• Director: José Manuel Vidal
Vida Religiosa
Andrés y Tere, del Movimiento por un Celibato Opcional RD
Antes siempre se decía que el ministerio de la Iglesia era regir, enseñar y santificar... Es más beneficioso para la comunidad decir: acoger, compartir y cuidar

(Jesús Bastante).- El Movimiento por un Celibato Opcional (MOCEOP) está de enhorabuena, celebrando cuarenta años de incidencia positiva en la Iglesia. El 4 y 5 de noviembre festejan sus luchas y sus logros con una fiesta en Los Agustinos de Guadarrama. Un momento de simple "convivencia", de "contar vida y experiencia", nos comentan Andrés y Tere, para este movimiento que se dedica nada más y nada menos que "a compartir vida y a promocionarla".

Estamos con Andrés y Tere para celebrar el 40 aniversario del Movimiento por el Celibato Opcional. El famoso MOCEOP, como todos lo conocemos.

Cuarenta años ya.

T.- Sí.

A.- Cuarenta años que son muchos días, muchas luchas y muchos sueños. Y también muchas alegrías.

Muchas alegrías y muchas familias. Porque cuando hablamos de MOCEOP, estamos hablando de vida y de vidas.

A.- Hemos contabilizado que han pasado por MOCEOP, desde el año 77, algo más de dos mil personas.

T.- Cerca de tres mil.

Eres la presidenta, aunque a alguien le parezca extraño que una mujer sea la presidenta de un movimiento de celibato opcional. Pero no tiene por qué.

T.- Pues no, dado que lo que promulga nuestro movimiento es la igualdad entre las personas sin distinción por sexo, ni de religión, ni de nada. Sé que socialmente que sea la presidenta puede chocar pero, si conocen nuestro nuestro movimiento, es una consecuencia lógica de nuestra trayectoria.

Cumplís ahora cuarenta años. ¿Cómo ha sido este tiempo?

T.- Ha habido de todo; el principio, que era de comunicación y desahogo porque la gente llegábamos a MOCEOP muy heridos porque la Iglesia, la institución, nos había hecho daño. Y las familias en muchas ocasiones también. Llegábamos malheridos y fue una época de comunicar nuestros problemas y de sanar.

Después fuimos avanzando. Nos ayudaba mucha gente; teólogos de avanzada en aquella época, la comunicación y el hablar. En principio nuestra bandera era la reivindicación del celibato opcional. Pero pronto nos dimos cuenta de que el Vaticano tiene unos muros muy difíciles de tirar, y de que teníamos que ir por otro lado. Que teníamos que ir hacia algo que sirviera para que la vida de la gente fuera mejor. Fuimos avanzando en plantearnos los ministerios, su renovación.

Ahora estamos en la época de incidir mucho en el protagonismo de la comunidad. Tienen que ser comunidades adultas, inclusivas, y que sepan autogestionarse. Que no dependan de si hay cura o no lo hay. De si hay un hombre o una mujer, un soltero o un casado. Que la comunidad vea las necesidades que tiene, porque las comunidades son muy inteligentes y detectan rápidamente quien tiene un carisma para hacer una función. Y eso es lo que estamos promocionando.

¿Y ese camino tiene salidas -aceptadas o no-, tiene un futuro dentro de la propia institución? ¿Son estos muros tan infranqueables?

A.- Yo creo que hemos hecho una etapa de desbroce y de desmonte. Tenemos pedida una audiencia con el Papa y está aceptada la carta. Queremos mostrarle, simplemente, nuestro recorrido.

En esta celebración del 40 aniversario no miramos atrás con nostalgia. Sabemos que ha habido lucha pero estamos muy contentos con lo que hemos conseguido. Aunque no hemos alcanzado la supresión del celibato obligatorio, porque eso tiene un recorrido con muchas incidencias y muchos intereses...

Que van más allá del Evangelio.

A.- Sí.

T.- Es anti-evangélico.

A.- Creo que hay algo muy gratificante dentro de nuestra lucha y de lo que hemos logrado. ¿Perspectivas? Pues yo creo que sí, porque hay que buscar lo que nosotros hemos intentado: alternativas. Dentro de la creatividad, buscar alternativas de Iglesia, del sacerdocio, del ministerio. La manera de que los ministerios sean lo que deben ser: cuidados, no poderes.

T.- Lo que también pienso que hemos conseguido con nuestro movimiento es algo muy importante: hacer visible este problema que, cuando nosotros empezamos, era un tema tabú. Había mucho cura oculto.

