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Alejandro Fernández Barrajón

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Un viaje a las periferias con la familia vicenciana

"Una semana que hubiera hecho mucho bien a esos que dicen servir al pueblo pero se sirven de él"

Alejandro Fernández Barrajón, 04 de julio de 2017 a las 09:30

A. F. Barrajón

A. F. Barrajón

Una semana que hubiera hecho mucho bien a tantos como se pasan la vida hablando de las pobrezas desde sus escaños y con sus sueldos bien asegurados y abultados
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La familia vicenciana, con los pobres

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(Alejandro Fernández Barrajón).- He tenido la suerte de haber sido invitado a la XLI Semana de Estudios Vicencianos que se desarrolla en Santa Marta de Tormes (Salamanca) en los días 30 de junio al 4 de julio para pronunciar una ponencia sobre la actualización de nuestros carismas.

La asamblea ha sido inaugurada por el P. Tomaz Mavric, CM, Superior General, en un discurso breve pero sustancioso, donde ha invitado a toda la familia vicenciana, consagrados y laicos, también presentes en gran número en la asamblea, a desplazarse a las periferias y a seguir el deseo del Papa Francisco de ser hombres en vanguardia eclesial contra las pobrezas.

En el transcurso de la asamblea han surgido muchos interrogantes a lo que hemos intentado buscar respuesta:

La familia vicenciana con 400 años de historia; la familia mercedaria a punto de cumplir los 800 años. ¿Qué hay de común en nuestro caminar carismático? ¿Cómo mantener con mordiente nuestros carismas después de tanto años de historia? ¿Son necesarios todavía nuestros carismas hoy? ¿Qué necesita hoy la vida consagrada para afrontar los desafíos con valentía y eficacia? ¿Qué valores son irrenunciables hoy para los consagrados?

La experiencia ha sido muy enriquecedora para mí porque me he encontrado a una familia de consagrados con un deseo inquebrantable de servir a los pobres como lo hizo san Vicente de Paul, y no sólo de una manera asistencial, sino buscando las raíces de la pobreza y comprometiéndose en la búsqueda de un mundo más justo. ¡Admirables estos hermanos y hermanas! Ellas llegaron a ser reconocidas en España, con el premio Príncipe de Asturias por su labor social en contra de las pobrezas y al lado de los pobres.

Una familia muy extensa en la Iglesia, con más de doscientas ramas y presente allí donde están los más descartados de la sociedad, dispuestos a seguir las indicaciones del Papa Francisco en su empeño por hacer posible una iglesia en salida, una Iglesia que abandona sus castillos de invierno y sale al descampado donde los hombres sufren las pobrezas y la injusticia de tantos acomodados.

Una semana que hubiera hecho mucho bien a tantos como se pasan la vida hablando de las pobrezas desde sus escaños y con sus sueldos bien asegurados y abultados; esos que dicen servir al pueblo pero se sirven de él para disfrutar de ventajas exclusivas y millonarias; esos que ganan millones y pagan impuestos fuera, en paraísos fiscales, para embolsarse todo lo posible aunque sea de manera ilegal; esos que gritan en el parlamento contra los que nos cumplen las leyes y ellos tienen empleados sin darles de alta en la seguridad Social; esos que dicen defender los derechos y las ideas de los cristianos y meten la mano en las arcas públicas sin consideración y sin límite.

Entre las iniciativas que van a llevar a cabo los paúles está la adaptación de un ala inmensa de su casa en santa Marta de Tormes para acoger a los deambulantes con problemas mentales. Una inmensa inversión económica y una inmensa inversión evangélica que el compromiso de muchos y el apoyo de la diócesis de Salamanca, hará realidad. No todos los obispados son especuladores.

A esos les hubiera venido muy bien participar en esta Semana de Estudios Vicencianos para ver a un grupo de hombres y mujeres que han hecho de su vida un servicio permanente a los pobres y una lucha sin tregua contra las pobrezas, sabedores de que lo que Jesús nos dijo se hace cada día realidad "A los pobres los tendréis siempre con vosotros".

Saludo con especial gozo a los hermanos, reunidos en asamblea vicenciana, y les transmito mi admiración y respeto por su labor, por su entrega, por su convicción de servir a los pobres sintiéndose ellos pobres como se sentía san Vicente de Paúl. Porque parece claro, y visto lo visto, que a los pobres los tendremos siempre con nosotros.

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