• Director: José Manuel Vidal
Vida Religiosa
Cardenal Maradiaga, en la semana de la vida consagrada
Hay una clara desafección de los jóvenes hacia la Iglesia institucional, porque no ven en ella el lugar de las respuestas

(José M. Vidal).- No es habitual que todo un señor cardenal cierre una conferencia, cantando a capela un himno al Papa. Sólo se atreve a hacer algo así el cardenal hondureño Oscar Andrés Rodríguez Maradiaga. Quizás porque sabe, como su amigo Francisco, que un gesto vale más que mil palabras. Y, además, porque sabe cantar y le admira profundamente como hombre de oración y "lo mejor que el Espíritu podía dar a su Iglesia". Por todo ello, da la cara por él y, si hace falta, le compone una canción y se la dedica, coreado por los asistentes.

Fue en la semana de la vida religiosa. Este sábado, el invitado estrella era el cardenal de Tegucigalpa, al que el propio director de la 47 semana de la vida religiosa, Carlos Martínez, presentaba como "un salesiano apasionado por la misión", piloto de avionetas y saxofonista. Y la verdad es que el purpurado hizo gala de una voz de soprano profunda y bien entonada. Tanto durante su conferencia como con su broche final cantado.

Para disertar sobre "la llamada del Papa a los jóvenes", Maradiaga comenzó por donde hay que comenzar todo en la Iglesia evangeliocéntrica de Francisco. En el pasaje en que Juan y Andrés, responden a la pregunta de Cristo: "¿Qué buscáis?". Y ellos le contestan a la gallega: "Maestro, ¿dónde vives?". "Venid y veréis", replica Jesús. Y le siguieron y hasta la hora quedó marcada para siempre en sus vidas: "Eran las cuatro de la tarde", dice el evangelista.

¿Dónde vive hoy Jesús? "Vive donde esta la vida, el amor, la alegría, donde hay un pecado que perdonar, una lágrima que secar o una buena noticia que anunciar", dice, de entrada, el cardenal. Algo muy parecido a lo que suele decir su amigo, el Papa Francisco, cuando se dirige a los jóvenes, para presentarles el seductor mensaje de Jesús.

Porque, como explica, Maradiaga, "el Papa congenia y sintoniza con el alma de los jóvenes". Tanto de los millennials como con los de la generación silfie, porque "sabe dar respuestas a sus sueños y a sus anhelos".

Repuestas que no siempre son fáciles, porque, aunque los jóvenes "buscan respuestas a las preguntas que tocan sus almas", a veces las encuentran en otras partes. Como decía un grafitti de hace unos años en los muros de la Universidad de Tegucigalpa: "El televisor es mi pastor nada me falta". Hoy, "se podría decir lo mismo cambiando el televisor por el ordenador o el móvil".

Por eso, Maradiaga explica que el Papa, para captar la atención de los jóvenes y sintonizar con ellos "es capaz de abordar el enredo de las redes en las que viven los jóvenes" y, además, "utiliza un lenguaje sencillo y un léxico apropiado para hacerse comprender sin diccionario, y, sobre todo, les habla desde el corazón".

Las bazas del Papa para su conexión con la juventud son cultura juvenil, lenguaje apropiado, ternura y testimonio personal. "Porque sabe que es la vivencia personal la que asegura la capacidad de sintonización con la realidad juvenil". Con estos ingredientes, "el Papa crea con los jóvenes un círculo magnético de amistad y de carga emotiva".

Ése es el camino, según Maradiaga que deberían seguir todos en la Iglesia, para volver a conectar con una juventud que "busca autenticidad, pero que también se siente sola y herida por el bienestar o la pobreza; una juventud que quiere salvación, pero, a veces, no sabe donde buscarla".

Y Maradiaga, al que no le duelen prendas a la hora de hacer autocrítica, reconoce que "hay una clara desafección de los jóvenes hacia la Iglesia institucional, porque no ven en ella el lugar de las respuestas". Y, por eso, concluye, que "para los jóvenes, el problema no es Dios, sino la Iglesia".

A continuación, Maradiaga fue citando algunas de las frases famosas del Papa a los jóvenes, en las que, a su juicio, se descubre claramente que "el Papa es un mistagogo natural, con la gracia de estado que lo asiste". Un Papa que "predica con el ejemplo". Por eso, "pide audacia y él es audaz", como demostró en su viaje a Centroáfrica o a Bangladesh.

Por eso le gusta a los jóvenes, además de porque "no se calla", como hizo en Morelia, al denunciar el narcotráfico, "anima, sin dejar de ser exigente" y "predica con el ejemplo".

Ante la escasez vocacional, Maradiaga pide a los presentes, miembros todos de congregaciones y órdenes religiosas, que "pasen de preocuparse por las vocaciones a ocuparse con las vocaciones", porque éstas constituyen "un desafío con esperanza" o "una opción vocacional como respuesta al amor que llama".

El problema es "cuando metemos el fuego de nuestra pasión por Cristo debajo del celemín", porque "perdimos la pasión del amor". Y el cardenal hondureño termina esta parte de su conferencia con el cuento de los padres del desierto, titulado 'El trabajo en la labranza', que reza así:

El muchacho cruzó el desierto y llegó finalmente al monasterio de Esceta, cerca de Alejandría. Allí pidió para asistir a una de las conferencias del abad, y le dieron permiso.
Aquella tarde el abad disertó sobre la importancia del trabajo en la labranza.
Al terminar, el chico dijo a uno de los monjes:
- Estoy muy impresionado. Pensé que iba a encontrar un sermón iluminado sobre las virtudes y los pecados, y el abad solo habló de tomates, irrigación y cosas así. Allí de donde yo vengo todos creen que Dios es misericordia y que basta rezar.
El monje sonrió y respondió:
- Aquí nosotros creemos que Dios ya hizo su parte, y ahora nos corresponde a nosotros continuar el proceso.

Y concluyó con el broche de oro de su canción al Papa.