• Director: José Manuel Vidal
Vaticano
"El verdadero Dios, no pide vida, sino que la da, nos enseña a amar"
Los ídolos exigen un culto y a ellos se sacrifica la propia vida con tal de alcanzarlos. Se antepone el dinero, la fama o el éxito a la familia, a los hijos y a la integridad de la vida.

(Jesús Bastante).- ¿Dios o los ídolos? ¿Amor o esclavitud? Esta fue la dicotomía que el Papa Francisco trazó durante la primera audiencia de agosto, celebrada en el Aula Pablo VI. "Los ídolos esclavizan. Prometen la felicidad pero la destruyen", subrayó Bergoglio.

En su alocución, el Papa recalcó cómo "los ídolos prometen vida, pero en realidad se la quitan. El verdadero Dios no pide vida, sino que la da. El verdadero Dios no ofrece una proyección de nuestro éxito, sino que nos enseña a amar".

"El verdadero Dios no pide hijos, pero él da a su Hijo por nosotros", aseguró Francisco, mientras que "los ídolos proyectan hipótesis futuras y hacen que despreciemos el presente; el verdadero Dios nos enseña a vivir en la realidad de cada día".

Ante esta realidad, el Papa animó a "reconocer las idolatrías de cada uno", pues "el amor es incompatible con la idolatría". "Si algo se vuelve absoluto e intocable, entonces es más importante que un cónyuge, un niño o una amistad. El apego a un objeto o una idea nos hace cegados al amor (...). Para amar verdaderamente uno debe estar libre de ídolos".

 

 

Francisco arrancó su alocución con la cita del Éxodo: "No tendrás otros dioses frente a mí", al que añade "No fabricarás ídolos ni figura alguna, no te postrarás ante ellos, ni les darás culto". Desde los tiempos de Moisés, "el ser humano, sea creyente o no, es propenso a crearse ídolos", denunció el Papa, quien subrayó que acaban convirtiéndose "en una obsesión", que "se hace todo por alcanzar, pensando que ahí está la felicidad".

"Sin embargo, los ídolos exigen un culto y a ellos se sacrifica la propia vida con tal de alcanzarlos". Así, "se antepone el dinero, la fama o el éxito a la familia, a los hijos y a la integridad de la vida". Cambiar a Dios por los ídolos, algo que se percibe en nuestra sociedad consumista. El coche nuevo, el mejor móvil... "medios para alcanzar mis necesidades esenciales".

Hoy, también, "se hacen sacrificios humanos a los ídolos: los niños son sacrificados, descuidados o simplemente no se generan (...); la fama exige la inmolación de uno mismo; el dinero nos roba la vida, y el placer conduce a la soledad", denunció Francisco. Así, entramos en la hipocresía, "y sus vidas se arruinan, las familias se destruyen y los jóvenes quedan en manos de modelos destructivos".

El último paso, la esclavitud. "Los ídolos esclavizan. Prometen la felicidad pero no la dan (...) y acabamos atrapados en un vórtice autodestructivo, esperando un resultado que nunca llega". Frente a esta esclavitud, la presencia de Dios. "El verdadero Dios, que no pide vida sino que la da, que nos enseña a amar". Que no pide sacrificios, sino que "da a su Hijo por nosotros".

"Los ídolos proyectan hipótesis futuras y hacen que el presente desprecie; el verdadero Dios nos enseña a vivir en la realidad de cada día", concluyó el Papa, quien animó a "reconocer las idolatrías de cada uno" y admitir que "el amor es incompatible con la idolatría". "Para amar verdaderamente, uno debe estar libre de ídolos".

 

 

 


 

 

Palabras del Papa en castellano

 

Queridos hermanos y hermanas:
El primer mandamiento del decálogo, que dice: «No tendrás otros dioses frente a mí» (Ex 20,3), nos lleva a reflexionar sobre el tema de la idolatría, que es de gran actualidad. Al dar este mandamiento, Dios añade: «No te fabricarás ídolos ni figura alguna, [...] no te postrarás ante ellos, ni les darás culto» (Ex 20,4-5).
El ser humano, sea creyente o no, es propenso a crearse ídolos. La palabra "ídolo" en griego viene del verbo "ver". Un ídolo es una "visión" que llega a ser una fijación, una obsesión sobre algo que pudiera responder a las propias necesidades y, por tanto, se busca y se hace todo por alcanzarla, pensando que en ella está la felicidad.
Sin embargo, los ídolos exigen un culto y a ellos se sacrifica la propia vida con tal de alcanzarlos. Se antepone el dinero, la fama o el éxito a la familia, a los hijos y a la integridad de la vida. Los ídolos prometen felicidad, pero no la dan, sino que esclavizan y terminan haciéndose dueños de nuestra existencia. En cambio, el verdadero Dios no nos ofrece ilusiones ficticias ni hace despreciar el momento presente, sino que enseña a amar a los demás y a vivir la realidad de cada día.
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Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española venidos de España y Latinoamérica.
Los animo a que entren en su interior para reconocer y erradicar los ídolos que los tienen esclavizados y, en su lugar, pongan al verdadero Dios, que los hará libres y plenamente felices.
Que Dios los bendiga. Muchas gracias.