• Director: José Manuel Vidal
Vida Religiosa
El obispo de Málaga, Jesús Catalá Diócesis de Málaga
La fecundidad eclesial de la vida consagrada no se mide por el número de personas, sino por su presencia cualitativa

(Jesús Bastante).- "La fecundidad eclesial de la vida consagrada no se mide por el número de personas, sino por su presencia cualitativa", asegura el obispo de Málaga, Jesús Catalá, presidente de la Comisión Episcopal para la Vida Consagrada, que este viernes celebra su jornada mundial.

En entrevista con RD, Catalá cree que la vida religiosa en España "goza de buena salud", y constata "un renacimiento de nuevas formas de consagración especial y una renovación de antiguas formas". "La presencia de la vida consagrada en la Iglesia está asegurada", confirma.

 

- ¿Cuál es la situación actual de la vida consagrada en España?

La vida de especial consagración en España goza de buena salud y se encuentra en un buen momento, a pesar de las opiniones en contra. La fecundidad eclesial de la vida consagrada no se mide por el número de personas, sino por su presencia cualitativa. Sigue habiendo personas que se consagran a Dios mediante los consejos evangélicos de obediencia, pobreza y virginidad. Lo importante es la oblación a Dios y al prójimo que hacen de sus vidas, su dedicación a la oración, su testimonio de la presencia de Dios en este mundo y de la esperanza en la vida eterna. No es tan importante el tipo de actividad que los consagrados puedan realizar.

Podemos dar algunos datos, aunque considero que no tienen demasiada importancia. Los Institutos religiosos de vida activa son más de cuatrocientos, con más de 5.000 comunidades y 41.000 miembros. Los monasterios de vida contemplativa son unos 800, con un total de más de 9.000 miembros. Los institutos seculares son unos 42.400 miembros. Las vírgenes consagradas, presentes en 43 diócesis, son más de doscientas. Y existen, además, nuevos institutos y asociaciones de vida consagrada, con más de 1.700 miembros.

 

 

-¿Hay motivos para la esperanza, pese a la sequía vocacional?

Naturalmente que hay motivos para la esperanza. Quien dirige la Iglesia es el Espíritu Santo y Él suscita en cada momento los carismas necesarios. Existe hoy un renacimiento de nuevas formas de consagración especial y una renovación de antiguas formas. A nadie se le escapa que ha disminuido el número de personas de especial consagración; pero esto no es un problema. La presencia de la vida consagrada en la Iglesia está asegurada; otra cosa muy distinta son las formas concretas de consagración en cada momento histórico.

 

-¿Cuál es, y cuál debe ser, la relación entre los consagrados y el resto de la Iglesia (obispos, clero diocesano y laicos)?

Todos los bautizados son personas consagradas. Las personas de especial consagración viven de manera particular su consagración bautismal y forman con los demás bautizados la única Iglesia de Jesucristo. La relación entre los miembros de la Iglesia debe ser la propia entre hermanos. Es necesario un mayor conocimiento mutuo para una mayor fraternidad entre todos. Cada uno tiene su misión y su lugar propio en la familia de la Iglesia y todos son necesarios. Si se vive de este modo, puede haber buen entendimiento entre todos. Las dificultades podrían surgir cuando alguien desea ocupar el lugar y la misión del otro. Todo el pueblo de Dios participa de la misión sacerdotal, profética y real de Jesucristo. Los laicos tienen la misión de ser testigos de Cristo transformando la sociedad a la luz del Evangelio. Las personas de especial consagración viven su misión desde la profesión de los consejos evangélicos. Y los sacerdotes desde su ministerio. Cabe una buena armonía entre todos los fieles de la Iglesia.

 


- ¿Cómo se defiende la vigencia de la vida religiosa en un momento en que parece que la sociedad camina por senderos aparentemente tan distintos?

El mundo, en el sentido que describe el evangelista Juan, está en contra de Dios. No hay reconciliación entre dos formas antagónicas de comprender el ser humano y el sentido de su vida. Nuestra sociedad anda por senderos muy diversos a la cosmovisión cristiana. La vida de especial consagración es una manera concreta de vivir la vida cristiana; ésta funciona con criterios muy distintos a los de nuestra sociedad. A mayor razón, las personas de especial consagración viven desde una óptica muy diferente a la visión del mundo. Por eso han sido siempre y serán "signo de contradicción".

 

- ¿Cuál es el papel de la vida religiosa en la Iglesia, hoy?

La misión de la vida consagrada, como la de todo cristiano, es transformar el mundo a la luz del Evangelio. Los religiosos, con su vida coherente, proclaman en nuestro mundo la verdad de Dios y de la vida eterna, la importancia de la relación con Dios para  la humanidad. Los retos que la vida consagrada debe afrontar hoy son los mismos que tiene la Iglesia en nuestra sociedad: la secularización, el olvido de Dios, el deseo de autonomía del ser humano olvidándose que es "creatura de Dios", la excesiva subjetividad, la falta de valores objetivos y permanentes, la no escucha del Evangelio, el rechazo de una relación personal con Jesucristo; y otros tantos retos que el magisterio reciente de la Iglesia ha puesto al descubierto.