Salud

La polémica en torno al precio de los medicamentos es un problema global, que no escapa a países industrializados o a naciones en desarrollo.

Y dentro de sus hiperactivos primeros días en el poder, el presidente estadounidense Donald Trump no escapó a la tentación de involucrarse en la controversia.

Al igual que en otras naciones, en Estados Unidos la gente se queja del alto precio de los medicamentos.

Y hay quienes acusan a las grandes multinacionales de conductas anticompetitivas para mantener esos precios altos.

Por eso, la industria farmacéutica estadounidense aguardaba con gran expectativa la reunión que llevó a cabo Trump con representantes del sector el martes pasado.

El temor de todos: que el presidente estadounidense implantara controles oficiales de precios, similares a los que varios países en desarrollo han establecido para algunos de los medicamentos más caros.

Por lo que la industria respiró aliviada cuando Trump no dio indicación de buscar controles obligatorios.

En cambio, le pidió a los ejecutivos del sector su colaboración para reducir lo que llamó precios "astronómicos" de los remedios.

Y a su vez, siguiendo el patrón que ha mantenido con otras empresas, ofreció incentivos tributarios a las compañías que aumenten su producción en Estados Unidos, al tiempo que prometía reducir los trámites regulatorios y los impuestos aplicables a esas compañías.


Quejas por márgenes de ganancias

"Las empresas farmacéuticas han desarrollado la gran mayoría de los medicamentos conocidos por la humanidad, pero han obtenido enormes ganancias al hacerlo", ha señalado el corresponsal de negocios de la BBC Richard Anderson.

Por ejemplo, en 2013, el margen de ganancia del gigante farmacéutico Pfizer llegaba a un extraordinario 42%, indica nuestro corresponsal.

El impacto sobre las finanzas familiares a lo largo del mundo es sustancial.

Una familia sudamericana, por ejemplo,destina en promedio entre el 20 y el 30% de lo que gasta en salud para comprar medicamentos.

Eso sostenía en octubre de 2015 una comunicación de la Unasur, el bloque regional, al anunciar medidas contra un problema constante a lo largo de muchos países de la región.

En muchos países, entre ellos, varios latinoamericanos, la respuesta ha sido establecer controles de precios.

Pero las multinacionales frecuentemente responden que esos controles de precios impiden que las empresas recuperen los enormes costos de inversión en investigación y desarrollo que requiere el descubrimiento de los medicamentos modernos.

Y que al impedir el lucro de las farmacéuticas, estarán sacrificando desarrollos científicos futuros que podrían salvar vidas y mejorar las condiciones de toda la sociedad.

 

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Conversar

Estados Unidos también sufre las consecuencias de los precios "astronómicos" de los medicamentos, como los denomina el presidente.

Pero Trump parece estar empeñado en un camino intermedio entre la regulación oficial y el libre mercado.

Como en otras instancias recientes, ha acudido a la negociación directa con los jefes de esa industria.

Y muy probablemente reclamará como éxito de sus habilidades personales de negociación cualquier avance en el tema de los precios de los medicinas.

Pero ya diversos comentaristas han expresado sus temores frente a lo que entraña ese estilo de gerencia económica informal y personalizada que ha intentado Trump en sus primeros días al frente del gobierno.


Ineficiencia

La política del presidente de presentarse como un salvador personal de ciertas empresas es, aseguran los comentaristas, una estrategia ineficiente para solucionar los problemas de la mayoría de las personas.

Y si el tiempo del presidente se ocupa solucionando ante las cámaras unos cuantos conflictos puntuales con un puñado de empresas, ese tiempo se pierde para la búsqueda de soluciones más generales, que apliquen al resto de la sociedad.

"Ahora los gerentes tienen que pensar, no en decisiones de eficiencia empresarial, sino en el riesgo de ser criticados personalmente por el presidente. Las decisiones económicas se vuelven politizadas y terminas con productos que no son óptimos", le dice a BBC Mundo Michael Useem, profesor de la escuela de negocios Wharton de la Universidad de Pensilvania.

Si se repite el patrón que se ha observado en otros sectores de la economía estadounidense desde el comienzo de la era Trump, es de esperar que en los próximos días aparezcan anuncios puntuales de ciertas firmas hablando de "grandes rebajas" en ciertos medicamentos.

Anuncios que muy posiblemente se verán amplificados en la cuenta de Twitter presidencial, presentándolo como un nuevo resultado de su genialidad empresarial.

Está por verse si eso es suficiente para cambiar el patrón general de altos costos de medicamentos que ha venido caracterizando a la sociedad estadounidense.

Pero nuevamente, la estrategia de Trump frente a las farmacéuticas subraya la introducción en la Casa Blanca de un estilo de relaciones entre el presidente y los empresarios en donde lo que más importa es lo que se conversa personalmente con el mandatario.

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