Mucha clandestinidad.

T.- Claro. Y, sobre todo, es que había víctimas del celibato y sigue habiéndolas. Y las víctimas fundamentales del celibato son las mujeres y los hijos de los curas.

Ahora ha salido un informe de los obispos irlandeses reconociendo no solo la existencia de hijos de curas -un hecho que todo el mundo conoce- sino la responsabilidad de un padre, sea sacerdote o no lo sea, para con sus hijos. No solo de pago de manutención: de estar ahí y de ejercer como padre.

T.- Tú imagínate esos hijos que no han podido llamar en público, nunca, a su padre, padre. El sufrimiento que eso puede conllevar. Y creo que eso sí que lo hemos conseguido en nuestro movimiento.

A.- Y no hay problema en decir que hemos sido curas. Mi hijo ha tenido que decirlo cantidad de veces. Pero sin ningún problema.

Mi padre (q.e.p.d.), también fue sacerdote. Él siempre decía que había tenido que firmar un papel aceptando que no podía ejercer como tal, excepto en casos extremos. Pero que él nunca iba a dejar de ser sacerdote.

T.- El concepto de sacerdocio es servicio. Como dice el Evangelio: "todos somos el pueblo sacerdotal". Y el sacerdocio por tanto ha de ser servicio. Lo que pasa es que la jerarquía de la Iglesia se ha adjudicado ese poder y de una manera exclusiva. Nadie más puede ejercer ese servicio. Y cuando concibes el sacerdocio como un poder, es algo insano. No es bueno.

Hay que asumir la conciencia del sacerdocio como servicio. Y con esta premisa todo el pueblo de Dios se debe reconocer como sacerdotal.

Todavía hay sacerdotes que abandonan o que tienen que pedir la dispensa. Sigue habiendo sacerdotes casados; gente de mi edad que no han tenido vuestro proceso vital de estos cuarenta años. ¿Cuál es la reacción que tienen? ¿Es diferente a la que tuvisteis vosotros?

A.- Nosotros ya peinamos canas, como puedes ver. La mayoría somos mayores y en nuestro movimiento hay pocos jóvenes.

Pero sigue habiendo sacerdotes que abandonan.

A.- Algunos hemos tenido, porque nosotros hemos tenido la función de acogida en el movimiento. Venían a casa y te contaban un poco. Primero venía él y luego venía la pareja. Y últimamente hemos tenido dos o tres casos, pero no se han unido a nuestro carro, digamos, de lucha. Ellos quizá han calmado su casa y han visto que, como nosotros, otra mucha gente ha hecho su camino. Eran chicos con poco más de tres o cuatro años en el sacerdocio. No como nosotros, que estuvimos más tiempo.

T.- Yo pienso que como ha habido una involución en la Iglesia, estos curas que se salen hoy, han vivido una Iglesia retrógrada y es muy duro para ellos ver cómo esa Iglesia, que ha sido su fundamento de vida, les falla. Les cuesta mucho salir a la luz. Lo que me hace pensar que sufren y eso me duele.

Cuando un sacerdote se sale, ¿qué hace la Iglesia respecto a él? Yo recuerdo la historia de mi familia, pero hoy, en el s XXI, ¿cuál es la respuesta de la Iglesia?

T.- Igual. No hay cambiado.

A.- Que si tú quieres legalizar, según ellos, tu situación, tienes que pedir un permiso al Papa. Y el Papa te da lo que se llama un rescripto de secularización, que es un panfleto, en latín todavía, que exige unas cuantas cosas que para mí son graves y serias. Como, por ejemplo, no poder volver a los sitios donde tú has ejercido el sacerdocio o que no puedas hacer, incluso, lo que un seglar puede hacer: leer las lecturas en la iglesia, ser catequista, dar clases de religión, etc.

¿Eres considerado como un traidor, entonces?

A.- Nos han llamado traidores, desertores... Nos han llamado muchas cosas. Pero ahora la salida es pedir ese rescripto que se concede con bastante facilidad. No es lo de nuestros años, que era muy difícil. Y a lo que optábamos muchos, yo entre ellos, era a auto-secularizarnos: creíamos que era un derecho que teníamos para entrar y salir del clericalato. Y, por supuesto, nos alegramos mucho de haber vuelto a nuestro origen de creyentes sin más. Y de bajarnos del púlpito, del altar y del "machito", que teníamos nuestras cosas.

