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Religión Digital

José Alegre. Abad del monasterio cisterciense de Poblet

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“Se tiene la impresión de que somos perseguidos, y respondemos con agresividad, con crispación”

“El Evangelio es un mensaje de vida, que necesita hoy la vida del hombre, como el comer y el beber”

Jesús Bastante, 02 de febrero de 2012 a las 11:36

José Alegre, abad de Poblet

José Alegre, abad de Poblet

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Nuestras respuestas no deberían llevar el sello de la agresividad o la crispación, sino decir siempre mi palabra con paz, desde un corazón agarrado por el amor
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Monasterio de Poblet (Tarragona)

  • Monasterio de Poblet (Tarragona)

(Jesús Bastante).- José Alegre es abad del monasterio cisterciense de Poblet. Con motivo del Día de la Vida Consagrada, habla para RD del presente y el futuro de los religiosos, su papel en la Iglesia y la oportunidad de seguir anunciando el Evangelio en la sociedad de hoy. "Los monjes estamos en el interior de la Iglesia, y por tanto se detecta la necesidad de más sintonía", afirma, insistiendo en que "respondemos con agresividad, con crispación". También hablamos del cuidado de la naturaleza, y de las iniciativas que el monasterio lleva a cabo para su protección.

¿Qué supone para Poblet contar con una planta fotovoltaica?

Son dos, de momento, estas plantas, y vienen a ser unos elementos más de nuestro proyecto de aprovechamiento de la energía solar, de buscar energías alternativas que supongan ahorro de energía, de reciclar los residuos... Es el deseo de dar una respuesta a esta problemática que se vive cada día con más intensidad en la sociedad, y en la cual los monasterios podemos hacer un trabajo importante de colaboración y de testimonio.

La vida religiosa ¿está más cerca al cuidado de la naturaleza?

Por lo menos la vida monástica, sí. Siempre la vida monástica se desarrolló a lo largo de la historia en espacios naturales (agua abundante, soledad, tierra de cultivo...) y las comunidades monásticas llevaron a cabo un servicio importante de colonización, de aprovechamiento de las tierras, bosques...

¿Olvidamos los cristianos este cuidado de la creación?

Bastante. Vivimos en una sociedad de usar y de tirar. Usar y tirar en todo lo relacionado con el medio ambiente, la creación, y hasta, de alguna manera, con las personas. Nos cuesta considerar la belleza y la bondad de la creación; lo que supone esta belleza y bondad para nuestra calidad de vida; y lo importante que es dejarla mejorada para quienes vengan después de nosotros.

¿Cómo se sienten los padres cistercienses en el interior de la Iglesia?

Como unos miembros más, como una institución más, llamada a hacer un servicio importante a través de los valores monásticos: comunidad, oración, trabajo, silencio, obediencia, humildad... En el interior de una Iglesia "obsesivamente activa", creo que es imprescindible que haya comunidades "obsesivamente apasionadas por la búsqueda de Dios"

¿Se percibe esa separación, de la que tanto se habla, entre obispos y religiosos en España?

Sí. Los monjes estamos en el interior de la Iglesia, y por tanto se detecta la necesidad de más sintonía. Hay la impresión, con frecuencia, que se da la sintonía cuando el religioso es necesario para la pastoral de la Diócesis. Uno tiene la impresión de que no siempre se valora el carisma de la vida religiosa. Se valora teóricamente, pero en la práctica, no, o es que en el fondo no se entiende esto del carisma, y del servicio que presta a la vida de la Iglesia.

¿Se nota la crisis vocacional en Poblet? ¿Qué se puede hacer para paliarla?

Yo creo que no tenemos motivos de queja en Poblet. Tenemos media docena de jóvenes en el noviciado. Hay una comunidad de 32 monjes, y este número se va manteniendo
en los últimos años, e incluso se acercan jóvenes interesándose por la vida monástica.

Pero concedo que existe esta crisis vocacional. Y considero que un camino para afrontar esta crisis es que seamos fieles a nuestro carisma. Porque tenemos valores que necesita y aprecia el hombre de hoy, pero es necesario que los vea encarnados como testimonio en nuestras vidas. Y también no debe olvidarse la recomendación del Maestro: "pedir al Padre que mande obreros a su viña". Un monasterio es una parcela importante de la viña eclesial. Por otra parte considero que hoy en el tema de la vocación hay que contar con las dificultades que provienen de la vida de la sociedad, de una sociedad cada día más desorientada a la hora de vivir unos valores humanos: déficits de vida social, familiar, psicológica... Pero repito, lo más importante a nivel humano es que quienes estamos en esta vida seamos fieles a los valores de la llamada de Dios y de nuestra consagración religiosa.

