• Director: José Manuel Vidal
Vida Religiosa
Tófol Trepat, Octavi Vilà y Javier Montserrat
Allí donde la ciencia no puede dar soluciones el conocimiento verdadero es el conocimiento simbólico y emotivo

(Fra Bernat Folcrà).- El diálogo entre la fe, la razón y las ciencias ha sido el tema del VII encuentro de intelectuales católicos en Poblet, celebrado este 11 de noviembre con la presencia de dos conferenciantes religiosos y con una asistencia muy concurrida, este año más que los otros.

La jornada comenzó con las palabras de bienvenida del P. Abad Octavi Vilà i del Dr. Tófol Trepat, en las que pusieron de relieve la gran importancia de esta jornada para abrir un camino de armonía y de pacificación en los momentos actuales que vive nuestro país.

La primera conferencia: "Ciencia, modernidad, religiones y cristianismo", ha estado a cargo del Jesuita Javier Montserrat, profesor de la Universidad Autónoma de Madrid. En ella se ha señalado cómo la evolución de la ciencia desde comienzos del siglo XX rompió con los paradigmas mecanicistas donde Dios no cabía. La fe critica el positivismo porque éste rechaza formas de conocimiento diversas al del conocimiento positivo.

El camino a seguir es la síntesis y la armonía entre la fe y la razón, los métodos científicos y otros saberes como la filosofía, la poesía, el arte. La nueva física ha permitido que Dios entre en armonía con el universo cada vez más. Todo y que existe el silencio de Dios, en él se revela el plan salvador de Dios. Toda religiosidad tiene la capacidad de aceptar a un Dios oculto y liberador, que en el cristianismo opta por ocultar su divinidad en la muerte de cruz.

El P. Ramon M. Nogués, escolapio y experto en neurología, ha hecho la segunda conferencia: "Lenguaje científico, verdades simbólicas y capítulos controvertidos". En su ponencia, el P. Ramon habló de la gran importancia que tiene la dimensión simbólica para el conocimiento humano, una dimensión simbólica que el positivismo rechaza. Sin un contexto de misterio, como ya había dicho Einstein, es imposible el conocimiento. Sin el uso de las metáforas, los símbolos y las imágenes que nos da el arte, la religión y la poesía, tampoco podría haber conocimiento científico, porque las metáforas son aquello que sustenta el pensamiento.

La razón tiene que ser asistida por las emociones para que funcione bien. En este sentido, el paradigma de conocimiento que ha imperado en Europa ha sido el de la razón, ha imperado un dogmatismo de la razón que ha dejado en el olvido la gran importancia de lo emocional, que es la dimensión más decisiva para la supervivencia humana. "Si estoy deprimido, y alguien que me quiere viene y me toca la mano, eso es decisivo para mi supervivencia, vale lo mismo que decir que dos y dos son cuatro. Los lenguajes simbólicos son más verdaderos que los lenguajes científicos. La verdad profunda sólo la podemos decir con una metáfora", dijo el P. Ramon M. Nogués.

Por esta razón hoy urge hablar más desde los relatos, ricos en metáforas, que desde los dogmas.

Después de la comida en la hospedería externa del monasterio y de un paseo en silencio por el claustro, los asistentes se reunieron a las 3:30 de la tarde para escuchar dos testimonios de vida. El primero fue el de la Dra. Montserrat Esquerda, quien dio un bello testimonio de fe unida a su trabajo científico como médico. Explicó que la fe es un elemento sanador en la salud, se armoniza la fe con la salud. La imagen de un Dios que es un Padre amoroso tiene consecuencias beneficiosas en la salud física y espiritual. "Difícilmente el sufrimiento se transforma en madurez si no hay un acompañamiento, si no hay un otro que te sostenga. Por eso el encuentro con el otro es la verdadera obertura hacia lo trascendente, no el sufrimiento en sí mismo".

Lo que transforma a las personas es salir fuera de sí mismas para encontrarse con los otros. Lo que nos hace humanos no son los instintos sino los símbolos, la trascendencia. La Dra. Montserrat ha podido hacer experiencia de que existen situaciones que no pueden ser resueltas, pero sí pueden ser acompañadas. Y de esta manera el acompañamiento de las personas que sufren es una gran ventana abierta a lo trascendente: "el encuentro con el otro en momentos de sufrimiento nos abre a la trascendencia... Jesús no vino a erradicar el sufrimiento o a explicarlo sino a llenarlo de su amorosa presencia".

El segundo testimonio fue el de Marco Schorlemmer, quien es científico y es también el coordinador nacional para la meditación cristiana en Cataluña. Marco Schorlemmer dijo que la meditación cristiana es lo que hace adquirir a la actividad científica su pleno sentido. La ciencia nace de la capacidad de maravilla, como ya había dicho Aristóteles.

Y esta capacidad de maravillarse propia de la ciencia va unida al silencio, a la atención respetuosa, a la comunión. "El camino de la meditación me ha enseñado que en todas las cosas hay al mismo tiempo un saber y un no saber; estoy inmerso en una realidad informativa y al mismo tiempo en una realidad libre". Por eso la ciencia es una actividad llena de la más profunda humildad, el verdadero científico tiene siempre ante los ojos el temor de Dios, de la realidad libre, como dice san Benito en su Regla.

Al final de la jornada, el Dr. Francesc Torralba sacó las conclusiones del encuentro, señalando, entre otras cosas: allí donde la ciencia no puede dar soluciones el conocimiento verdadero es el conocimiento simbólico y emotivo, porque nos permite amar a una persona que sufre y acompañarla espiritualmente; nos hace falta romper con las etiquetas.

La contemplación no es exclusiva de los monjes sino que es también parte esencial de la investigación científica. Tenemos vías abiertas hacia lo trascendente en el libro de la naturaleza, en la belleza del arte, en la liturgia. Pero muy especialmente nuestro momento actual nos urge a salir fuera de nosotros mismos para ir al encuentro del otro. La "cultura del encuentro" de la que nos habla el Papa Francisco es hoy un camino privilegiado hacia Dios.

Al mismo tiempo todas estas vías de acceso al trascendente no se pueden dar sin admiración, sin capacidad de sorpresa y de maravilla, que el entorno natural del monasterio despertaba en todos los participantes de este encuentro con los tonos rojos de una preciosa puesta de sol que expresaba cómo tanto la luz de la fe como la de la razón provienen todas dos de Dios.