitan amigos que den un buen ejemplo, que lo hagan sin esperar nada a cambio. Y de esta manera harán que la comunidad de creyentes se sienta bien, porque el Señor vive en ellos. Qué hermoso es ser parte de la familia de la Iglesia", contestó.

 


Francisco respondió a las preguntas de cinco jóvenes

 

Un joven alemán, como la gran mayoría de los presentes, preguntó al Papa que es la fe para él. "La fe es esencial. La fe me hace vivir. Es como el aire que respiro. No pensamos en cada respiración, cuánto se necesita el aire, pero cuando falta, o no es pura, nos damos cuenta de lo importante que es respirar", respondió Francisco.

Para el Papa, "la fe nos ayuda a captar el significado de la vida: hay alguien que nos ama infinitamente, y ese alguien es Dios", como un regalo. Pero sin exclusividades: "Dios quiere crear relaciones, y estamos llamados a hacer lo mismo. No podemos amar a Dios, y pensar que somos hijos únicos. El único 'hijo único' es Jesús, único porque es Dios. Pero entre la Humanidad no hay hijos únicos, todos somos hijos de Dios".

"Todos estamos llamados a formar la familia de Dios, así es la Iglesia, la comunidad de hermanos y hermanas de Cristo", concluyó.

Finalmente, un chico de Serbia preguntó al Papa si es posible ser santo, hacer siempre el bien. "Se necesita esfuerzo. El camino a la santidad exige un esfuerzo", señaló Bergoglio. "Jesús nos ha dado un camino simple: el mandamiento del amor y del prójimo".

"No podemos hacer otra cosa que compartir el amor con los demás", subrayó Francisco, quien recalcó la importancia de las obras de la misericordia, "un camino exigente pero al alcance de todos".

Y es que "para hacer una obra de misericordia no hay que ir a la Universidad o tener un título, todos podemos hacer obras de misericordia". "Basta con que cada uno de nosotros pueda decir: ¿qué puedo hacer yo para satisfacer las necesidades de mi prójimo? Uno, uno al día. ¿Que puedo hacer yo para satisfacer las necesidades de mi prójimo? (...). Créanme, si hacen eso pueden llegar a ser santos, hombres y mujeres que transforman el mundo".