¿Qué sentido tiene hoy la vocación a la vida religiosa?

Yo creo que el que ha tenido siempre: es un camino, un camino entre otros, que se ofrece a la persona humana, y que a través del cual puede dar un sentido profundo de autenticidad a su vida.
Apostar hoy por la vida religiosa, es apostar por un camino de equilibrio. No hay equilibrio más humano hoy en la vida de nuestra sociedad. Es apostar por una vida con un aliciente permanente que va despertando la hondura insondable de toda persona; y esto es de lo más apasionante para quien tiene un interés por ser él mismo, por desarrollar toda su capacidad personal, que es grande. Es apostar por una vida profundamente humana, por tener un tiempo y un espacio privilegiado para vivir este trabajo apasionante sobre uno mismo. Es apostar por una fuerza interior que te ayuda a superar los obstáculos y problemas que supone todo lo que he dicho hasta aquí. Porque la vida religiosa, como una vida en la familia, o en el matrimonio..., no es fácil, y se enfrenta a retos importantes en el camino. Pero siempre será apasionante cuando se enfrenta a estos retos con fidelidad a la llamada de Dios, y a sí mismo.

¿Cómo ve la situación de la Iglesia en España? ¿Y en Cataluña?

Tengo la impresión de que no acabamos de creernos de que somos templo del Espíritu Santo. Se tiene la impresión de que somos perseguidos, de que hay una agresividad constante contra todo lo eclesial, de que se nos quiere quitar del camino... Y respondemos con agresividad, con crispación. Y tenemos muchos resbalones. Cristo es nuestra paz, dice la Escritura. Si yo me creo esto, nuestras respuestas no deberían llevar el sello de la agresividad o la crispación, sino decir siempre mi palabra con paz, desde un corazón agarrado por el amor, por el amor de Dios, y por el amor a los hombres. A todos. Mostrar siempre un rostro y un corazón muy humanos, como es el corazón de Cristo, porque nuestra sociedad necesita de muchos sentimientos de acogida fraternal, de acogida amorosa.
Vivimos con excesiva crispación dentro de la Iglesia. Quizás estamos preocupados con muchos y excelentes documentos pastorales, con el testimonio de grandes demostraciones de masa, grandes organizaciones... que no quiere decir que abomine de todo ello, pero ¿tenemos el corazón suficiente grande para soportar toda esa gran organización exterior?

¿Qué significa Jesucristo en su vida?

Quien me motiva a amar. Y a buscar, y a confiar. Yo en mis comentarios a la comunidad, o en las homilías, me gusta repetir la invitación que me hace la Regla: No anteponer nada a Cristo. Y procuro vivirlo. Cada día empiezo mi día pidiéndole al Señor que me conceda dejarme seducir por su amor. Pero este Cristo también es patrimonio precioso de cada uno de los monjes, de cada uno de los que puedan leer estas palabras. Este Cristo puede ser motivo de amar para cualquier persona, que le busca, que confía en él... Por eso Cristo, también es motivo de amar, de buscar, de confiar... a través de las palabras y la vida de los demás.

¿El Evangelio puede seguir estando de moda en la sociedad actual? ¿De qué modos?

El Evangelio nunca puede estar de moda. Nunca debe estar de moda. La moda es algo superficial de nuestra sociedad que hoy domina y mañana pasa, y luego puede volver...
Yo no querría que el Evangelio estuviera de moda nunca.
El Evangelio es un mensaje de vida, que necesita hoy la vida del hombre, como el comer y el beber. El Evangelio es un pan esencial que necesita el hombre de hoy para no morir de hambre o de sed, o de otros muchos modos de violencia que se suscitan en esta sociedad. El Evangelio es el ofrecimiento singular de la vida de Dios en clave humana. Y de esto tiene necesidad el hombre de hoy. Lo que es necesario es que encarnemos en nuestra vida el Cristo del Evangelio, que su persona nos domine, que, como dice San Pablo, no nos deje escapatoria, que sus enseñanzas, sus palabras toquen nuestro corazón, y a partir de aquí tener un corazón abierto a acoger la vida, a iluminarla...
Sin el Evangelio, la sociedad crecerá en niveles de deshumanización, la persona crecerá en desorientación, el hombre cada vez será más manipulado. El hombre sin Dios se aniquila. El Evangelio nos invita a acoger un Dios humano. Muy humano. Y ofrecer hoy un Dios humano no es fácil, supone también pruebas y persecución. Pero este es el camino de la vida. Y el Evangelio es para esta vida, como la más hermosa luz para caminar por ella.


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