Nosotros hemos logrado una ciudadanía normal. Y hoy los chicos que se salen, tienen las mismas opciones: o se auto-secularizan o piden ese rescripto.

T.- Pero, sabes, curiosamente el rescripto se llama "reducción al estado laical", que es como que los laicos fuéramos menos. Es como bajarte de un escalón. Cuando, si te pones a mirar el Evangelio dices: ¿dónde dice Jesús que hay que reducir? ¡Jamás! Al revés; Jesús empodera a la mujer, al pobre, al oprimido. Y ése debería ser el cometido de la Iglesia.

Luego, desde un punto de vista práctico, empresarial si me apuras, la Iglesia "ha invertido" durante muchos años en una persona que tiene una formación y unas capacidades. Que es bueno en lo suyo. Y no solo en la administración de sacramentos, además es un experto en la dinámica "empresarial" de la institución. Y en el momento que decide que su vida va por otros derroteros, es invertir en un capital humano que en cualquier empresa, a ese responsable, le hubieran echado.

A.- También es una de las cosas que no entiendo: todo ese potencial humano que han perdido. Porque, modestia aparte -nosotros conocemos a muchos compañeros-, pienso que somos gente valiosa, seria, responsable y preparada. ¿Cómo la Iglesia ha dejado marchar todo ese potencial humano? ¿Cómo no ha sabido integrarle dentro de su estructura y darle otra misión? Eso me duele. Hay muchos compañeros que lo han pasado mal.

T.- Yo creo que la característica que tiene la mayoría de los que se salen es que poseen un espíritu libre, algo que la Iglesia no perdona, y un espíritu crítico, que tampoco disculpa. La Iglesia no está preparada para que le cuestiones. Y una persona que escapa a su control, que tiene un espíritu libre, en la Iglesia no interesa.

Pero ahora estamos en un momento, por lo menos en el papel, en el que contamos con un Papa que sí que se está esforzando por cuestionarse y por cuestionarnos. Que está hablando de muchas cosa y abriendo muchas puertas.

En el café previo a la entrevista hablábamos de Bergoglio, de Jerónimo Podestá y de la magnífica relación que tuvo con él y con su mujer. Y se está hablando ahora de un sínodo, el de La Amazonia, que parece que no tiene nada que ver con esto de lo que estamos hablando. Pero uno de los grandes problemas de La Amazonia, y que ha planteado tanto la REPAM como los obispos, es el de los ministros, los sacerdotes casados que pueden volver a ejercer como tales. ¿Creéis que por ahí hay algún tipo de vía?

A.- Yo creo que no queda más remedio que abrir una vía, la que sea, o la Iglesia se queda sin clientela. Pero no solo solo sin clientela en cuanto a consumo, sino que se queda sin servidores de la comunidad, que también es serio.

T.- Pero, fíjate, a mí no me gustaría que los curas casados volvieran a la Iglesia siguiendo el patrón que tienen los curas célibes. Tiene que ser una forma diferente: hay que ir a crear comunidades. Comunidades adultas, inclusivas, que sean capaces de gestionarse ellas mismas. Lo que no quita que haya una comunión, entre esas comunidades, de contraste, de compartir, de celebrar.

Como que la mujer sea sacerdote que, por supuesto, reivindico la igualdad y el derecho de las mujeres a ejercer cualquier puesto de responsabilidad en la Iglesia. Pero que tampoco quiero que las mujeres entren a ser sacerdotes con los patrones de sacerdocio actuales en la iglesia.

No se trata tanto, entonces, de abrir las funciones sino que cambie también el sentido de esas funciones. Porque si no, sería perpetuar un modelo aunque sea abierto a hombres y mujeres.

T.- Sí, claro. Es lo que hablábamos antes, del sacerdocio como servicio. Ahí entramos todos. No hay distinciones. Incluso los homosexuales, que es otro tema en la Iglesia muy recalcitrante.

Yo siempre me hago esta pregunta: ¿qué haría Jesús de Nazaret ante este tema? Y me contesto que Jesús de Nazaret amaría a todas las personas; curas casados, mujeres, divorciados... Porque ahora mismo los divorciados no pueden acceder a la comunión. En esta situación, Jesús de Nazaret diría: venid a mí los que estáis cansados y agobiados, que yo os aliviaré. Él acoge a todo ser humano por el simple hecho de serlo. Y la Iglesia tiene que seguir ese patrón.

A.- Antes siempre se decía que el ministerio de la Iglesia era regir, enseñar y santificar. Y pienso que esto hay que cambiarlo, porque es más bonito y más beneficioso para la comunidad decir: acoger, compartir y cuidar.

Estoy muy sensible al tema del cuidado hoy: por falta de cuidado se pierde mucha gente. Y hay mucha necesidad de esta atención. Pues en la Iglesia lo mismo; el ministerio debería de ser el ministerio del cuidado. Hay tantas cosas que cuidar en la casa de la Iglesia y tantas personas que atender... No regir y gobernar en el sentido rígido, sino de compartir.

T.- Yo creo que en la jerarquía de la Iglesia, en la institución, falta mucha sensibilidad y mucha humanidad.

Pero, teniendo a quien tenemos arriba del todo de esa cúpula, que me da la impresión que está intentando achatar con el pueblo y desde arriba a los cargos intermedios de la jerarquía propiamente dicha, ¿no deberíamos tener la sensación de que es factible?

A.- A Francisco le siento cercano y me cae muy bien. Le encuentro preocupado por los problemas sociales y por humanizar la tierra. No por cristianizar, como se decía antes. Pero veo como que le va comiendo el tiempo. Que no se va a atrever o no le van a dejar plantear cosas en plan de organización y estructura. La Iglesia necesita un plan estructural tremendamente grande, un cambio doctrinal y un cambio litúrgico. Que haya vida en los rezos.

Tengo la sensación de que el papa va despacio. Que tendría que ir más deprisa, según mi deseo, claro.

T.- Pero es que tiene detrás a la curia, que es un lastre enorme. Y mientras la curia no cambie, o el Papa da un baculazo encima de la mesa y dice aquí mando yo y se hace esto porque yo lo digo, que no me parce el camino correcto, o tiene que ir despacio si quiere que el cambio sea profundo.

Volvemos a lo del sacerdocio: si se impone está admitiendo que llegue otro y de otro baculazo. La gran revolución está en la centralización, en la sinodalidad.

T.- Exacto. Me parece que es una persona muy inteligente y que va, como tú dices, socavando.

Yo recuerdo que en una reunión que tuvimos, alguien de América Latina dijo: a mí me dijo una vez un obispo "si no podéis meter los tanques, meted las hormigas".

Y es una cosa muy inteligente, porque cuando te quieres dar cuenta las hormigas te han hecho una galería. Y creo que ese es el proceso y me parece que Francisco va por ahí. Dando pasitos. Para nosotros va muy lento porque nosotros estamos ya un paso más adelante, y lo que nos gustaría es que la Iglesia estuviese un paso por delante de nosotros.

Francisco es muy inteligente. Mi amiga Clelia ya me lo decía.

Cuéntanos la anécdota de cuando ella llamó al entonces Bergoglio y él le devolvió la llamada.

T.- Ella llamó a Bergoglio antes de la renuncia de Benedicto. Le dijo: Vos prepará la valija que tenéis que ir a Roma.

Y Bergoglio contestó: ¿Yo, para qué?

Clelia: Este papa va a renunciar.

Bergoglio: Tú estás loca. Hace muchos siglos que un papa no renunció.

Clelia: Este va a hacerlo. Y vos, esta vez no vais a poder decir que no.

Esto lo dijo porque en el anterior cónclave ya salía Bergoglio. Y cuando salió papa, llamó a Clelia al día siguiente.

Y ella le dijo: No os olvidéis de los míos.

Y el Papa contestó: Diles que me tengan paciencia.

Hablaban del problema de los curas casados. Y es que es así, se trata de tener paciencia.

Francisco trató de echarse para atrás, si nos fiamos de las informaciones que salieron del anterior cónclave. Pero el Espíritu debe ser testarudo, porque a la segunda ya no pudo negarse.

A.- Es una prueba de que el Espíritu existe. A veces, en plan de chiste se dice: "si buscas al Espíritu Santo no vayas al Vaticano".

Yo creo que hay ciertas cosas que confirman su existencia, como Juan XXIII, el Concilio Vaticano II y Francisco. Son pequeños hitos a través de muchos años, y yo creo que Francisco es una gran esperanza para todos. Sabemos que tiene el coraje, como diríamos los castellanos, muchos reaños. Pero lo tiene difícil. A mí me consuela que aunque él no pueda, va a dejar unos comienzos, unas entradas.

Unas hormigas, como decías.

T.- La pena es quién viene detrás. Porque si viene alguien como él, esto seguirá su rumbo. Pero si viene un Juan Pablo II, nos va a hundir de nuevo.

Yo no sé si ya habrá tiempo para reaccionar.

T.- Yo siempre pienso que el Espíritu es testarudo. Y que el Espíritu del Evangelio es un espíritu liberador y el mundo de hoy lo necesita mucho. No lo necesita como religión, lo necesita como estilo de vida, para regenerar la humanidad y para regenerar la sociedad. Y a esto no lo llamaría religión sino, más bien, espíritu regenerador de la sociedad. Y si la Iglesia asumiera ese papel, otro gallo nos cantaría.

A.- Quiero hacer un canto al amor; al amor humano y al amor de pareja. Porque se ha tenido una visión de la sexualidad en la Iglesia muy negativa, y yo creo que es muy bonito.

En una entrevista que me hicieron, hace bastantes años, me decían que yo, por amar a una mujer estaba en pecado. Y dije: pues mire, yo vivo en la gloria con mi mujer. Y qué bonito es decir en alto que todo ser humano, y el cura también, tiene derecho al amor.

Casi estamos obligados a amar y a dejarnos amar.

A.- Es hermoso amarse y no tener que ocultarlo. Nosotros hemos tomado la letra de una canción de Selena, que nos la hemos aplicado muchas veces. Trata de una chica que se quiere casar con un productor y la familia no lo permite. Dice así:

Amor prohibido murmuran por las calles
Porque somos de distintas sociedades
Amor prohibido nos dice todo el mundo...

Y cuando al fin estemos juntos los dos
Qué importa qué dirán tu padre y tu mamá
Aquí sólo importa nuestro amor, te quiero

Pues eso hemos hecho también muchas parejas en el MOCEOP. Nos decían que era un amor prohibido, proscrito. Y sin embargo nos hemos amado, hemos tenido hijos y vivimos como cualquier pareja o cualquier ser humano: necesitados del amor y ejerciendo el amor.

Y en la gloria. Que eso está muy bien.

Terminamos cantando las cuarenta: 4 y 5 de noviembre en Los Agustinos de Guadarrama. ¿Cuál es el plan de la fiesta?

A.- Simplemente es una convivencia; no hay ninguna charla teológica, ni nada por el estilo.

Empezamos con la comida, hay unos saludos y luego tenemos, con la técnica de la línea del tiempo que es una didáctica que se usa en muchas materias de educación, un repaso de nuestros años y nuestras luchas, pero sin enrollarnos ni contar muchas batallitas.

El plan es contar vida y experiencia. Y tener tiempo libre para compartir entre todos. Y por la noche, una fiesta en plan distendido.

Al día siguiente va a haber una eucaristía con bastantes hijos. Sin más planteamiento que disfrutar y dar gracias a Dios por estos cuarenta años.

T.- De cualquier forma, nuestros encuentros siempre son muy vitales. No son teóricos, aunque siempre tenemos alguna reflexión para animarnos a caminar.

Que no son encuentros para ver quién sabe más de teología.

T.- No. Son más de compartir experiencias. Siempre digo que MOCEOP es uno de los movimientos más libres que conozco dentro de la Iglesia, porque se atreve a pensar, a decir lo que piensa y, sobre todo, se atreve a vivir como piensa.

Esa tercera parte es la más complicada, siempre.

T.- Por eso MOCEOP es un movimiento con mucha vida. Nos dedicamos a compartir vida y a promocionarla. No nos gustan los rollos ni la teoría, nos gusta la vida.

Tere, Andrés, feliz aniversario. Los cuarenta es una edad muy difícil.

T.- Invitamos a todo el quiera compartir con nosotros esta fiesta. Estamos en Los Agustinos de Guadarrama. Y abierto al todo el quiera conocernos.

A.- Eso, porque MOCEOP no es solo cosa de creyentes. Es cosa de hombres y mujeres. Y ahí cabe todo el mundo.

Muchas gracias por venir.


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¿Cómo la Iglesia ha dejado marchar todo ese potencial humano [de los sacerdotes que han salido]? ¿Cómo no ha sabido integrarle dentro de su estructura y darle otra misión?

A mí no me gustaría que los curas casados volvieran a la Iglesia siguiendo el patrón que tienen los curas célibes. Tiene que ser una forma diferente

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A mí me consuela que aunque él no pueda, va a dejar unos comienzos, unas entradas

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